El lunes comenzó con una mentira.
—Buenos días.
Valentina entró al estudio con una sonrisa que no sentía.
Adrián levantó la mirada.
—Buenos días.
Él también sonrió.
Otra mentira.
Después de lo ocurrido el sábado, ambos habían decidido, sin decirlo, comportarse como si nada hubiera sucedido.
Como si no hubieran permanecido frente a frente en aquel jardín.
Como si la distancia entre sus cuerpos no hubiera desaparecido durante unos segundos.
Como si ninguno hubiera deseado que el otro diera un paso más.
Valentina dejó su bolso sobre una silla.
—¿Dormiste bien?
—Sí.
—Yo también.
Adrián asintió.
—Perfecto.
Silencio.
Valentina miró el piano.
—¿Tenemos trabajo?
—Sí.
—Entonces trabajemos.
Él tomó unas hojas.
—La tercera canción.
—¿Ya tienes algo?
—Una idea.
—¿Qué idea?
Adrián se sentó.
—Una canción sobre dos personas que están intentando mantenerse lejos.
Valentina se quedó quieta.
—Qué original.
Él la miró.
—No era mi intención.
—Claro.
—Valentina...
—¿Qué?
—Si quieres que hablemos de lo del sábado, podemos hacerlo.
Ella soltó una risa.
—No pasó nada el sábado.
—Exactamente.
—Entonces no hay nada que hablar.
Adrián la observó durante unos segundos.
—Bien.
Comenzó a tocar.
Valentina se colocó frente al micrófono.
Pero no podía concentrarse.
Cada acorde parecía tener un significado.
Cada pausa parecía una pregunta.
Y cada vez que levantaba la mirada, encontraba los ojos de Adrián.
Después de varios minutos, se quitó los audífonos.
—No puedo.
—¿Qué ocurre?
—La canción.
—¿No te gusta?
—No.
Adrián dejó de tocar.
—¿Qué cambiarías?
Valentina caminó hacia el piano.
—No quiero que sea sobre dos personas que intentan mantenerse alejadas.
—¿Entonces?
—Quiero que sea sobre dos personas que saben que deberían mantenerse alejadas... pero no quieren hacerlo.
Adrián la miró.
—Eso es diferente.
—Mucho.
—¿Y por qué?
Valentina apoyó una mano sobre el piano.
—Porque la distancia no siempre significa que no quieras acercarte.
Él sostuvo su mirada.
—A veces significa exactamente lo contrario.
Valentina sintió que el corazón se le aceleraba.
—Sí.
Adrián volvió a tocar.
Esta vez la melodía fue distinta.
Más lenta.
Más profunda.
Más peligrosa.
Valentina tomó el lápiz.
Escribió:
“Dices que es mejor así...”
Se detuvo.
Adrián añadió una nota.
Ella continuó:
“pero tus ojos nunca aprendieron a mentir.”
Adrián dejó de tocar.
—Esa frase.
—¿Qué?
—Es buena.
—Lo sé.
—Y peligrosa.
Valentina sonrió.
—Las mejores suelen serlo.
Continuaron.
La canción comenzó a crecer alrededor de algo que ninguno quería nombrar.
Una atracción.
Una duda.
Un límite.
Una posibilidad.
Cuando llegó el momento del estribillo, Valentina escribió:
“Quédate lejos, pero no demasiado. Dime que me olvidas, pero vuelve a mirarme igual.”
#2121 en Novela romántica
• romance de desarrollo lento., • atracción progresiva., • diferencia de edad.
Editado: 03.10.2026