Antes de Decir Amor: Lo que Calla Ciro

CAPITULO 21 - SIN APUROS

Cuando salieron de la cafetería, ninguno de los dos tuvo apuro por despedirse.

El café ya se había terminado.

La conversación también.

Pero los dos seguían caminando despacio por la vereda, como si ninguno quisiera ser el primero en decir "nos vemos".

La tarde estaba tibia.

Había estudiantes cruzando la calle, colectivos pasando y el ruido habitual del centro, pero alrededor de ellos parecía haberse formado una burbuja donde todo iba un poco más lento.

Ciro llevaba las manos en los bolsillos.

Bastián caminaba a su lado, mirando el piso por momentos y levantando la vista cada tanto.

  • No hablás mucho cuando no estás nervioso —dijo Ciro.

Bastián soltó una risa.

  • Pensé que era al revés.
  • No.
  • ¿Cómo sabés?
  • Porque cuando estás nervioso hacés preguntas.
  • ¿Y ahora?
  • Ahora pensás.

Bastián negó con la cabeza.

  • Me analizás demasiado.
  • Te observo.

Otra vez esa palabra.

Observar.

Ya se había convertido en algo que solo ellos entendían.

Llegaron hasta la esquina donde normalmente cada uno tomaba un camino distinto.

Los dos frenaron casi al mismo tiempo.

  • Bueno... —dijo Bastián.
  • Bueno...

Silencio.

  • Gracias por el café.
  • Gracias por aceptar.
  • Pensé que ibas a hablar de la materia.
  • Yo también.

Los dos se rieron.

Era extraño.

Ya no necesitaban buscar tanto las palabras.

Las pausas habían dejado de ser incómodas.

  • Che...

Ciro volvió a hablar antes de irse.

  • ¿Sí?
  • ¿Siempre sos así?
  • ¿Así cómo?
  • Tan cuidadoso.

Bastián tardó unos segundos.

  • No.
  • ¿No?
  • Solo cuando algo me importa.

La frase salió antes de que pudiera detenerla.

En cuanto terminó de decirla sintió que había hablado de más.

Bajó la vista.

  • Perdón... quise decir...
  • No hace falta.

La voz de Ciro fue tranquila.

Bastián levantó despacio la cabeza.

Ciro lo estaba mirando con una expresión distinta.

Más suave.

  • Entendí.

Ninguno habló durante varios segundos.

Hasta que un bocinazo desde la calle rompió el momento.

Los dos rieron por la interrupción.

  • Me tengo que ir —dijo Ciro.
  • Yo también.

Otra vez nadie se movió.

Hasta que finalmente Ciro dio un paso hacia atrás.

  • Nos vemos el lunes.
  • Nos vemos.
  • Y...

Bastián esperó.

  • No desaparezcas todo el fin de semana.

Él sonrió.

  • ¿Eso fue una orden?
  • Fue una sugerencia.
  • Bastante autoritaria.
  • Puede ser.
  • La voy a pensar.
  • No la pienses tanto.

Bastián soltó una carcajada.

  • Ahí está el Ciro de siempre.
  • Nunca se fue.

Cada uno empezó a caminar en dirección contraria.

Después de unos veinte metros, casi al mismo tiempo, ambos giraron.

Se encontraron mirándose otra vez desde lejos.

Ninguno esperaba que el otro también se hubiera dado vuelta.

Los dos sonrieron.

Pequeño.

Natural.

Después siguieron caminando.

Esa noche

Bastián estaba acostado mirando el techo.

El celular vibró.

No necesitó mirar el nombre.




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