Alejandro permaneció en silencio después de terminar la llamada.
Emma lo observaba esperando una explicación.
—¿Qué sucede?
Él guardó el teléfono en el bolsillo.
—Encontraron a Mauricio.
Emma sintió un escalofrío.
—¿Dónde?
—En la antigua casa de mi padre.
—¿Y el hombre que seguía a Lucas?
Alejandro asintió.
—Está con él.
Emma dio un paso hacia atrás.
—Entonces debemos irnos.
—No.
—¿No?
—Tú y Lucas se quedan aquí.
—Alejandro, ese hombre sabe dónde vivimos.
—Precisamente por eso no vas a salir.
Emma negó con la cabeza.
—No voy a quedarme esperando mientras tú vas detrás de ellos.
—No sabes con quién estamos tratando.
—¡Y tú tampoco!
Alejandro se acercó.
—Por eso necesito que confíes en mí.
Emma lo miró fijamente.
Aquellas palabras le provocaron una sensación extraña.
Cinco años atrás, había confiado en él con todo su corazón.
Después tuvo que marcharse sin siquiera despedirse.
Ahora volvía a pedirle confianza.
—No quiero que te pase nada —dijo ella en voz baja.
Alejandro se quedó quieto.
—¿Te preocupa lo que pueda pasarme?
Emma apartó la mirada.
—Eres el padre de Lucas.
Alejandro sintió que esas palabras significaban mucho más de lo que ella quería admitir.
—Todavía no tenemos la prueba.
—Pero ambos sabemos que...
Emma se detuvo.
Alejandro la miró.
—¿Que qué?
Ella negó con la cabeza.
—Nada.
***
Una hora después, Alejandro llegó a la antigua casa de su padre acompañado por Gabriel.
La propiedad llevaba años vacía.
Era una enorme casa rodeada de árboles, alejada de la ciudad.
—Las cámaras están apagadas —dijo Gabriel.
Alejandro observó la entrada.
—¿Hay alguien vigilando?
—Dos hombres en el exterior.
—No entren hasta que yo lo indique.
Gabriel lo miró sorprendido.
—¿Vas a entrar solo?
—Mauricio es mi familia.
—Precisamente por eso deberías llevarme contigo.
Alejandro negó.
—Si hay alguien detrás de todo esto, quiero saber qué pretende.
Abrió la puerta.
Dentro reinaba el silencio.
Caminó por el largo pasillo hasta llegar al despacho que había pertenecido a su padre.
La puerta estaba entreabierta.
Alejandro entró.
Mauricio estaba de pie junto a la ventana.
Y detrás de él estaba el hombre desconocido.
El mismo que había seguido a Lucas.
—Sabía que vendrías —dijo Mauricio.
Alejandro se detuvo.
—¿Por qué?
—Porque siempre fuiste demasiado curioso.
—Y tú siempre escondiste demasiado.
Mauricio sonrió.
—Han pasado cinco años y sigues creyendo que todo es tan sencillo.
—¿Qué hiciste?
—Nada que no fuera necesario.
Alejandro apretó los puños.
—¿Qué sabes de Emma?
Mauricio lo miró directamente.
—Sé que cometiste un error al dejarla entrar en tu vida.
—Yo nunca la dejé.
—Ella se fue.
—Porque alguien la obligó.
La sonrisa de Mauricio desapareció.
Alejandro dio un paso adelante.
—¿Fuiste tú?
—No.
—Entonces dime quién.
Mauricio guardó silencio.
—¿Quién amenazó a su madre?
Nada.
—¿Quién estuvo en la clínica el día que nació Lucas?
Mauricio bajó la mirada.
Alejandro sintió que había encontrado una grieta.
—Tú estabas allí.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque alguien me pidió que fuera.
—¿Quién?
Mauricio no respondió.
El hombre que estaba detrás de él dio un paso hacia adelante.
Alejandro lo reconoció.
—Tú.
El desconocido sonrió.
—Nos hemos visto antes.
—Te vi siguiendo a Lucas.
—Nunca lo toqué.
—No vuelvas a acercarte a él.
El hombre inclinó ligeramente la cabeza.
—Eso no depende de mí.
Alejandro lo miró con rabia.
—¿Quién eres?
El hombre no respondió.
Mauricio intervino.
—No estás haciendo las preguntas correctas.
—Entonces dime cuáles son.
—Pregunta por qué alguien quería que Lucas desapareciera.
Alejandro se quedó inmóvil.
—¿Desapareciera?
—Ese niño nunca debía formar parte de la familia Ferrer.
—¿Por qué?
Mauricio lo miró fijamente.
—Porque su existencia podía destruirlo todo.
Alejandro sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
Mauricio caminó hasta un viejo escritorio.
Abrió uno de los cajones y sacó un sobre.
—Esto es lo que buscas.
Alejandro lo tomó.
—¿Qué es?
—La razón por la que Emma tuvo que huir.
Alejandro abrió el sobre.
Dentro había varias fotografías.
La primera mostraba a Emma embarazada.
La segunda, a Camila hablando con un hombre.
La tercera...
Alejandro quedó completamente inmóvil.
Era una fotografía de él mismo.
Cinco años atrás.
Estaba saliendo de la casa de su padre.
Y detrás de él aparecía Mauricio.
Pero había algo que llamó aún más su atención.
En la esquina de la fotografía había una fecha.
La misma fecha en que Emma desapareció.
—¿Quién tomó estas fotografías?
Mauricio guardó silencio.
—¿Quién?
—Alguien que quería que pareciera que tú eras el responsable.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Qué?
—Alguien necesitaba que Emma creyera que tú estabas involucrado.
Alejandro sintió que todo comenzaba a encajar.
—¿Y tú dejaste que ella lo creyera?
Mauricio bajó la mirada.
—No tuve opción.
—Siempre hay una opción.
—No cuando amenazan con destruir a tu familia.
Alejandro lo observó.
—¿A quién amenazaron?
Mauricio no respondió.
Entonces el desconocido recibió una llamada.
Escuchó durante unos segundos y colgó.
—Tenemos que irnos.
Alejandro se volvió hacia él.