Una Vida Perruna

CAPÍTULO 10 RUFUS EL HÉROE ENCUENTRA A SULTÁN

Llegaron a la mansión y la aventaron a su habitación y la encerraron a Samantha. Se levantó y corrió a golpear la puerta para que la dejara salir Verónica. Rufus ladraba y caminaba hacia atrás y hacia adelante con pequeños brincos, no quería que le pusieran bozal.

La servidumbre no estaba de acuerdo. Ya lo iban a meter a una jaula enorme, lo habían vendido a un hombre para peleas de perros.

Gritaba Samantha y abrió la ventana:

— ¡Dejen a Rufus en paz!

— ¡Ya cállate! ¡Esto es tu culpa y de tu padre! —dijo Verónica.

— Lo bueno es que mañana te deshaces de ella, la avientas a un avión y no la vemos en varios años —dijo la madre de ella.

— Ya dejen a Rufus en paz —dijo Javier el chófer, y acarició su cabeza.

Le dieron un golpe en el estómago al chofer, fue el hermano de Verónica.

Gritó la mamá de Verónica:

— ¡Ya llévense a ese perro y ustedes están despedidos, todos afuera! ¡Leales a esa escuincla, pues a la calle! ¡Hija, imponte!

— ¡Ya lo oyeron, afuera, y ya llévense ese perro! —dijo Verónica.

Lo subían a empujones y jalones, pero se zafó. Toda la servidumbre que sacaban con maletas le gritaba a Rufus que huyera, que se fuera. Lo perseguían los de seguridad y los dos hermanos de Verónica. Saltó la fuente y le echaron un palo con un aro y lo jalaron, pero él corría más fuerte y los arrastró, se quitó el aro con su pata y seguía corriendo. Se subió encima de uno de seguridad y brincó. Todos aplaudían y gritaba Verónica que lo atraparan, que no era difícil atrapar a un perro ya viejo.

Corrían atrás de él, se frenó y se cayeron encima de ellos mismos. Rufus se sentó, levantó su pata derecha y trató de cubrirse los ojos. Reía la servidumbre y uno de seguridad abrió la reja y se salió corriendo Rufus.

— ¡Lo dejaste escapar! —gritó Verónica.

— Pero señora, corrió la servidumbre, yo solo le abrí la puerta, si Rufus se salió no es mi culpa —dijo el de seguridad. Le guiñó un ojo a Juanita y a Esther que salieron, y atrás Javier aún sobándose el estómago.

Rufus corrió y corrió sin detenerse. Olfateó y lo vio en un parque: a Wanda con Sultán. Así que corrió Rufus y ladraba. Se asustó Wanda y cargó a Sultán.

— ¡Usha, usha! ¡Vete de aquí, perro callejero, no te vas a comer a mi perro, vete largo! —dijo Wanda.

Rufus ladraba y ladraba y de pronto Sultán se zafó y brincó junto con Rufus. Se echaron a correr los dos. Wanda no entendía qué pasó y corrió atrás de ellos gritando que ese perro se llevaba a su perro.

Lo llevó Rufus a Sultán a donde dejó a pequeña damita, pero no la encontró. Olfateó, al igual que Sultán, y había dos rastros. Siguió el del callejón. Fueron los dos y se encontraron con dos perros callejeros, un pitbull y uno tipo pastor alemán.

Rufus ladró, retrocedió y corrieron. Lo perseguían esos dos perros y de pronto le pusieron a Rufus un aro con un palo y lo jalaron entre varios.

— ¿Pensaste que te ibas a escapar? ¡Pagué por ti y tenemos una pelea para ti! —dijo el mismo sujeto de la mansión.

Se jalaba Rufus y se escondía Sultán entre la basura de un bote. Se lo llevaron a Rufus en una camioneta. Sultán les ladraba a esos perros pitbull y tipo pastor alemán. En eso el tipo pastor alemán lo agarró con el hocico del lomo y corrieron detrás de la camioneta. El pitbull olía el rastro y seguían corriendo hasta que llegaron a unas casuchas abandonadas, tipo bodegas.

Bajaron a Rufus y lo metieron en una jaula junto a muchas jaulas con perros.

— ¿Qué vamos a hacer? —dijo un joven.

— Lo echamos ahorita a la pelea con el pitbull Volcán —dijo el sujeto.

— ¿Y si lo mata? —dijo el joven.

— No importa, nos pagó muy bien para deshacernos de él y aprovechamos y hacemos un dinero extra —dijo el hombre. Se reían.

Rufus hizo bizcos y se desmayó. Por esas gracias era único y ganador casi 7 años. Perdió 2, ganó 2 y perdió uno por esas gracias. Era un perro sin igual.

Lo llevaron a la pista, unas tablas, y llevaban un pitbull. Rufus ladraba y se hacía para atrás.

En eso llegaron a las bodegas el pitbull junto con el tipo pastor alemán y con Sultán. Lo bajaron, ladró Sultán y entraron empujando con la nariz la puerta. Vieron varias jaulas con perros, todos ladraban. Ladró el pitbull y Sultán, así que el tipo pastor alemán levantó las patas, bajó una palanca y se abrieron todas las jaulas de un solo golpe.

Fueron a revisar y todos los perros salían. Ellos se echaron a correr al ver todos los perros, unos se subían en tarimas para que no los agarraran los perros.

Ladró Rufus a ese pitbull y se agachó el pitbull. Empezó Rufus a mordisquear el lazo y lo desató. Corrió atrás de Rufus y vio a Sultán y lo agarró con el hocico de su lomo. Rufus se llevó a Sultán y lo siguieron ese pitbull y el tipo pastor alemán y el pitbull con el lazo roto.




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