Una Vida Perruna

CAPÍTULO 17 LLEGANDO AL PUEBLO

Llegaron al pueblo en el coche y en el sidecar azul todas con los perros, ya era noche. Dijo Wanda:

— Es aquí, ustedes pidan una habitación. Sultán, Doña Candelaria y los perros nos van a acompañar, vamos con la policía.

Dijo Elisa:

— Me parece bien.

Fueron y pusieron la denuncia, pero no podían hacer nada, aún no pasaban 48 horas desaparecidos, así que llevaban solo 24 horas. Ellas se molestaron y se retiraron.

Wanda calmó a Doña Candelaria y se salieron. Dijo Doña Candelaria:

— ¿Cómo me dicen eso y mi hijo?

Dijo Wanda:

— Tranquila, no llore y no se preocupe, los vamos a salvar y nosotras solas con ayuda de nuestros amigos, ¿verdad?

Ladró Pirata y Volcán.

Compraron de comer y llegaron, subieron a la habitación, una habitación grande para descansar las cuatro, ya era noche. Durmieron las tres en la cama y en el sillón durmió Elisa y abajo se hicieron bola todos los perritos: Sultán, Rufus, Gala, Volcán, Loba y Pirata.

Durmieron, pero como era una pequeña ciudad y había mucho bosque, árboles y neblina, las noches eran muy frías, así que Elisa temblaba de frío. Así que Gala al oírla se despertó, caminó y puso su cabeza en su espalda y brazo de Elisa, ella se volteó y la abrazó. Y Rufus fue con Gala y le puso su cabeza a Elisa cubriendo a Gala y así durmieron, Elisa dejó de temblar. Los demás Pirata, Loba, Volcán y Sultán seguían en bolita.

Doña Candelaria casi no durmió, solo preguntaba al pensar si estará bien su hijo. Lo único que le importaba era su hijo, si estará bien, si habrá comido, si no lo han lastimado. Se puso a rezar y pedirle a Dios que le protegiera a su hijo, le pedía a la Virgen que se lo cuidara ya que ella era madre también y que estuviera bien.

Al despertar muy temprano desayunaron algo en la fonda de al lado del hotel donde se hospedaron. Era un pueblo carpiano que con los años creció y ya era una ciudad, pero aún había haciendas y ganado, la gente pasaba con borregos y vacas, las calles empedradas muy colonial.

Wanda y Elisa encargaron el auto y el sidecar. Tenían que ir caminando hacia el bosque. Los lugareños de ahí les dijeron que había un evento de caninos El Gran Canino.

Wanda iban caminando con todos los demás y dijo:

— Es cierto, Sultán fue ganador el año pasado, se me olvidó inscribirlo este año, pero vamos a encontrar a tu novia Pequeña Dama.

Lo cargó, se lo dijo y van a estar reunida tu familia —le dio su beso.

Dijo Elisa:

— ¿Conoces la cabaña?

Dijo Wanda:

— Sí, soy amiga de Samantha y conozco las casas de su padre y cuando murió.

En el Distrito Federal Ana y Jonathan ya habían llamado a la policía, tenía a su esposo de Ana en la policía, era policía de investigación, así que fue con sus hombres a ese lugar ya que Elisa le había llamado desde el hotel y le dijo donde se encontraba. Así Alfonso, el esposo de Ana, iba para allá.

Ana y Jonathan cuidaba a los cuatros bebés pero Bolita de Algodón ya estaba mucho mejor y estaban muy gorditos ya.

Llegaron a la Finca, Doña Candelaria le preguntó cómo entrar, pero no sabían. Se escondían cuando vieron un auto llegar, entró y era el abogado. Dijo Wanda:

— Es el abogado, ¿a qué vendría? —Se puso a pensar.

Dejaron el rejado abierto y se metieron todas, pero de pronto Rufus, Loba, Volcán olfatearon y corrieron, atrás de ellos Gala, Pirata y Sultán.

Wanda gritó bajito:

— ¡Vengan para acá!

Dijo Elisa:

— Pero, ¿dónde se fueron?

Se sorprendieron.




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