Los últimos días antes de la presentación pasaron demasiado rápido.
El álbum estaba prácticamente terminado.
Once canciones.
Once momentos distintos.
Once versiones de Valentina que habían aparecido poco a poco desde aquella primera mañana en el estudio.
Habían empezado con miedo.
Después vino el deseo.
La distancia.
La confianza.
La costumbre.
Las dudas.
Y ahora aquella canción.
“Elegir quedarnos”.
La última canción que habían terminado juntos.
O al menos eso creían.
La mañana de la presentación, Valentina llegó al estudio y encontró a Adrián sentado frente al piano.
No había café.
No había hojas.
Solo él.
—¿Qué haces?
—Esperándote.
—Eso es nuevo.
—No tanto.
Ella dejó el bolso.
—¿Estás nervioso?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque hoy vamos a cantar frente a todos.
—Ya lo hicimos.
—Hoy es diferente.
Valentina entendió.
Hoy no presentarían una canción.
Presentarían el álbum.
Todo lo que habían escrito.
Todo lo que había empezado como un contrato.
Todo lo que había terminado significando algo que no aparecía en ninguna cláusula.
Valentina se sentó a su lado.
—¿Crees que funciona?
Adrián la miró.
—¿El álbum?
—Sí.
—Creo que dice la verdad.
—Eso no siempre significa que funcione.
—Para mí sí.
Valentina sonrió.
—Eres demasiado romántico.
—Es mi trabajo.
Ella apoyó la cabeza sobre su hombro.
Solo unos segundos.
Adrián no se movió.
—Tengo miedo —dijo ella.
—Yo también.
—¿De qué?
—De que cuando esto termine todo cambie.
Valentina levantó la cabeza.
Lo miró.
—Yo también.
Ninguno añadió nada.
No hacía falta.
Por la tarde llegaron al lugar de la presentación.
Había periodistas.
Fotógrafos.
Ejecutivos.
Músicos.
Personas del sello.
Valentina sintió el estómago cerrado.
Antes de subir al escenario, Adrián se acercó.
—Respira.
—Estoy respirando.
—No parece.
Ella sonrió.
—¿Y si sale mal?
—Entonces saldrá mal.
—Gracias.
—¿Qué quieres que te diga?
—Que va a salir perfecto.
—No te voy a mentir.
Valentina soltó una risa.
—Bien.
Adrián extendió la mano.
Ella la tomó.
No fue un gesto romántico.
No exactamente.
Fue el mismo gesto que había tenido en aquella primera presentación.
Pero esta vez Valentina no necesitaba que la tranquilizara.
Solo quería sentirlo cerca.
Cuando soltaron las manos, subieron al escenario.
Comenzaron con la primera canción.
Luego la segunda.
La tercera.
Cada tema contaba una parte de la historia.
Cuando llegó “Acostumbrarse”, Valentina miró a Adrián.
Él sonrió.
La canción llenó la sala.
Después vino “Elegir quedarnos”.
Las luces bajaron.
El piano comenzó.
Valentina respiró.
Y cantó.
No porque no pueda irme, sino porque quiero quedarme. No porque no sepa estar sola, sino porque contigo quiero compartir.
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• romance de desarrollo lento., • atracción progresiva., • diferencia de edad.
Editado: 03.10.2026