Antes de Decir Amor: Lo que Calla Ciro

CAPITULO 27 - NO ME PIDAS QUE ADIVINE

El miércoles, Ciro llegó temprano.

Bastián lo encontró en el hall, sentado en el mismo banco de siempre, con el mate entre las manos y la mochila apoyada a un costado.

Cuando lo vio acercarse, levantó la mirada.

—Buen día.

—Buen día.

Bastián dejó la mochila en el suelo y se sentó a su lado.

Durante unos minutos hablaron de la facultad. De un trabajo que tenían que entregar, de un profesor que había cambiado las fechas y de Seba, que aparentemente había decidido que dormir era opcional.

Todo parecía normal.

Hasta que Ciro le pasó el mate.

Bastián lo recibió y tomó un sorbo.

—¿Sabés qué estaba pensando? —preguntó Ciro.

—Depende. ¿Es algo bueno o tengo que preocuparme?

—No sé todavía.

—Buenísimo.

Ciro sonrió.

Después miró hacia el patio.

—Podríamos salir el sábado.

Bastián giró la cabeza.

—¿Otra vez?

—¿No querés?

—No dije eso.

—Entonces, ¿qué?

Bastián intentó disimular la sonrisa.

—Nada. Me sorprende que tengas tantas ganas de verme.

Ciro lo miró de costado.

—¿Te molesta?

—No.

—Entonces no entiendo qué te sorprende.

Bastián bajó la vista hacia el mate.

—Que seas vos el que propone.

Ciro dejó de sonreír por un instante.

—¿Cómo que sea yo?

—No sé. Siempre pensé que eras de los que esperaban a que el otro hiciera todo.

—¿Y vos qué pensás hacer?

Bastián levantó las cejas.

—¿Yo?

—Sí, vos.

—Estoy sentado acá, compartiendo tu mate. Me parece un montón.

Ciro soltó una carcajada.

—Sos un boludo.

—Pero te hago reír.

—Lamentablemente.

Bastián sonrió.

Y durante unos segundos, todo pareció fácil.

La propuesta del sábado quedó pendiente porque Seba apareció con la energía de alguien que acababa de descubrir un nuevo motivo para molestar a los demás.

—¿Qué hacen tan temprano?

—Esperar que te calles —contestó Ciro.

—Qué agresivo. ¿Así tratás a tus invitados?

Seba se sentó del otro lado de Bastián, vestido con un conjunto deportivo oscuro y las zapatillas impecables.

—Che, Basti, ¿vos el sábado tenés algo que hacer?

Ciro lo miró.

Bastián también.

—Todavía no.

—Podríamos ir al gimnasio y después comer algo. Hace una banda que no hacemos nada.

—Dale, puede ser.

Seba sonrió.

—Listo. Organizado.

Ciro tomó un mate.

No dijo nada.

Pero Bastián notó que había dejado de mirar el celular.

—¿Vos venís? —le preguntó a Ciro.

—No sé. Veo.

Seba lo miró con una sonrisa provocadora.

—Bueno, si no querés, no vengas.

—Gracias por la invitación —contestó Ciro, seco.

Bastián sintió que algo acababa de cambiar.

No era una discusión.

Ni siquiera podía decir que Ciro estuviera enojado.

Pero la conversación había perdido esa tranquilidad de hacía unos minutos.

Y no sabía por qué.

Durante el resto de la mañana, Ciro estuvo más callado.

No dejó de hablarle a Bastián. Tampoco se alejó.

Sin embargo, cada vez que Bastián intentaba retomar la conversación, Ciro parecía estar pensando en otra cosa.

Al salir de clase, Bastián lo alcanzó en el pasillo.

—Che, ¿está todo bien?

—Sí.

—¿Seguro?

—Sí, Bastián.

La forma en que pronunció su nombre le molestó más de lo que esperaba.

—Bueno, tranquilo. Te pregunté nada más.

Ciro se detuvo.

—Ya sé.

—Entonces no me contestes como si te estuviera molestando.

Ciro lo miró.

Por un instante pareció querer decir algo.




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