Nasham

Parte II – Capítulo XVI

El sol apenas despuntaba sobre las murallas del claustro cuando los cadetes se congregaron en el amplio campo de entrenamiento, bordeado por setos altos y árboles centenarios que proyectaban sombras alargadas sobre la hierba que aún conservaba el rocío de la madrugada, un viento frío recorría las filas de jóvenes que se organizaban en parejas bajo la mirada atenta de Celestine, que sostenía un pergamino con la lista de asignaciones del día.

Azath se mantenía apartado, con las manos hundidas en los bolsillos de su uniforme, observando de reojo a Iris, que se acercaba con la mano vendada oculta bajo la manga, con su expresión tan hermética como siempre, aunque algo en su forma de caminar delataba una rigidez que el día anterior no tenía.

Celestine: Azath, hoy entrenarás con... — Recorrió la lista con el dedo.

Alma: Conmigo — Dijo con firmeza, aunque su tono conservaba la calidez habitual — Yo entrenaré con Azath hoy.

Celestine: ¿Alguna razón en particular? — Preguntó enarcando una ceja, sin dejar de mirar el pergamino.

Alma: Prefiero que no haya ningún accidente — Respondió sin apartar la vista de Iris, cuya mandíbula se tensó levemente al escuchar la palabra. Celestine no discutió, apenas asintió y tachó algo en su lista.

Celestine: Entonces, Iris, entrenarás con Julie.

Julie dio un pequeño respingo al escuchar su nombre, sus dedos se enredaron entre sí y su mirada se posó brevemente en Iris antes de bajarla de inmediato hacia el suelo, incapaz de sostenerle la mirada por más de un segundo.

Julie: Es... es un honor entrenar contigo — Balbuceó, apretando su Dam'Avanim contra el pecho como si fuera un escudo.

Iris no respondió de inmediato, se limitó a asentir brevemente antes de caminar hacia el extremo del campo señalado, aunque su atención, lejos de posarse sobre su nueva compañera, permanecía fija en el otro extremo del terreno, donde Alma ya había comenzado con Azath.

Alma se sentó sobre una roca plana frente a él, con las piernas cruzadas y las manos apoyadas suavemente sobre las rodillas, cerró los ojos por un instante antes de hablar.

Alma: Antes de que lances nada, quiero que entiendas algo — Su voz sonaba pausada, casi meditativa — Yo aprendí a controlar mi Nasham a través de la meditación, pasé años sentada exactamente así, respirando, esperando a que mi cuerpo entendiera lo que mi mente ya sabía.

Azath: ¿Años? — Repitió, con una mezcla de incredulidad y desánimo.

Alma: Años — Confirmó sin inmutarse — Pero tú no tienes ese tiempo, así que empecemos por lo básico… Lanza cualquier conjuro, el que sea, no importa la forma, solo quiero verte.

Azath: ¿Y si vuelve a salir mal? — Azath la miró, desconfiado.

Alma: Por eso estoy aquí. Para que no salga mal.

Azath respiró hondo, extendió la mano y comenzó a pronunciar las palabras en hebreo. Pero su voz era baja, insegura, la energía que broto fue diferente a la del día anterior, aunque era oscura no tenía forma de fuego, parecía más líquido, sin embargo, al poco tiempo desapareció por completo.

Alma: Suficiente — Azath bajó la mano — Estás temiendo.... lo siento en tu energía. Es como si estuvieras pidiendo permiso para existir.

Azath: No es miedo — Replicó, aunque su propia voz sonó menos convencida de lo que hubiera querido — No quiero lastimar a nadie.

Alma: No lo vas a hacer, para eso estoy aquí, pero no podrás controlar si no te atreves a soltar — Su voz se endureció ligeramente — Tienes que entender que ese poder es tuyo, nació contigo, te pertenece y mientras sigas tratándolo con timidez, no lograras nada, debe obedecerte a ti, no al revés.

Las palabras se instalaron en el pecho de Azath con un peso extraño, casi familiar, como el eco de algo que alguna vez supo y había olvidado, recordó de quien era hijo y todo lo que había hecho y vivido hasta ese momento, su corazón se llenó de algo más que simple orgullo, había arrogancia; cerró los ojos, dejó caer los hombros y respiró profundamente.

Instintivamente coloco su mano en forma de pistola, su dedo estirado apuntaba a una de las dianas instaladas, salió una simple gota de agua, pero totalmente oscura, como tinta líquida. Su velocidad fue tremenda, tan rápida que Alma apenas pudo seguirla con la mirada, cuando golpeó la diana, no fue una simple mancha: el líquido se expandió como ácido, derritiendo la piedra en segundos. Azath cerró el puño y el líquido desapareció, dejando solo un hueco humeante en el centro del blanco.

Alma: Mucho mejor — Sonrió con genuina satisfacción — Todavía te falta un largo camino, pero eso... eso es un comienzo real.

Desde el otro extremo del campo, Iris observaba con disimulo, fingiendo corregir la postura de Julie mientras sus ojos regresaban una y otra vez hacia Azath; algo en la mejora repentina de su control la inquietaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Iris: Otra vez, concéntrate en la muñeca, no en el codo — Corrigió con brusquedad, provocando que Julie diera un salto y su pequeño rayo se desviara varios metros del blanco.

Julie: L-lo siento, lo intentaré de nuevo — Susurró, encogiéndose sobre sí misma.

Fue en ese momento, mientras Julie preparaba otro intento, que Iris cruzó el campo con pasos decididos hacia donde Azath y Alma se encontraban, deteniéndose a una distancia calculada, con los brazos cruzados y una expresión que no dejaba adivinar sus intenciones.




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