El monstruo que soy tiene tu nombre

CAPÍTULO 11. La carta que sobrevivió al incendio

Queridos lectores:

Hoy estamos reunidos para presenciar la lectura de la única carta que sobrevivió al incendio en la casa de nuestro amado escritor.

Es terrible aceptar que la vida puede arrebatarnos un alma llena de amor genuino y felicidad. Sus gritos quedaron atrapados entre los rescoldos convertidos en ceniza. Lloramos su partida y anhelamos regresar el tiempo para impedir aquella tragedia que consumió todo a su paso.

Corran.

Llamen a cada alma que alguna vez deseó ser amada.

Quizá todavía alcancen a escuchar el eco de un grito de amor que fue devorado por el fuego antes de desaparecer con el viento.

Solo los pájaros y las mariposas parecen percibir el dolor suspendido en el aire. El resto continúa con su vida como si nada hubiera ocurrido. Incluso los mejores amigos desaparecieron aquella noche y únicamente quedaron el vacío y el resplandor anaranjado reflejado en los espejos de la habitación.

¿Es un sueño?

¿Una epifanía?

¿El último recuerdo antes de morir?

Miles de rostros, amores y promesas atraviesan nuestra mente justo antes del final. Los ojos se llenan de cristales brillantes que reflejan el rojo carmesí de las llamas consumiendo cada rincón de la casa.

Ya no existen intentos.

Ya no existen súplicas.

Ya no existe nadie capaz de salvarnos.

Solo queda tragarse el dolor y esperar a que el fuego termine de arrebatarnos la sonrisa. Intentamos aferrarnos a los buenos recuerdos, pero son precisamente ellos los primeros en desaparecer entre las llamas.

Nadie sostendrá nuestra mano durante el último suspiro.

Estaremos tan solos como siempre.

Pensaremos en escapar, en salvarnos, en encontrar una salida imposible. Pero llegará un momento en que el cansancio será más fuerte que la esperanza y terminaremos entregándonos al dolor, caminando sin rumbo, perdidos en el tiempo y consumidos por el odio acumulado durante el día más hermoso de nuestras vidas.

La ansiedad llega así.

Los pensamientos comienzan a nublarlo todo.

El dolor, la rabia y la frustración se mezclan hasta hacernos desear arrancarnos el corazón y entregárselo al fuego para que sea lo primero que desaparezca.

Pero sabemos que sin él tampoco sobreviviremos.

Entonces caemos de rodillas frente al espejo.

Y el espejo nos devuelve la imagen de las llamas.

Con las últimas fuerzas pronunciamos una súplica final:

Arráncame el corazón.

Entrégame como un buen hombre.

Termina de destruir la última felicidad que queda en mí.

Mi único error fue haberte amado.

Entonces una voz responde desde alguna parte del incendio:

—Aprende que todos somos así.

Y justo después sentimos el calor sobre la espalda.

Las llamas finalmente nos alcanzan.

La casa arde.

La piel arde.

El alma arde.

Y comprendemos que existe una soledad mucho más cruel que morir.

La soledad de descubrir que la persona correcta puede convertirse en tu final.

Todos continúan con sus vidas.

Te observan caminar, sonreír y fingir normalidad.

Nadie sabe que sigues ardiendo por dentro.

Nadie sabe que el incendio continúa.

Nadie sabe que llevas el infierno contigo.



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En el texto hay: desamor, amor, heartbreak

Editado: 26.09.2026

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