Una Vida Perruna

CAPÍTULO 11 CAMILA, EDGAR Y SAMANTHA

Rufus y Sultán ya no iban solos. Con su nueva pandilla —Volcán el pitbull del lazo roto, el otro pitbull y el tipo pastor alemán— ya eran cinco. Ladraban entre ellos y buscaban el rastro de pequeña damita y sus crías.

Mientras tanto, Edgar iba en su bicicleta. Se detuvo en una caseta y le habló a su mamá.

— Ya salí de la escuela, mamá. Voy a ir por la pug y sus crías — le dijo.

— Ten cuidado al regresar, mijo. Aquí ya les hice una camita y leche calientita — le contestó su mamá.

Edgar llegó a la veterinaria y preguntó por la doctora Elisa. Lo recibió la recepcionista y una San Bernardo con moñitos rosas que le ladraba y le movía la cola. Entró al consultorio y se sentó.

— Adelante — dijo Elisa.

— Gracias — dijo Edgar.

Elisa miró a la perrita.

— No muerde, no hace nada. A ver... ¿pequeña damita? — leyó en el collar.

— ¿Cómo? — dijo Edgar.

— Sí, aquí en su collar trae su nombre y su dirección. Y debo decirlo, no es un rumbo malo, al contrario es un excelente lugar. No sé por qué los dejarían o si ella se escapó y tuvo sus crías ahí — dijo Elisa.

— No, yo creo que es de una niña muy hermosa que andaba con un San Bernardo y un pug. ¿Me la puedo llevar? — dijo Edgar.

— Quiero que esperes. Llegó un bebé pug muy maltratado a unas cuantas cuadras de donde tú encontraste a estos bebés, ven, míralo — dijo Elisa.

Lo llevó. El bebé estaba vendado, pero pequeña damita no dejaba de chillar por su hijo que estaba en la jaula de al lado y con su patita lo movía.

En eso llegó Camila corriendo con un tubo y adentro traía unos planos.

— Hola, disculpa por llegar a esta hora, tuve una presentación. ¿Cómo se encuentra bolita de algodón? — dijo Camila.

— Hola — dijo Edgar.

— ¿Le pusiste bolita de algodón? Qué linda. Pero Edgar encontró a pequeña damita y sus tres hijos y tú encontraste otro — dijo Elisa.

Los presentó y estrecharon manos.

— ¿Quién se va a quedar con la mamá y los hijos? No pueden estar los cachorritos separados — dijo Elisa.

— Si puede, él se puede quedar con todos — dijo Camila.

— ¿Qué te parece si tú te los quedas? — dijo Edgar.

— Yo no tengo espacio en mi departamento pero me gustaría saber de bolita de algodón, pero necesita a su mamá — dijo Camila.

— Deben de estar juntos y aún en observación — dijo Elisa.

— Entonces me voy y cuídalos, Edgar — dijo Camila —. Gracias.

— Yo también me voy y vengo mañana para saber cómo está — dijo Edgar.

Casi al salir del consultorio, entró corriendo la recepcionista.

— ¡Yo no salgo! — dijo.

— ¿Qué sucede? — dijo Elisa.

— Hay muchos perros afuera y golpean la puerta, ¡la van a tirar! — dijo la recepcionista.

Salió corriendo la perrita San Bernardo ladrando. Gritó Elisa:

— ¡Gala, ven para acá!

Salió Gala, la San Bernardo de los moños, y vio a los perritos. Rufus la vio, reconoció a su novia, hizo bizcos y cayó hacia atrás.

Le dio risa a la doctora y les abrió.

— ¿A quién buscan? Y usted ya no se esté desmayando — le dijo a Rufus.

Se metieron a su consultorio y Sultán ladraba y pequeña damita se inquietó en la jaula, movía su colita y empujaba la caja. Se paró Rufus y corrió hacia ellos.

— Tranquilos — dijo Elisa.

Empezaron a gruñir y ladró Rufus y se calmaron. Elisa se abrió paso, abrió la jaula y cargó a pequeña damita y la bajó con Sultán. Estaban felices, jugaban y ladraban.

— Es su novia y él es el papá de los cachorros — dijo Camila.

Elisa bajó a los tres cachorros y Sultán les hacía fiesta. El otro cachorrito no lo podían bajar porque estaba inconsciente. Lo cargó Elisa a Sultán y lo vio vendado y lo bajó. Sultán vio a su cuarto cachorrito.

— Y tú eres Rufus, el de la niña guapa de los hot dogs — dijo Edgar.

Ladró Rufus y se paró en dos patas.

La familia se reunió y con nueva pandilla, pero... ¿qué pasaba con Samantha?

Elisa le quitó la correa a Sultán y le pidió a la recepcionista que le llamara a su dueña Wanda. Se fueron Edgar y Camila y la recepcionista se quedó. Elisa esperó a la señorita Wanda con todos los perros.

Vio el collar de pequeña damita y le marcó a su casa y contestó Verónica. Elisa le contó dónde encontrar a pequeña damita y a Rufus.

Llegó Wanda por su perro Sultán y vio a pequeña damita y a Rufus.

— Llamé a su dueña Verónica — le dijo Elisa.

— ¿Pero qué hizo? ¡Ella no los quiere! — dijo Wanda —. Le tengo que contar lo de esos perritos.

Wanda le contó todo a Elisa: lo de Don Román, lo de Samantha y lo de Verónica. Elisa se sorprendió, ella no sabía nada. Y se dio cuenta Elisa que se equivoco.




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