A Verónica no le gustó lo que dijo Román, así que habló por teléfono a su casa y le dijo su madre que presionara, tenía como esposa derecho a todo y a esa escuincla mandarla al extranjero o que inventara que estaba embarazada, pero esa fortuna tenía que ser de ellos. Pero Verónica no estaba tan convencida de tener a su madre con ella, pero quería tener una buena posición y tener acceso a todo, pero tenía razón en una cosa: le estorbaba esa mocosa y esos perros para sus planes.
Escuchó Cleotilde y se lo contó a Samantha. Ya tenía 5 meses de casada con su padre, así que fue al despacho y habló con su padre que estaba leyendo unas hojas.
—Necesito hablar contigo, es urgente —dijo Samantha.
—¿Qué sucede, hija? —dijo Don Román.
—Es tu esposa, no se casó contigo por amor sino por tu dinero —dijo Samantha.
—Eso no es cierto —dijo Roman
—¡Sí es cierto, no lo ves! No entiendo por qué te casaste con ella —dijo Samantha.
—Estoy muriendo, hija, y vas a necesitar a alguien que te guíe por la vida —dijo Román.
—¡No es verdad, tú no te puedes estar muriendo! —dijo Samantha.
—Si, hija, y lamento no habértelo dicho antes.
Se llevó la mano al pecho, se quejaba, se acercó Sami y le gritaba a Cleotilde. Llegó corriendo al igual que el chofer que marcaba el número de la ambulancia y bajó su esposa, pero muy tarde, ya había fallecido el papá de Samantha. Rufus y Pequeña Damita aullaban.
Fueron al velatorio, lloraba Samantha y vistieron ropita negra a los perritos, pero Rufus se echó junto al ataúd de Román. La familia de Verónica jalaba a Rufus de la correa, lo iban a sacar, pero Samantha gritaba que lo dejaran en paz, era el perro de su padre y tenía derecho. La gente los veía. Rufus no se dejaba parar, era un San Bernardo grande, pero le pusieron bozal. Gritaba Samantha que dejaran a Rufus, pero lo jalaban como bulto. La jaló Verónica a Samantha y le dijo que era un perro peligroso y debía de ser sacrificado.
—Señora, está el ataúd de su esposo presente, por educación respete a su compañero y a su hija —dijo Cleotilde.
—Una disculpa a todos, pero Sami se siente cansada y se retira —dijo Verónica. La sacó a jalones del velatorio y le dijo a dos de seguridad que la llevarían a ella y esos asquerosos perros a casa y la encerraran en su habitación.
—Pero señora, el señor nos dijo que la que iba a ordenar... —dijo uno de seguridad.
—Mi esposo está en ese ataúd, él ya no va a dar más órdenes, así que la esposa soy yo y los que van a estar a su servicio son ustedes, a mí, no a ella, ¿entienden o no? — dijo Verónica
Subieron a Sami con los perros. Se fue el auto y salió Cleotilde y Esther.
—No debería de haber sacado a su hija, tenía derecho de estar con su padre —dijo Esther.
—A ver, él ya falleció y ella se va a ir al extranjero y nunca va a regresar, así que yo voy a estar a cargo de todo, ¿a quién van a servir? —dijo Verónica.
Dijeron:—Sí, señora. —
A Samantha la encerraron en su habitación con Rufus y con Pequeña Damita, los abrazó y lloraban.
Fueron al entierro, solo Samantha, encerraron a los perros. Después del entierro le dijo Verónica que ella se iba a ir al extranjero a estudiar, ella iba a recibir su mesada y esos perros sacrificarlos, eran peligrosos.
—¡No, es mi casa, tengo derecho a mi casa, mi padre me la dejó y no vas a sacrificarlos! —gritó Samantha.
Llegó la familia de Verónica, su madre y sus dos hermanos. Llegó el abogado y leyó el testamento, se leyó en el despacho, ahí estaban toda su servidumbre, así que Verónica no se esperaba lo que dejó Román.
Dejó a tres beneficiarios: a Samantha, a Rufus y a Pequeña Damita. A Verónica le dejó una casa cerca de un bosque, era una enorme cabaña con caballos y ganado, había un bosque cerca. Mientras a Rufus le dejaba la empresa de comida canina, eso quiere decir que Samantha, mientras viviera Rufus, sería muy bien cuidado y si muriera la ganancia pasaría a un centro de adopción a caninos, pero si Rufus moría pero tenía crías se le quedaban a sus crías las ganancias de la empresa. A Pequeña Damita le dejaba acciones en la empresa de ropa de canino y si tenía crías esas ganancias a ellos, pero si moría Pequeña Damita y sin crías pasaría a 5 veterinarias. Y a su hija Samantha le dejaba todas las empresas de plásticos, acciones en 8 empresas más, su tutor sería Cleotilde, pero a los 15 años podía tomar posesión de todo, a menos que cediera a Verónica un poder para administrar pero debía de dejarle un reporte al abogado de lo que tenía que darle a su hija. A la servidumbre les dejaba un departamento y la promesa de cuidar a los tres: a Samantha, a Rufus y a Pequeña Damita.
Se fue el abogado y gritó Verónica y jaló a Samantha y la encerró con todo y Pequeña Damita. A Rufus le pusieron bozal y lo jalaban entre sus dos hermanos y lo sacó afuera, lo metieron en una jaula enorme y lo amarraron, solo le iban a quitar el bozal solo para comer.
Verónica gritó a la servidumbre quién iba a estar a su servicio y Cleotilde renunció, solo se iba a despedir de la niña Sami, pero no la dejaron, gritó Verónica a la seguridad y la sacaron casi cargando para afuera. Lo veía Samantha y gritaba que no sacaran así a Cleotilde. Lloraba y vio a Pequeña Damita y dijo:
—Hoy nos vamos a fugar de aquí y nos llevamos a Rufus.
Pequeña Damita movió la colita.
Editado: 27.09.2026