El Hijo Que Escondí Del Millonario

Capitulo 1

Emma respiró profundamente antes de abrir los ojos.

Habían pasado cinco años.

Cinco años desde la última vez que había visto aquella ciudad.

Cinco años desde la noche en que tomó una decisión que cambió su vida para siempre.

Y ahora estaba de regreso.

Miró por la ventana del automóvil mientras los edificios comenzaban a hacerse más familiares. Las avenidas, los restaurantes, las grandes oficinas… todo parecía exactamente igual.

Pero ella ya no era la misma mujer que había escapado de allí.

Ahora tenía un hijo.

Un secreto.

Y una vida que había construido lejos de todo aquello.

—Mamá.

La voz de Lucas la hizo volver la mirada.

El pequeño estaba sentado en el asiento trasero, abrazado a su mochila azul.

—¿Ya llegamos?

Emma sonrió.

—Casi, cariño.

—¿Aquí vamos a vivir?

—Sí.

Lucas miró por la ventana con curiosidad.

—Es una ciudad muy grande.

—Lo es.

—¿Y vamos a tener una casa?

Emma sintió un pequeño nudo en la garganta.

—Vamos a tener un apartamento. No es muy grande, pero será nuestro.

Lucas sonrió.

—Entonces me gusta.

Emma no pudo evitar sonreír también.

Aquella sonrisa era una de las razones por las que había sobrevivido a los últimos cinco años.

Por él.

Siempre por él.

Pero mientras observaba a su hijo, una preocupación volvió a instalarse en su pecho.

Había prometido que nunca regresaría.

Y había cumplido esa promesa hasta que la enfermedad de su madre la obligó a volver.

No tenía otra opción.

Su madre necesitaba ayuda y Emma no podía seguir viviendo a cientos de kilómetros mientras fingía que todo estaba bien.

Solo esperaba poder marcharse nuevamente antes de encontrarse con él.

Con Alejandro.

El nombre apareció en su mente como una herida que nunca había terminado de cerrar.

Emma apartó la mirada.

—Mamá.

—¿Sí?

—¿Estás triste?

Ella se sorprendió.

—No.

Lucas la observó desde el asiento trasero.

—Sí estás.

Emma soltó una pequeña risa.

—¿Desde cuándo sabes cuándo estoy triste?

—Desde siempre.

Aquella respuesta consiguió romperle el corazón.

Emma extendió la mano hacia atrás y él se la tomó.

—No estoy triste, mi amor.

—Entonces, ¿por qué tienes los ojos así?

Ella parpadeó rápidamente.

—Porque estoy cansada.

Lucas aceptó la explicación.

Emma, en cambio, sabía que estaba mintiendo.

No estaba cansada.

Tenía miedo.

Miedo de que el pasado volviera a encontrarla.

Y sobre todo, miedo de que Alejandro descubriera la verdad.

Lucas no era solamente su hijo.

Era también el hijo del hombre que Emma había amado más de lo que jamás quiso admitir.

***

Dos horas después, Emma abrió la puerta del nuevo apartamento.

Era pequeño.

Una sala sencilla, dos habitaciones, una cocina estrecha y un balcón desde donde podía verse una parte de la ciudad.

No era lujoso.

No era perfecto.

Pero era suyo.

—¡Mamá!

Lucas corrió hacia la habitación.

—¡Esta será la mía!

Emma dejó las cajas sobre el suelo y sonrió.

—Puedes escogerla.

—¡Esta!

El niño se lanzó sobre la cama.

Emma se quedó observándolo desde la puerta.

Había hecho todo aquello por él.

Había trabajado hasta quedarse sin fuerzas.

Había renunciado a oportunidades.

Había aprendido a vivir sin ayuda.

Y había guardado un secreto que, durante cinco años, le había pesado cada día.

Se acercó a la ventana.

Desde allí podía verse una parte de la zona financiera.

Y en medio de los edificios, un rascacielos destacaba por encima de todos.

Emma sintió que el corazón se le detenía.

Lo reconoció inmediatamente.

Ferrer Holdings.

La empresa de Alejandro.

Había intentado no pensar en él.

Había intentado convencerse de que cinco años eran suficientes para olvidar.

Pero no.

Porque había cosas que el tiempo no podía borrar.

Como aquella noche.

La última noche que estuvieron juntos.

Emma cerró los ojos.

Recordó su voz.

Sus manos.

La forma en que la había mirado.

Y después, las palabras que nunca pudo olvidar.

“Si alguna vez decides marcharte, no vuelvas.”

Ella se había marchado.

Pero nunca había dejado de amarlo.

—Mamá.

Emma se giró rápidamente.

Lucas estaba parado en la puerta.

—¿Qué pasa?

—Encontré esto en la caja.

Le mostró una pequeña fotografía.

Emma sintió que se le helaba la sangre.

Era una fotografía vieja.

Ella y Alejandro.

Juntos.

Sonriendo.

Emma se acercó rápidamente y tomó la imagen.

—¿Dónde la encontraste?

—En la caja de tus cosas.

—Dámela.

Lucas la miró extrañado.

—¿Quién es él?

Emma guardó la fotografía dentro de un cajón.

—Un hombre que conocí hace mucho tiempo.

—¿Era tu amigo?

Emma tragó saliva.

—Algo así.

—¿Lo querías?

La pregunta la dejó sin palabras.

Lucas tenía solamente cinco años, pero a veces parecía entender demasiado.

Emma se arrodilló frente a él.

—Hay personas que forman parte de nuestro pasado, cariño.

—¿Y él es de tu pasado?

—Sí.

—¿Lo vamos a ver?

Emma sintió un escalofrío.

—No.

La respuesta salió demasiado rápido.

Lucas inclinó la cabeza.

—¿Por qué?

—Porque algunas personas es mejor dejarlas atrás.

El pequeño no insistió.

Pero Emma sabía que aquella conversación no sería la última.

***

Al otro lado de la ciudad, Alejandro Ferrer estaba terminando una reunión.

La sala de juntas estaba en silencio.

Todos esperaban su decisión.

—La adquisición se hará el lunes —dijo él—. Quiero los documentos preparados antes de las ocho de la mañana.




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