Bastián llegó a la universidad unos minutos antes de lo habitual.
No porque quisiera.
O eso intentó decirse.
La realidad era otra.
Desde la noche anterior no podía dejar de pensar en la última frase de Ciro.
Mañana vemos.
Y, sobre todo, en la pregunta que había quedado suspendida.
¿Tomás café?
No había sido una invitación.
Tampoco había sido una pregunta cualquiera.
Había quedado en ese lugar incómodo donde las cosas podían significar dos cosas al mismo tiempo.
Y Bastián ya empezaba a odiar ese idioma.
Porque con Ciro todo parecía dicho a medias.
—Tenés cara de que dormiste poco.
Brisa apareció a su lado con un café en la mano.
Le dio un sorbo al vaso.
Bastián la miró.
Él resopló.
Brisa sonrió despacio.
Bastián bajó la vista un instante.
Entraron al edificio.
La universidad tenía el movimiento de siempre.
Alumnos entrando con mochilas.
Profesores saludando desde los pasillos.
Mate.
Risas.
Carpetas golpeando contra los bancos.
Todo parecía igual.
Pero para Bastián, desde hacía unas semanas, todo estaba atravesado por una sola posibilidad.
Encontrarse con Ciro.
La clase transcurrió con normalidad.
O casi.
Cada tanto, las miradas se cruzaban.
Ya no era casualidad.
Ya ninguno hacía el esfuerzo de disimular demasiado.
Brisa, incluso, había dejado de comentar cada cruce.
Simplemente sonreía para ella misma.
Cuando terminó la clase, el profesor pidió unos minutos más para responder preguntas.
Muchos estudiantes aprovecharon para salir al pasillo.
Seba fue uno de los primeros.
Las risas llenaron el aula.
Bastián guardaba lentamente sus cosas.
Sin apuro.
No sabía por qué.
O sí.
Esperaba.
No sabía exactamente qué.
Pero esperaba.
La voz llegó desde atrás.
Bastián giró.
Ciro estaba parado junto a la puerta.
Con un mate en una mano.
La mochila colgada del hombro.
Y esa expresión tranquila que nunca dejaba adivinar demasiado.
El corazón le dio un golpe seco.
No explicó nada más.
Simplemente empezó a caminar.
Bastián miró a Brisa.
Ella levantó ambas cejas.
Salieron al pasillo.
Caminaron unos metros en silencio.
El ruido de otros estudiantes hacía que ninguno sintiera la obligación de hablar enseguida.
Bajaron la escalera.
Cruzaron el hall principal.
Salieron a la calle.