Entre Notas y Silencios

Lo que no estaba en el contrato.

Valentina llegó al estudio quince minutos antes de la hora acordada.

No porque tuviera prisa.

Al menos eso se dijo.

Había dormido poco. No por la canción, ni por Marcos, ni siquiera por la reunión del día anterior.

Había dormido poco porque, antes de cerrar los ojos, había pensado en Adrián sentado en su cocina, tomando café sin azúcar, hablando de películas que ella probablemente nunca vería y sonriendo de aquella manera tranquila que parecía aparecer solamente cuando no estaba trabajando.

Y después había cometido el error de mirar el teléfono.

No había ningún mensaje.

Lo había dejado sobre la mesa.

Cinco minutos después volvió a mirarlo.

Seguía sin haber mensaje.

—Ridículo —murmuró.

Se levantó de la cama, caminó hasta la cocina y tomó agua.

Volvió.

Miró el teléfono.

Nada.

—Muy ridículo.

A las seis y cuarenta y ocho de la mañana había terminado enviándole un mensaje.

Valentina: ¿Ya estás despierto?

Había dejado el teléfono boca abajo.

A los treinta segundos lo había vuelto a mirar.

Adrián: Desde hace una hora.

Ella sonrió.

Valentina: Qué vida tan triste.

Adrián: La tuya tampoco parece muy emocionante a estas horas.

Valentina: Estoy considerando volver a dormir.

Adrián: Hazlo.

Valentina: Ahora que sé que estás despierto, ya no.

No había respondido después de eso.

Y ella tampoco había enviado nada más.

Había sido suficiente.

Ahora, sentada frente al piano del estudio, Valentina volvió a abrir la aplicación donde estaba la letra de la nueva canción.

«Lo que elegimos conservar».

Había algo en ese título que seguía gustándole.

Quizá demasiado.

Escuchó pasos en el pasillo.

No levantó la cabeza inmediatamente.

—Buenos días.

Sonrió antes de mirarlo.

—Buenos días.

Adrián entró con dos vasos de café.

Dejó uno frente a ella.

—Sin azúcar.

Valentina miró el vaso.

—¿Sabes que esto puede convertirse en una costumbre?

—Ya tenemos una canción sobre eso.

—Precisamente.

Adrián se sentó a su lado.

—¿Dormiste?

—Más o menos.

—Eso significa que no.

—¿Y tú?

—Más o menos.

—Entonces tampoco.

—No.

Valentina lo observó.

—¿Por qué no dormiste?

Adrián levantó una ceja.

—¿Por qué no dormiste tú?

—Yo pregunté primero.

—Y yo estoy devolviendo la pregunta.

—Eso no es justo.

—La vida rara vez lo es.

Valentina bebió café.

—Pensé en la canción.

—Yo también.

—Mentiroso.

—¿Por qué?

—Porque estabas pensando en mí.

Adrián se quedó mirándola durante un segundo.

—También.

Valentina sintió una pequeña presión en el pecho.

No era una declaración.

Ni siquiera había sido dicho con intención especial.

Pero precisamente por eso le afectó más.

—Bueno —dijo, mirando la pantalla—. Podemos fingir que hablamos de la canción.

—Podemos.

—¿Y si no quiero fingir?

Adrián guardó silencio.

Valentina tampoco añadió nada.

El momento pasó.

No porque ninguno quisiera romperlo, sino porque todavía no sabían qué hacer con él.

Adrián abrió la carpeta.

—Tenemos que terminar «Acostumbrarse».

—Sí.

—Y después revisar «Lo que elegimos conservar».

—Y pensar qué vamos a presentar el viernes.




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