El estudio estaba vacío.
Completamente vacío.
Valentina abrió la puerta y encendió las luces.
Durante unos segundos permaneció quieta.
Miró el piano.
El sofá.
La mesa donde habían dejado cientos de vasos de café.
Las hojas llenas de tachones.
Los cables.
El micrófono.
Todo parecía exactamente igual.
Y, al mismo tiempo, nada era igual.
El álbum había terminado.
No había otra canción pendiente.
No había una reunión urgente.
No había una fecha límite.
No había una excusa para que Adrián apareciera a las nueve de la mañana con dos cafés.
Valentina dejó el bolso sobre el sofá.
Se acercó al piano.
Pasó los dedos por una de las teclas.
Recordó la primera vez que había entrado allí.
Había llegado tarde.
A propósito.
Había pensado que aquel hombre sería insoportable.
Demasiado serio.
Demasiado correcto.
Demasiado diferente a ella.
Ahora sonrió al recordarlo.
La puerta se abrió.
—Buenos días.
Valentina se volvió.
Adrián estaba allí.
Con dos cafés.
Ella sonrió.
—Sabía que vendrías.
—¿Cómo?
—Porque no sabes llegar a ningún sitio sin café.
—Eso es cierto.
Le entregó la taza.
Ella bebió.
Sin azúcar.
—Gracias.
Adrián dejó la suya sobre el piano.
—¿Qué haces aquí tan temprano?
—No lo sé.
—¿Nerviosa?
—Un poco.
—¿Por el lanzamiento?
—No.
Él la miró.
—Entonces, ¿por qué?
Valentina señaló el estudio.
—Porque terminó.
Adrián entendió.
—Sí.
Ella se sentó.
—Es raro.
—Mucho.
—Pensé que cuando termináramos iba a sentirme libre.
—¿Y no?
—Sí.
—¿Entonces?
Valentina lo miró.
—También siento que me falta algo.
Adrián se sentó junto a ella.
—¿La música?
—No.
Ella lo miró.
—Tú.
Adrián sonrió.
No respondió inmediatamente.
—Eso también me pasa.
Valentina apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Qué mal.
—¿Por qué?
—Porque ahora no tenemos trabajo.
—Podemos encontrar otro.
Ella levantó la cabeza.
—¿Otro álbum?
—No necesariamente.
—¿Entonces?
Adrián pensó.
—Un café.
—Eso sí.
Salieron del estudio.
Caminaron hasta una cafetería cercana.
No había cámaras.
No había nadie esperándolos.
Pidieron café y se sentaron junto a una ventana.
Valentina miró la calle.
—¿Te das cuenta de que todo esto empezó porque la discográfica quería que escribiera canciones de amor?
—Sí.
—Y yo no quería.
—Lo recuerdo.
—Y ahora...
Ella dejó la frase incompleta.
Adrián la miró.
—Ahora quieres seguir.
—Sí.
—Eso no significa que tengas que convertirte en otra persona.
—Lo sé.
—¿Segura?
—Sí.
Valentina sonrió.
—De hecho, creo que aprendí algo.
—¿Qué?
#2121 en Novela romántica
• romance de desarrollo lento., • atracción progresiva., • diferencia de edad.
Editado: 03.10.2026