Entre Notas y Silencios

Entre lo que fue y lo que empieza.

Valentina despertó antes de que sonara la alarma.

Durante unos segundos permaneció inmóvil, mirando el techo.

No sabía qué la había despertado.

Después recordó.

Damián.

Tenían que terminar la canción que habían comenzado meses atrás, antes de que la discográfica pusiera a Adrián en su camino.

Giró la cabeza hacia la mesa de noche.

El teléfono estaba allí.

No tenía mensajes nuevos.

Valentina hizo una mueca.

—Bien.

Se levantó.

No sabía por qué había esperado encontrar uno.

Bueno.

Sí lo sabía.

Pero prefería no pensarlo.

Se duchó, se vistió con unos pantalones oscuros, una camiseta amplia y una chaqueta de cuero. Antes de salir, miró la nota que Adrián le había dejado el día anterior.

Seguía sobre la mesa.

La tomó.

La dobló nuevamente.

Y esta vez la guardó dentro de la cartera.

No quería perderla.

Llegó al estudio de Damián poco después de las diez.

Él ya estaba allí.

—Mira quién decidió aparecer.

—Llegué cinco minutos tarde.

—Siete.

—¿Llevas la cuenta?

—Siempre.

Damián le dio un abrazo rápido.

Valentina respondió con naturalidad.

—¿Tienes el puente?

—Tengo algo.

—Eso puede significar cualquier cosa.

—Es bueno.

—Eso también puede significar cualquier cosa.

Damián sonrió.

—Sigues igual.

—Tú también.

—Eso no sé si es un cumplido.

—No lo es.

Entraron al estudio.

La canción era diferente a todo lo que Valentina estaba haciendo con Adrián.

Tenía una base más urbana, un ritmo más crudo y una letra que había escrito cuando todavía estaba convencida de que no necesitaba a nadie.

Había algo extraño en volver a ella.

Era como abrir una puerta de una habitación que había dejado cerrada durante meses.

Damián puso la instrumental.

Valentina escuchó.

La reconoció inmediatamente.

—Habíamos avanzado bastante.

—Sí.

—¿Por qué la dejamos?

Damián la miró.

—Porque apareció el álbum.

—Eso no responde.

—Porque cambiaste.

Valentina frunció el ceño.

—¿Yo?

—Sí.

—¿En qué?

Damián se encogió de hombros.

—Antes escribías como si todo tuviera que romperse antes de que alguien pudiera romperte a ti.

Valentina lo miró.

—Qué profundo.

—Estoy hablando en serio.

—Ya lo sé.

—Ahora escribes diferente.

—¿Peor?

—No.

—¿Entonces?

—Más abierta.

Valentina se quedó callada.

—No sé si me gusta esa palabra.

—¿Por qué?

—Porque abierta significa que alguien puede entrar.

Damián sonrió.

—Tal vez no sea tan malo.

Valentina no respondió.

Volvieron a trabajar.

Durante casi tres horas corrigieron la letra, grabaron varias versiones del coro y cambiaron la estructura.

Era fácil trabajar con Damián.

Se conocían desde hacía tiempo.

Él sabía cuándo dejarla sola.

Sabía cuándo insistir.

Sabía qué sonidos le gustaban.

Sabía cómo hacerla reír cuando estaba frustrada.

Y, sobre todo, no había nada que explicar.

Eso debería haberla hecho sentirse completamente cómoda.

Y lo estaba.

Pero había una pequeña parte de ella que no dejaba de pensar que Adrián no estaba allí.

Y eso la sorprendía.

A mediodía, Damián pidió comida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.