El Hijo Que Escondí Del Millonario

Capitulo 2

Emma no durmió aquella noche.

Después de la llamada de su madre, había revisado varias veces las cerraduras del apartamento. Había mirado por la ventana. Incluso había comprobado que Lucas siguiera dormido.

Todo estaba en silencio.

Demasiado silencio.

Se sentó en el sofá y tomó entre sus manos la fotografía que había encontrado aquella tarde.

Ella y Alejandro.

Cinco años atrás.

Sonreían como si el mundo les perteneciera.

Emma pasó un dedo por el rostro de él.

—¿Por qué tenías que volver a mi vida?

No esperaba una respuesta.

Pero su corazón parecía tener una.

Porque nunca te fuiste de la mía.

Emma cerró los ojos.

Recordó la noche en que había descubierto que estaba embarazada.

Recordó el miedo.

La discusión con su madre.

La amenaza que recibió.

Y la decisión de marcharse.

Todo había sucedido demasiado rápido.

Pero había algo que nunca había entendido.

¿Por qué su madre había tenido tanto miedo de Alejandro?

Él jamás le había hecho daño.

Al contrario.

Durante el tiempo que estuvieron juntos, Alejandro había sido el único hombre que consiguió hacerla sentir protegida.

Hasta aquella última noche.

Hasta que todo cambió.

Un ruido en el pasillo la hizo levantarse.

Emma contuvo la respiración.

Escuchó pasos.

Alguien se detuvo frente a su puerta.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

Los pasos permanecieron allí durante unos segundos.

Después se alejaron.

Emma esperó un minuto antes de acercarse.

Miró por la mirilla.

No había nadie.

Retrocedió lentamente.

Entonces su teléfono vibró.

Número desconocido.

Abrió el mensaje.

«No debiste regresar.»

Emma sintió un escalofrío.

Otro mensaje llegó inmediatamente.

«Él todavía te está buscando.»

Emma apretó el teléfono.

Sabía perfectamente quién era él.

Alejandro.

Pero había algo en aquel mensaje que la inquietaba.

No decía que Alejandro la estaba buscando.

Decía que él todavía la estaba buscando.

Como si alguien hubiera estado observándolo.

Como si alguien supiera dónde estaba.

Emma bloqueó el número.

No quería pensar en ello.

Necesitaba proteger a Lucas.

Eso era lo único importante.

***

A la mañana siguiente, Lucas entró corriendo a la cocina.

—¡Mamá!

Emma se volvió.

—Buenos días, campeón.

—Tengo hambre.

—Ya casi está el desayuno.

Lucas se sentó y comenzó a mover las piernas debajo de la mesa.

—¿Hoy puedo ir al parque?

Emma dejó el plato frente a él.

—Después de que hagamos unas compras.

—¿Y mañana?

—También.

Lucas sonrió.

—Me gusta nuestra nueva ciudad.

Emma sonrió.

—Me alegra.

Intentó actuar con normalidad.

Pero mientras preparaba su café, no podía dejar de pensar en el mensaje.

No debiste regresar.

¿Quién lo había enviado?

Y, sobre todo, ¿cómo sabía que ella había regresado?

—Mamá.

—¿Sí?

—Estás pensando otra vez.

Emma se volvió.

—¿Cómo sabes?

Lucas señaló su frente.

—Pones esta cara.

Emma soltó una pequeña risa.

—¿Qué cara?

—La cara de cuando estás preocupada.

Ella se acercó y besó su frente.

—Hoy no voy a estar preocupada.

—¿Lo prometes?

Emma dudó.

—Lo prometo.

Aunque sabía que estaba mintiendo.

***

A varios kilómetros de allí, Alejandro entró en su oficina.

Había llegado antes de lo habitual.

No había podido dormir.

La noticia de que Emma estaba de regreso había despertado algo que creía enterrado.

—Señor Ferrer.

Alejandro levantó la mirada.

Gabriel, su primo y socio, estaba en la puerta.

—¿Qué quieres?

Gabriel entró.

—Me dijeron que ayer preguntaste por Emma.

Alejandro permaneció en silencio.

—¿Y?

—No es buena idea buscarla.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Por qué?

Gabriel se quedó callado.

—¿Sabes algo?

—No.

—Entonces no vuelvas a decirme que no es buena idea.

Gabriel suspiró.

—Alejandro, han pasado cinco años.

—Lo sé.

—Ella se fue.

—Lo sé.

—Entonces déjala atrás.

Alejandro se levantó.

—Eso es fácil decirlo cuando no fuiste tú quien se quedó esperando una explicación.

Gabriel lo observó.

—¿Todavía la amas?

Alejandro endureció la expresión.

—No.

La respuesta salió demasiado rápida.

Gabriel lo notó.

—Claro.

—Tengo cosas más importantes que hacer.

—Entonces olvídala.

Alejandro tomó unos documentos.

—Eso intento.

Gabriel salió.

Pero antes de cerrar la puerta, se detuvo.

—Alejandro.

—¿Qué?

—Hay algo que deberías saber.

Alejandro lo miró.

—¿Qué?

Gabriel dudó.

—Alguien más está buscando a Emma.

Alejandro dejó los documentos sobre el escritorio.

—¿Quién?

—No lo sé.

—Gabriel.

—Te lo digo porque ayer recibí una llamada extraña. Preguntaron si Emma había regresado.

Alejandro sintió una tensión en el pecho.

—¿Quién llamó?

—No dio su nombre.

—¿Y qué quería?

—Saber dónde estaba ella.

Alejandro se quedó pensativo.

—Si vuelves a recibir una llamada así, avísame inmediatamente.

Gabriel asintió.

—Lo haré.

Cuando salió, Alejandro se acercó a la ventana.

Por primera vez desde que supo que Emma había regresado, algo más fuerte que la rabia comenzó a aparecer.

Preocupación.

Si alguien estaba buscándola, quería saber por qué.

Y no pensaba esperar.

***

Emma salió con Lucas después del desayuno.

Caminaron hasta una pequeña tienda cercana.

Lucas llevaba una pelota debajo del brazo.

—Mamá, ¿podemos comprar helado?




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