A la mañana siguiente, el detective Alfonso llamó a Wanda.
—Estaban en la finca. Verónica huyó con su madre —les dijo.
Elisa les comunicó que Rufus ya había despertado, pero Volcán aún no.
Pirata estaba herido. Ya había despertado también, pero iba vendado.
Llegó una patrulla y los llevó a todos al pueblo a declarar. Ahí, el detective Alfonso explicó que hubo dos perros ajenos que los ayudaron mucho.
Tardaron, pero llegaron los jóvenes. Cuando vieron a sus perros, los abrazaron y los besaron.
Cloyd, la novia de Java, se acercó.
—Yo puedo cuidar a Pirata —dijo—. Se va a quedar con nosotras y va a estar muy bien.
Doña Candelaria tenía lágrimas en los ojos. Edgar también.
—Pirata, te encontramos una nueva casa —le dijo Doña Candelaria con la voz quebrada—. Vas a correr con tu novia. Vas a ser feliz. Nosotros somos pobres, no te podemos dar lo que ellos.
Pirata la miró. Movió la cabeza. Fue con Java, le ladró, los dos movieron la cola felices. Pero luego regresó. Puso su patita sobre el antebrazo de Candelaria y se acurrucó con ella.
Cloyd le dio su tarjeta.
—Cuando quiera ver a Java y que tengan cachorritos, me habla. No se lo niego.
Candelaria se lo prometió. Y Cloyd, además, le ofreció trabajo a Edgar en su empresa de moda, en paquetería.
Sebastián fue diferente. Dragón quería a Loba y Loba eligió irse con él.
—Doña Candelaria, le juro que la voy a cuidar bien —le prometió Sebastián.
Se fueron. Doña Candelaria lloró porque Loba se iba con Dragón.
—Son callejeros, son libres —le dijo Samantha, que los conocía porque cada año entraban al concurso de El Gran Canino—. Si ella se siente bien con Dragón, va a tener una bonita familia.
Entraron a la veterinaria. Vieron a Volcán en la plancha y los dos se soltaron a llorar.
—Gracias por salvarme del oso —le dijo Edgar—. Te voy a extrañar mucho, pero vas a estar en un lugar mejor.
Abrazó a su mamá. Y de pronto, Rufus, que estaba en la otra plancha, movió la cola y ladró.
Doña Candelaria gritó:
—¡Está vivo Volcán! ¡Está vivo! ¡Mueve la cola!
Volcán movía la colita y abrió sus ojitos. Lo abrazaron.
Elisa se acercó sonriendo.
—No, ¿cómo creen que murió? —les dijo—. Está en recuperación. Está delicado, pero se va a recuperar. Es muy fuerte, igual que Rufus.
En eso, el abogado habló con Samantha y con Cleotilde. Ya tenían derechos sobre las empresas, igual que Rufus y Pequeña Damita. Ya debían ir a hacer el recorrido. Verónica, en cambio, tenía la finca, pero con la orden de aprehensión no podía acercarse a sus propiedades.
Les dieron de alta a todos. E iban de regreso al Distrito Federal.
Editado: 27.09.2026