Creí en ti

Capitulo 26

Me removí en la cama. No quiero despertar aún porque, si abro los ojos, sabré que Nath ya no se halla a mi lado. Todavía puedo oler su fragancia.
Un rugido sale de mi estómago, recordándome que anoche no cené por sobrepensar demasiado en el plan y en cómo lo tomaría Nath.

—Creo que es hora de desayunar —Su voz a mi lado hace que abra los ojos y los mantenga muy abiertos, para asegurarme de que es real, de que se quedó conmigo toda la noche. Al ver que no respondo, continúa —. Porque tienes hambre, ¿verdad? —Solo atino a afirmar, incrédula. Él se levanta y sale de la habitación.

En ese momento, tomo la almohada y suelto un grito de felicidad que queda amortiguado por ella.
Unos segundos después, retiro la almohada de mi cara y corro al baño. De seguro debo estar hecha un desastre y, cuando miro mi reflejo en el espejo, lo confirmo. Soy un caos. Mi maquillaje está corrido, el cabello revuelto, como si me hubieran tirado de él, y mi aliento… Por Dios.

Me cepillo los dientes mientras me paso una crema desmaquillante y luego cepillo mi cabello. No puedo dejar de preguntarme cómo es que esta cara es la que Nath ve cuando se levanta.

Lo hago todo en tiempo récord y, cuando estoy acomodando la cama, él entra con una bandeja perfectamente preparada.

—No quería que te levantaras —dice, apoyando la bandeja sobre la cama.

—Quise colaborar con algo —sonrío, sentándome cerca de la bandeja—. Esto se ve delicioso —menciono, mirando la bandeja perfectamente acomodada: café y tostadas, mermelada y queso crema.

Mi pecho golpeaba de emoción contra mi caja torácica. Era lo más hermoso que un hombre había hecho por mí. Angélica diría que era el primero y que no tenía con qué comparar. Pero sí, esperé todo este tiempo para encontrarlo y valió la pena.

—Solo es café y tostadas —dice, sin darle demasiada importancia.

Pero lo es para mí.

—Pero las hiciste tú, y eso es más que suficiente. Gracias —sonreí.

Su mirada por un instante cambió, pero no supe descifrar por qué. Su semblante no mostró ninguna emoción.

—¿Todo bien? —interrogué, frunciendo el ceño. Si teníamos una relación, aunque fuera clandestina, quería saber qué pensaba.

—Sí —solo dijo, empezando a untar una tostada con mermelada.

—Es que… nada —me arrepenti, quería decirle que vi su cambio, pero quizás eran ideas mías.

—Dime —insistió.

—Es que vi algo en tus ojos. Como si algo no estuviera bien —Sonrió, pero no llegó a sus ojos.

—No es eso. Solo que Tomás está por llegar y quería seguir compartiendo el día contigo.

Mi pecho golpeó contra mi caja torácica como si hubiera corrido un maratón. No pude evitar que una sonrisa enorme se dibujara en mis labios. Me mordí el labio inferior.
Jamás pensé que él diría que quería pasar un día conmigo.

—Eso se puede solucionar. Puedo ir a tu casa y pasar el resto del día contigo —sugerí mordiéndome el labio.

—Eso sería genial, lástima que no se pueda.

—¿Y por qué no? —cuestioné.

—¿Qué le dirás a Flora? Esa señora es muy perceptiva.

—Flora no vendrá hasta mañana —recordé.

—¿Y a Tomás? —inquirió levantando una ceja.

—Podemos decirle que se tome el día libre. Después de todo, no se han tomado un descanso —refuté.

—¿En dónde me quedo? No es muy cómodo —se excusó.

—Para decir que quieres pasar el día conmigo estás poniendo muchas excusas —solté en tono de broma, pero en realidad estaba decepcionada. Él había tenido la idea y ahora parecía como si se hubiera arrepentido.

—No me malentiendas, Kayla —suavizo su voz —. Es solo que tú vives aquí y yo… bueno, el departamento es apenas habitable.

—Es suficiente mientras estés conmigo.

—Además, ¿qué excusa le pondremos a los guardias?

—Tenía razón. Necesitábamos un chófer.

—Algo se me ocurrirá —bebí un sorbo de café y mi celular empezó a sonar.
Era Angélica. Seguro quería saber los detalles de la noche. Estando Nath aquí, no podría contarle nada.

—Hola —apenas pude decir.
—¡Kay, pon el televisor! —casi gritó. Mientras tomaba el control del televisor, podía sentir cómo Nath seguía mis movimientos. Puse el altavoz. Ella continuó hablando —. No es que sea una mala noticia, de hecho, es genial. Pero ¿cómo lo hiciste? —No entendía a qué se refería. Y cuando encendí la televisión, el periodista estaba hablando.
Hablaba de otro caso, uno completamente diferente al de la empresa. En un momento de la entrevista, el conductor le preguntó sobre el caso de nuestra empresa. Me tensé. No sabía cómo respondería a aquello.

—No puedo hablar sobre ese tema —solo soltó.

—¿Lo viste? ¿Lo viste? ¿Cómo lo hiciste? —insistió mi amiga, muy emocionada.

—Me subestimas. Tengo mis métodos —aclaré con autosuficiencia.
Nath me miró unos segundos, frunciendo levemente el ceño.

—Después hablamos. Mamá me llama —cortó.
El volumen del televisor volvió a llenar la habitación. Escuchamos unos minutos en completo silencio.

—¿Cómo hiciste para que desviara el tema? —interrogó completamente confundido.

—Tengo mis métodos, Nath —respondí, orgullosa guiñándole un ojo.

Me sentía poderosa y autosuficiente. Había podido con todo: la empresa y el periodista. Solo había usado los métodos legales y funcionaron. Sabía que solo serían por un tiempo; ese sujeto no se quedaría quieto. Buscaría nuevas oportunidades para atacar a la empresa. Se notaba que nos odiaba.
Que lo siguiera haciendo. No encontraría nada. Sus argumentos eran efímeros y no tenían una base sólida.

Después de eso, Nath quedó pensativo, sin decir nada. Tomó la bandeja y salió de la habitación.
Me quedé desconcertada. ¿Qué había pasado para que él actuara así?.

No debía sobrepensar demasiado. Era Nath. Se quedaba en silencio la mayor parte del tiempo.
Me puse una bata para bajar. Ya debía estar por llegar Tomás y quería despedirlo.

Cuando pasaba por el pasillo, vi que la puerta del despacho de papá estaba apenas abierta. Era extraño; siempre tenía llave. Observé la cerradura y no estaba forzada ni nada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.