Entró el auto y lo recibió Susana, estrecharon manos. Entró a la cabaña y saludaba el abogado a todos, pero vio muy sospechoso el ambiente y a Verónica. El abogado dijo:
— ¿De qué se trata esto?
Vio a Cleotilde sentada, a la fuerza le sostenía el hombro Susana. Así que el hermano de Verónica le apuntó al abogado. Dijo Susana:
— Buenas tardes, abogado, de nuevo. ¿Tienes los papeles para ceder todo a mi hija Verónica? No nos obligue a usar la fuerza bruta.
El abogado vio el arma y se sentó, sacó de su portafolios los papeles, le recorría un escalofrío el ver a Cleotilde así y ahora el estar en esa situación. Dijo Verónica:
— ¡Firma, Cleotilde!
Dijo Cleotilde:
— Pero mi firma de nada sirve, la que debe de firmar igual es Samantha, ya casi va a cumplir 15 y va a tomar posesión de sus bienes, así que yo no te sirvo de nada.
Dijo el abogado:
— Pero esto lo van a pagar muy caro.
Dijo Susana:
— ¡Usted cállese! Y mis hijos no opinan. Yo tardé toda mi vida para ser millonaria, nunca fui guapa ni sofisticada, toda mi vida trabajé vendiendo garnachas y no quiero una vida así. ¡Yo me merezco ser millonaria y no va a llegar una niña idiota y sus perros a quitarme lo que es mío!
Dijo Verónica:
— ¿Cómo que tuyo?
Dijo Susana:
— ¡Nuestro, hija, es nuestro!
Se miraron Cleotilde y el abogado, así que se pararon y le dio en la mano con el portafolios al hermano de Verónica y Cleotilde las empujó a las dos y corrían hacia afuera cuando...
Doña Candelaria, Elisa, Wanda y Camila fueron aventadas hacia adentro por su otro hermano de Verónica. Dijo Verónica:
— ¿Iban a algún lado y quiénes son todas ellas?
Dijo el hermano:
— Me las encontré en los establos escondidas.
Las empujaban y les apuntaba con la pistola y a todos los sentó en el comedor y dijo Susana:
— ¿Y ustedes quiénes son?
Dijo Doña Candelaria:
— Yo vine por mi hijo Edgar.
Dijo Verónica:
— ¿Con que su hijo es el latoso ese? Yo también quiero saber dónde está, huyó con Samantha y la pug. ¿Y ustedes?
Dijo Wanda:
— Vine por Samantha y la pug que es novia de mi perro Sultán.
Dijo Verónica:
— ¿Y ustedes?
Dijo Camila:
— Yo trabajo con Wanda y yo quiero a Bolita de Algodón, hijo de Pequeña Damita y Sultán.
Dijo Verónica:
— ¡Ay, con que ya tenemos herederos de mi fortuna! ¿Y tú quién eres?
— Soy Elisa y soy la veterinaria de todos los perritos y Gala, mi perrita, es novia de Rufus, son San Bernardo.
Dijo Susana:
— ¿Con que ese perro viejo tiene novia? Mi dinero no se va a acortar por esos mugrosos perros. ¡Hijos, amárrenme a todos estos y los avientan en la bodega y los encierran bien y después vamos a ir todos a buscar a esos perros pulgosos y a esa escuincla, nadie me va a quitar mi dinero!
Los amarraron y los empujaban para que bajaran las escaleras al sótano con estrebejos. Estaba oscuro y olía a humedad, gritaban que no las empujaran. Las encerraron y echaron llave.
Se quedaron calladas todas y oían que los dos hermanos iban a buscar a los perros y Verónica y Susana iban a buscar a Edgar y Samantha. Se oyó la puerta de afuera y empezaron a hacer ruido. Dijo Elisa:
— Debemos de hallar cómo salir de aquí, ¿puedes desamarrarme? —le dijo a Camila.
Y dijo:
— Sí.
Así que hallaron cómo desamarrarse y sí lograron hacerlo y ella desató a Camila y ellas a los demás y dijo el abogado:
— Yo no sabía de esto, debemos dar parte a las autoridades de despojo y rapto.
Doña Candelaria estaba preocupada por su hijo Edgar y un poco aliviada que logró escapar de ahí.
Editado: 27.09.2026