Entre Notas y Silencios

Capítulo 25.

La sesión fotográfica estaba programada para las diez de la mañana.

A las nueve y cuarto, Valentina ya estaba arrepentida de haber aceptado.

Había demasiada gente.

Demasiadas luces.

Demasiadas personas diciéndole dónde poner las manos, cómo girar el rostro, cuándo sonreír.

—Un poco más relajada —dijo el fotógrafo.

Valentina lo miró.

—Estoy relajadísima.

Adrián, sentado a unos metros, soltó una risa.

Ella lo señaló.

—No te rías.

—No he dicho nada.

—Tu cara lo dijo.

El fotógrafo sonrió.

—Perfecto. Esa expresión.

Valentina frunció el ceño.

—¿Qué expresión?

—Esa.

—¿La de querer irme?

—Exactamente.

Adrián volvió a reír.

Después de varias fotografías individuales, llegó la parte que Valentina sabía que iba a odiar.

—Ahora juntos.

Los colocaron frente a un fondo oscuro.

—Acérquense.

Valentina dio un paso.

Adrián hizo lo mismo.

—Un poco más.

Ella murmuró:

—Si me acerco más, termino sentada sobre él.

Adrián respondió sin mirarla:

—Creo que el fotógrafo no está pidiendo tanto.

Ella tuvo que contener una sonrisa.

—Miren a la cámara.

Flash.

Otra fotografía.

—Ahora mírense entre ustedes.

Valentina giró la cabeza.

Adrián ya la estaba mirando.

Por un segundo olvidaron la cámara.

No fue una mirada intensa.

Ni dramática.

Fue simplemente la mirada de dos personas que se conocían un poco mejor que antes.

El fotógrafo capturó el momento.

—Eso.

Valentina apartó la vista.

—¿Ya?

—Una más.

La siguiente fotografía apareció en una pantalla.

Valentina la vio.

No parecía una pareja.

Pero tampoco parecían simples compañeros de trabajo.

Había algo difícil de explicar.

—No me gusta —dijo.

Laura apareció a su lado.

—Es perfecta.

—Precisamente por eso.

Laura sonrió.

—El público va a hablar.

Valentina suspiró.

—Ese es el problema.

Más tarde, mientras descansaban, Valentina revisó el teléfono.

Tenía decenas de mensajes.

Algunos sobre el álbum.

Otros sobre la entrevista.

Y otros sobre las fotografías.

Uno de los comentarios decía que Adrián parecía estar completamente enamorado de ella.

Otro aseguraba que la relación era una estrategia publicitaria.

Otro decía que Valentina estaba utilizando a Adrián para cambiar su imagen.

Cerró la aplicación.

—No leas eso.

Adrián estaba detrás de ella.

—¿Desde cuándo estás ahí?

—Desde que empezaste a hacer esa cara.

—¿Qué cara?

—La que haces cuando lees algo que te molesta.

Ella guardó el teléfono.

—La gente inventa demasiado.

—Sí.

—¿No te afecta?

—A veces.

—¿Y qué haces?

—Lo cierro.

—Eso es muy fácil para ti.

—No.

Adrián se sentó a su lado.

—Solo aprendí.

Valentina apoyó los codos sobre las rodillas.

—Yo todavía no.

Él no dijo nada.

Ella agradeció el silencio.

El problema llegó esa misma tarde.

Marcos apareció con una propuesta.

—Hay una colaboración.

Valentina ni siquiera levantó la mirada.

—No.




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