Emma permaneció varios minutos frente a la ventana, con el teléfono todavía entre las manos.
El último mensaje no dejaba de repetirse en su cabeza.
«Pregúntale a Alejandro quién estaba en su familia la noche en que decidieron acabar con tu relación.»
¿Quién?
Durante cinco años había pensado que todo había comenzado con aquella amenaza que recibió su madre.
Ahora descubría que alguien relacionado con la familia Ferrer podía estar detrás.
Y lo peor era que Alejandro tampoco parecía saberlo.
—Mamá...
Emma se volvió rápidamente.
Lucas estaba en la puerta de su habitación, todavía con el pijama puesto.
—¿Qué haces despierto?
—Tuve una pesadilla.
Emma dejó el teléfono y se acercó.
—Ven conmigo.
Lo cargó y lo llevó hasta su cama.
—¿Qué soñaste?
Lucas se abrazó a su cuello.
—Que tú te ibas otra vez.
Emma sintió un dolor profundo en el pecho.
—No voy a irme.
—¿Lo prometes?
—Te lo prometo.
Lucas la miró unos segundos.
—¿Aunque venga el señor malo?
Emma le acarició el cabello.
—Aunque venga quien sea.
No sabía si estaba haciendo una promesa que podía cumplir.
Pero haría todo lo necesario.
***
A la mañana siguiente, Alejandro llegó temprano a la oficina de Gabriel.
Sobre el escritorio estaba la carpeta de la clínica.
—Quiero que vuelvas a revisar esto —dijo Alejandro.
Gabriel levantó la mirada.
—Ya lo hice tres veces.
—Hazlo una cuarta.
—¿Encontraste algo?
Alejandro sacó una hoja.
—El nombre que aparece aquí.
Gabriel la tomó.
—¿Por qué te preocupa tanto?
Alejandro señaló la firma.
—Porque conozco a esta persona.
Gabriel leyó el nombre.
—Mauricio Ferrer.
—Mi tío.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Tu tío tenía alguna relación con la clínica?
—Hasta donde sé, no.
—Entonces tenemos un problema.
Alejandro permaneció en silencio.
Mauricio Ferrer había sido una de las personas más cercanas a su padre.
Durante años había manejado varios negocios familiares.
También había estado presente durante los meses anteriores a la desaparición de Emma.
Pero había algo que Alejandro recordaba perfectamente.
La última vez que Mauricio habló con Emma.
Había sido pocos días antes de que ella desapareciera.
—¿Qué le dijo? —preguntó Gabriel.
Alejandro negó con la cabeza.
—No lo sé.
—¿Nunca le preguntaste?
—En ese momento estaba demasiado ocupado intentando entender por qué Emma me había abandonado.
Gabriel lo observó.
—¿Y ahora?
Alejandro apretó los puños.
—Ahora creo que nunca me abandonó.
***
Emma llegó a la cafetería donde había quedado con su madre.
Camila ya estaba allí.
—¿Descubriste algo? —preguntó Emma.
—No.
—Yo sí.
Emma sacó una copia del mensaje.
Camila lo leyó.
Su rostro cambió.
—¿Qué pasa?
—Ese apellido.
—¿Qué apellido?
—Ferrer.
Camila bajó la mirada.
Emma sintió que algo no estaba bien.
—Mamá, dime la verdad.
—No sé nada.
—Sabes algo.
—Emma...
—Por favor.
Camila suspiró.
—Hace cinco años, cuando recibí la primera amenaza, había una persona que me llamó después.
Emma se quedó inmóvil.
—¿Quién?
—Un hombre.
—¿Qué hombre?
—Dijo que trabajaba para alguien de la familia Ferrer.
Emma sintió un escalofrío.
—¿Y por qué nunca me lo dijiste?
—Porque pensé que si te contaba, intentarías buscar respuestas.
—¡Claro que habría buscado respuestas!
—Y te habrían encontrado.
Emma guardó silencio.
—¿Qué te dijo exactamente?
Camila miró alrededor antes de responder.
—Me dijo que Alejandro no podía saber que estabas embarazada.
—¿Por qué?
—Porque había personas que no querían que ese niño llevara el apellido Ferrer.
Emma sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—¿Quiénes?
—Nunca lo dijo.
—¿Mencionó a Mauricio?
Camila palideció.
Emma lo notó inmediatamente.
—Lo conoces.
—Lo vi una vez.
—¿Dónde?
—En la clínica.
Emma se quedó helada.
—¿Cuándo?
—El día que naciste...
Camila se corrigió.
—El día que nació Lucas.
Emma abrió los ojos.
—¿Qué hacía allí?
—No lo sé.
—Mamá.
—Lo vi salir del área de maternidad.
El silencio entre ambas fue absoluto.
—¿Y nunca me dijiste eso?
—Tenía miedo.
Emma cerró los ojos.
Ahora todo parecía conectado.
La clínica.
La amenaza.
Mauricio.
El hombre que seguía a Lucas.
Y Alejandro.
***
En la oficina, Alejandro observaba una fotografía antigua de su familia.
Su padre.
Mauricio.
Y él.
Había sido tomada hacía seis años.
Gabriel entró con otra carpeta.
—Encontré algo.
Alejandro levantó la mirada.
—¿Qué?
—Revisé los movimientos de Mauricio durante aquella semana.
—¿Y?
—Estuvo en la clínica.
Alejandro se puso de pie.
—¿Qué día?
Gabriel le mostró los registros.
—El mismo día en que nació Lucas.
Alejandro sintió un escalofrío.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Qué hizo allí?
—No aparece.
—Entonces averígualo.
Gabriel dudó.
—Hay algo más.
—¿Qué?
—Después de salir de la clínica, Mauricio recibió una llamada de un número privado.
—¿Quién llamó?
—No lo sé.
Alejandro tomó la carpeta.
—¿Y dónde está ahora?
—No está en la ciudad.
—¿Desde cuándo?
—Desde ayer.
Alejandro levantó la mirada.
—¿Ayer?
Gabriel asintió.
—Se fue justo después de que tú comenzaras a investigar a Emma.
Alejandro sintió que la sangre le hervía.
—Quiero encontrarlo.