Una Vida Perruna

CAPÍTULO 19 SALIENDO DEL SÓTANO

Se pudieron desatar. Dijo Doña Candelaria:

— ¿Y ahora cómo vamos a salir de aquí?

Dijo el abogado:

— Debe de haber algo con filo o empujar todos juntos.

Dijo Wanda:

— Sí, vamos a buscar algo.

Mientras unos empujaban, otros como Wanda y Doña Candelaria buscaban un tubo o palo. Golpeaban la puerta y nada y con un palo la golpeaban. De pronto oyeron un grito, era el detective Alfonso con dos policías más, gritaba que buscaran en el perímetro, no podían estar lejos.

No dejaban de gritar de pedir ayuda pero no los escuchaban. Entró Alfonso con su pistola desenfundada y gritando:

— ¡Hay alguien ahí, está detenido!

De pronto los oyó, gritaban ayuda y gritó:

— ¡Soy el detective de investigación Alfonso Sánchez!

Gritaban todos y no se escuchaba nada claro y gritó el detective:

— ¡Cállense y solo uno hable! ¿Dónde están?

Dijo el abogado:

— ¡Encerrados en el sótano junto a unas escaleras!

Dijo Alfonso:

— Bien, ya voy.

Fue y les gritó que se separaran de la puerta, iba a disparar para romper el candado. Corrieron hacia abajo y se escondieron, gritó el abogado:

— ¡Adelante!

Disparó y abrió la puerta y prendió el foco y salieron todos y vio a Elisa, la saludó de beso. Dijo:

— ¿Estás bien? Me dijo mi esposa que llamaste.

Dijo:

— Sí, es una larga historia, tenemos que dar parte a las autoridades, nos encerraron y tenemos que encontrar a nuestros perros y a una joven y un joven secuestrados.

Dijo el abogado:

— Yo le explicaré en el camino.

Se fue el abogado con los policías a la comandancia, ya habían dado parte y los tenían que ayudar. Las demás no se quisieron ir, así que fueron con el detective a pie, el coche se lo llevaron los policías y el del abogado se lo llevaron los hermanos de Verónica.

Llegaron al centro del pueblo y ahí vio su auto, en una fonda a los hermanos comiendo unas migas calientitas con su hueso de tuétano y tortillas hechas a mano, con su jarra de agua de horchata de esas de agua de arroz y canela natural con sus hielos en mesas y sillas de madera. Ahí la policía los detuvo por intento de secuestro y más cargos de cómplices.

Samantha y Edgar cabalgaron pero se perdieron, en eso la yegua Copito de Nieve sintió el peligro, relinchó en dos patas y los tiró. Gritaba Samantha que sucedía, pero se jalaba Copito de Nieve y se puso de pie, Edgar se sacudía y le tocó el hombro y vieron algo enorme de peligroso. Gritó Samantha:

— ¡Ve Copito a pedir ayuda! —Le dio una palmada atrás a la yegua y se fue.

Dijo Edgar:

— ¡Corre!

La jaló y corrían. Dijo Samantha:

— ¡En este lado no existen!

Y dijo Edgar:

— Pero, ¿qué es lo que estás viendo?

Se paró en dos patas y gritaron Samantha y Edgar. Se zafó Pequeña Damita y enfrentó a la bestia, ladraba con todas sus fuerzas. Samantha la cargó y corrían al igual que Copito y lo vieron en la feria, esa yegua sola y atravesó el evento y de pronto vio algo Copito.




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