El Hijo Que Escondí Del Millonario

Capitulo 10

Emma permaneció junto a la ventana, mirando el automóvil negro estacionado frente al edificio.

La mujer seguía allí.

No parecía tener prisa.

Simplemente levantó la mirada hacia las ventanas, como si supiera exactamente dónde estaban.

—¿Quién es? —preguntó Emma.

Alejandro no respondió.

Su rostro había perdido todo rastro de calma.

—Alejandro.

—Es Valeria Ferrer.

Emma frunció el ceño.

—¿Tu tía?

—Eso creíamos.

Mauricio se acercó.

—No es tu tía.

Alejandro lo miró.

—Entonces, ¿quién es?

Mauricio respiró profundamente.

—La mujer que aparece en esa fotografía no se llama Valeria.

—¿Qué?

—Su verdadero nombre es Valentina Ríos.

Emma sintió un escalofrío.

—¿Qué relación tiene con tu familia?

Mauricio miró a Alejandro.

—Era la segunda esposa de tu abuelo.

Alejandro quedó inmóvil.

—Eso es imposible. Mi abuelo murió antes de que yo naciera.

—Y ella desapareció poco después.

Gabriel intervino:

—¿Por qué nadie sabe esto?

Mauricio bajó la mirada.

—Porque tu padre se encargó de borrar cualquier rastro de ella.

Alejandro apretó la mandíbula.

—¿Por qué?

—Porque descubrió lo que había hecho.

—¿Qué hizo?

Mauricio tardó unos segundos en responder.

—Intentó quedarse con la empresa.

Alejandro miró nuevamente hacia la calle.

Valentina seguía allí.

—¿Y qué tiene que ver Emma?

Mauricio respondió:

—Cuando descubrió que tú ibas a casarte con ella, supo que algún día Lucas heredaría parte del patrimonio Ferrer.

Emma comprendió.

—Por eso quería que desapareciera.

—Sí.

Alejandro cerró los ojos.

Cinco años.

Todo aquel tiempo había pensado que Emma lo había abandonado.

Mientras alguien había estado manipulando su vida desde las sombras.

—¿Ella fue quien amenazó a tu madre? —preguntó Alejandro.

Mauricio negó.

—No directamente.

—Entonces, ¿quién?

—Utilizó intermediarios.

Emma sintió que el miedo regresaba.

—¿Y el hombre que nos sigue?

Mauricio miró hacia la puerta.

—Trabajaba para ella.

Alejandro apretó los puños.

—¿Dónde está ahora?

El desconocido apareció detrás de ellos.

—Aquí.

Todos se volvieron.

El hombre levantó las manos.

—No vine a pelear.

Alejandro dio un paso hacia él.

—Entonces dime por qué la sigues.

—Porque recibí órdenes.

—¿De Valentina?

—Sí.

Emma sintió un nudo en la garganta.

—¿Qué quería de Lucas?

El hombre guardó silencio.

—¡Contesta!

—Quería saber si el niño estaba realmente vivo.

Emma abrazó a Lucas con fuerza.

—¿Por qué pensaría que estaba muerto?

El hombre bajó la mirada.

—Porque hace cinco años recibió información de que el bebé había muerto al nacer.

Emma palideció.

—¿Qué?

Mauricio cerró los ojos.

—Eso fue lo que le hicieron creer.

Alejandro miró a Emma.

—Alguien falsificó los registros del nacimiento.

Gabriel abrió rápidamente la carpeta.

—Eso explicaría las inconsistencias.

Emma sintió que las piernas le temblaban.

—Entonces... ¿alguien hizo creer que Lucas había muerto?

Mauricio asintió.

—Sí.

Lucas, que estaba detrás de Emma, levantó la mirada.

—Mamá, ¿yo estaba muerto?

Emma sintió que el corazón se le partía.

Se arrodilló frente a él.

—No, mi amor. Nunca.

Lo abrazó con fuerza.

—Tú estás aquí. Eso es lo único que importa.

Alejandro observó la escena.

Por primera vez, no tuvo ninguna duda.

Ese niño era suyo.

Aunque todavía faltara una prueba.

***

Más tarde, cuando Lucas se quedó dormido, Alejandro y Emma permanecieron en la sala.

Gabriel y Mauricio estaban en otra habitación revisando documentos.

Emma miró a Alejandro.

—¿Por qué no me buscaste más?

Él bajó la mirada.

—Te busqué.

—¿Cuánto tiempo?

—Meses.

—¿Y después?

Alejandro respiró profundamente.

—Pensé que habías elegido irte.

Emma sintió lágrimas en los ojos.

—Yo pensaba que tú habías decidido olvidarme.

—Nunca te olvidé.

Ella lo miró.

—Yo tampoco.

El silencio entre ambos fue diferente esta vez.

Más íntimo.

Más doloroso.

Alejandro se acercó lentamente.

—Emma, quiero preguntarte algo.

—¿Qué?

—¿Alguna vez dejaste de amarme?

Ella negó.

—No.

Alejandro cerró los ojos.

—Entonces no vuelvas a irte.

Emma sintió que las lágrimas caían.

—No depende solamente de mí.

—Esta vez no voy a permitir que nadie decida por nosotros.

Ella levantó la mirada.

Por un instante estuvieron a punto de acercarse.

Pero una voz los interrumpió.

—Alejandro.

Era Gabriel.

Ambos se separaron.

Gabriel entró con un documento en la mano.

—Encontramos algo.

Alejandro lo tomó.

—¿Qué es?

—El registro original del nacimiento de Lucas.

Emma se levantó.

—¿Qué dice?

Gabriel señaló una firma.

—Aquí aparece el nombre de la persona que estuvo presente cuando nació.

Alejandro leyó.

Su expresión cambió.

Emma se acercó.

—¿Quién es?

Alejandro levantó lentamente la mirada.

—Mi padre.

Emma se quedó sin palabras.

—Pero él murió antes de que Lucas naciera.

Gabriel negó.

—No.

Alejandro lo miró confundido.

—¿Qué quieres decir?

Gabriel señaló la fecha.

—El registro fue modificado.

—¿Entonces?

—La firma de tu padre fue añadida después.

Alejandro apretó el documento.

—¿Quién la falsificó?

Gabriel sacó otra hoja.

—Eso es lo extraño.

—¿Qué?

—La firma fue registrada desde una computadora perteneciente a una empresa de la familia Ferrer.




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