Entre Notas y Silencios

Lo que no hace falta decir.

A la mañana siguiente, Valentina llegó al estudio diez minutos antes de la hora.

No porque quisiera demostrar puntualidad.

Eso jamás.

Había otras razones.

Una bastante sencilla y otra que prefería no admitir.

Quería ver a Adrián.

La segunda razón era mucho más difícil de aceptar.

Entró al estudio con un café en una mano y el bolso en la otra.

La sala estaba vacía.

Frunció el ceño.

—Genial.

Dejó el café sobre el piano y miró el reloj.

Todavía faltaban diez minutos.

No había ninguna razón para molestarse.

Adrián llegaría.

Siempre llegaba.

Se sentó frente al piano.

Esperó.

Cinco minutos.

Nada.

Siete.

Nada.

Ocho.

Miró el teléfono.

No había mensajes.

—No seas ridícula —murmuró.

Se levantó.

Caminó hasta la ventana.

Volvió al piano.

Tomó el café.

Lo dejó.

A los diez minutos exactos, la puerta se abrió.

Adrián entró con una carpeta bajo el brazo.

—Buenos días.

Valentina lo miró.

—Llegas tarde.

Él comprobó la hora.

—Llego exactamente a la hora.

—Eso para mí es tarde.

—Tú llegaste diez minutos antes.

—No significa que tengas que hacerlo notar.

Adrián sonrió.

—Buenos días para ti también.

Valentina intentó no sonreír.

No lo consiguió.

—Trajiste mi chaqueta.

Adrián levantó una bolsa.

—Lo prometí.

Ella tomó la bolsa.

—Gracias.

No la abrió.

—¿No vas a comprobarla?

—Sé que está ahí.

—¿Cómo sabes?

—Porque confío en ti.

La frase salió tan natural que ambos se quedaron quietos.

Valentina sintió que algo había cambiado en el aire.

Adrián dejó la carpeta sobre el piano.

—Eso es nuevo.

—¿Qué?

—Que confíes en mí.

Ella lo miró.

—No te acostumbres.

—Demasiado tarde.

Valentina sonrió.

Sacó la chaqueta de la bolsa.

La sostuvo unos segundos.

Era la misma.

La que él había usado aquella noche.

La que había quedado en su apartamento.

La que había servido como excusa para que regresara.

—Huele a ti —dijo sin pensar.

Silencio.

Valentina cerró los ojos.

—Olvida que dije eso.

Adrián sonrió.

—No puedo.

—Haz un esfuerzo.

—Lo intentaré.

Ella se puso la chaqueta.

Le quedaba un poco grande.

Adrián la observó.

—Te queda bien.

—Me queda mejor que a ti.

—Eso es discutible.

—No lo es.

—Está bien.

Valentina se sentó.

—Trabajemos.

La mañana comenzó tranquila.

Repasaron la quinta canción.

Escucharon la versión grabada la noche anterior.

Corrigieron algunos detalles.

Adrián quería cambiar una progresión.

Valentina quería conservarla.

Discutieron durante veinte minutos.

Al final no cambiaron nada.

—¿Ves? —dijo ella—. Tenía razón.

—No exactamente.

—Sí exactamente.

—Solo acepté que funcionaba.

—Eso significa que tenía razón.

—Significa que la canción funciona.




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