Emma se quedó inmóvil.
Las palabras de Mauricio parecían haber detenido el tiempo.
—¿Qué acabas de decir? —preguntó Alejandro.
Mauricio respiró profundamente.
—Que Emma no huyó de ti por voluntad propia.
Emma sintió que las lágrimas comenzaban a llenar sus ojos.
—Eso ya lo sé.
—No. No lo sabes todo.
Alejandro dio un paso hacia él.
—Habla.
Mauricio miró hacia Lucas.
—Alguien dentro de la familia Ferrer sabía que Emma estaba embarazada.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Quién?
—No puedo decirte todavía.
—¡Basta de secretos!
Su voz resonó por toda la habitación.
Lucas se asustó y se abrazó a Emma.
Alejandro inmediatamente bajó el tono.
—Perdón.
Después volvió a mirar a Mauricio.
—Cinco años. Cinco años pensando que Emma me abandonó. Cinco años sin saber que tenía un hijo. ¿Y ahora me dices que alguien de mi familia estuvo detrás?
Mauricio asintió lentamente.
—Sí.
Emma apretó la mano de Lucas.
—¿Quién dio la orden?
Mauricio la miró.
—La persona que lo hizo tenía miedo de que Lucas heredara algo que no le correspondía.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Heredara qué?
Mauricio guardó silencio.
—¿Qué puede heredar un niño que acaba de nacer?
—El apellido Ferrer.
Alejandro quedó inmóvil.
—Eso no tiene sentido.
—Para ti no.
—Entonces explícamelo.
Mauricio caminó hasta el escritorio.
—Tu padre había dejado instrucciones antes de morir.
Alejandro sintió un escalofrío.
—¿Qué instrucciones?
—Sobre la sucesión de la empresa.
—Mi padre murió hace años.
—Precisamente.
Mauricio sacó un documento viejo.
—Si tú tenías un hijo legítimo, algunas decisiones sobre la empresa cambiarían.
Alejandro tomó el documento.
Lo leyó rápidamente.
Sus ojos se abrieron.
—No puede ser.
Gabriel se acercó.
—¿Qué dice?
Alejandro levantó la mirada.
—Que si algún día tenía un hijo reconocido legalmente, ese niño tendría derechos sobre parte del patrimonio familiar.
Emma sintió un nudo en el estómago.
—Entonces Lucas...
Mauricio asintió.
—Podía cambiar el futuro de la familia Ferrer.
Alejandro apretó el documento.
—¿Y alguien quiso evitarlo?
—Sí.
—¿Quién?
Mauricio volvió a guardar silencio.
—¡Dime quién!
—Si digo el nombre, no solo estarás poniendo en peligro a esa persona.
Miró hacia Lucas.
—También a ustedes.
Emma abrazó a su hijo con fuerza.
—Ya estamos en peligro.
Mauricio bajó la mirada.
—Lo sé.
***
El desconocido seguía junto a la puerta.
Alejandro lo miró.
—¿Y él qué tiene que ver con todo esto?
Mauricio respondió:
—Fue quien me ayudó a proteger los documentos.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Protegerlos?
—Sí.
El hombre dio un paso hacia adelante.
—Mi trabajo era asegurarme de que nadie encontrara ciertas pruebas.
Emma lo reconoció.
—Tú estabas en la clínica.
El hombre la miró.
—Sí.
—¿Me estabas vigilando?
—Sí.
Emma sintió rabia.
—¿Por qué?
—Porque alguien quería saber dónde estaba el niño.
Alejandro se interpuso.
—¿Quién?
—No puedo decirlo.
Alejandro dio un paso amenazante hacia él.
—Pues vas a decirlo.
Mauricio levantó una mano.
—Alejandro, basta.
—¡No!
Alejandro estaba furioso.
—Este hombre siguió a mi hijo.
El desconocido sostuvo su mirada.
—Nunca quise hacerle daño.
—Pero lo asustaste.
—Necesitaba confirmar que estaba con Emma.
—¿Para quién?
El hombre guardó silencio.
Alejandro entendió que no obtendría una respuesta.
—Entonces tú también estás involucrado.
—Más de lo que imaginas.
***
Emma llevó a Lucas a su habitación.
Quería alejarlo de aquella conversación.
Pero antes de cerrar la puerta, Alejandro la detuvo.
—Emma.
Ella lo miró.
—¿Qué?
—Quiero hablar contigo.
—Ahora no.
—Necesito saber qué ocurrió aquella noche.
Emma bajó la mirada.
—Yo también.
—Entonces dime la verdad.
Ella respiró profundamente.
—La noche antes de irme recibí una llamada.
Alejandro se quedó quieto.
—¿De quién?
—No lo sé.
—¿Qué te dijo?
—Que si permanecía contigo, iban a quitarme a mi bebé.
Alejandro cerró los ojos.
—¿Y tú les creíste?
—Estaba embarazada, tenía miedo y no sabía en quién confiar.
—Podías confiar en mí.
Emma lo miró con lágrimas.
—Eso pensé.
—¿Entonces?
—La persona que llamó sabía cosas que nadie debía saber.
—¿Qué cosas?
—Sabía cuánto tiempo tenía de embarazo. Sabía que tú y yo estábamos juntos. Sabía que tu padre había muerto.
Alejandro sintió un escalofrío.
—Alguien cercano.
—Eso pensé.
—¿Y qué hiciste?
—Me fui.
—Sin decirme nada.
Emma bajó la cabeza.
—Porque me dijeron que si intentaba buscarte, Lucas desaparecería.
Alejandro se quedó sin palabras.
—¿Y durante estos cinco años?
—Nunca dejaron de vigilarme.
—¿Quién?
—No lo sé.
Alejandro se acercó.
—Emma, yo habría protegido a los dos.
Ella levantó la mirada.
—Ahora lo sé.
Sus ojos se encontraron.
Por unos segundos, todo lo demás desapareció.
Alejandro levantó lentamente una mano y le apartó una lágrima.
Emma no se apartó.
—Nunca dejé de buscarte —susurró él.
—Yo nunca dejé de amarte.
Las palabras escaparon de sus labios antes de que pudiera detenerlas.
Alejandro se quedó inmóvil.
Emma también.
Habían esperado cinco años para escuchar aquello.
Pero antes de que pudiera responder, Lucas apareció en la puerta.