Crucé el umbral.
El patio de armas estaba desierto a esas horas. Solo quedaban las farolas, el rasca de la noche y las piedras del castillo, que rezumaban historia por cada grieta. Me planté en mitad del empedrado y dejé que el edificio me tomara la medida. Porque eso es lo que hacía Noctis: te miraba, te fichaba y te reconocía.
Y esta vez vio a alguien distinto.
Ya no estaba la niñata que llegó en octubre asustada de su sombra, con la cicatriz en carne viva y el mundo cayéndosele a pedazos. Ahora había algo mucho más asentado, más cortante y con menos fisuras. Justo lo que Sael decía que pasaba cuando la debilidad aprende a esconderse en las tripas.
Cael fue el primero en salir a recibirme.
Apareció desde el ala este con una cara que no le había visto nunca: se le olvidó poner su habitual sonrisa de jugador de póker. Fue solo un segundo de desconcierto real, pero ahí quedó antes de que volviera a ponerse la máscara.
—Llegas tarde —soltó.
—¿Tarde para qué?
—Para lo de Eryx —hizo una pausa—. Han puesto fecha para la vista la semana que viene.
—¿Qué vista?
—La que va a decidir qué hacen con él —me clavó los ojos—. Y el veredicto va a depender, en gran parte, de lo que salgas a decir tú.
Lo estuve estudiando un instante.
Tres meses fuera. Tres meses partiéndome el lomo para volverme más dura, más precisa y para dejar de actuar como una histérica. Y lo primero que me soltaba el castillo en la cara era que la papeleta que había dejado a medias en noviembre seguía teniendo consecuencias. Y que me tocaba volver a elegir.
—¿Quién sabe que he vuelto?
—De momento, solo yo —matizó—. En diez minutos, hasta el apuntador.
Asentí con la cabeza.
—Perfecto —miré hacia arriba, hacia las torres y los muros que me conocían mejor de lo que yo misma me conocería jamás—. Que se enteren todos de que he vuelto.
Cael me escaneó con una mirada nueva, con menos números en la cabeza y algo más parecido al respeto.
—Estás cambiada —dijo.
—Sí.
—¿Para mejor o para peor?
Me tomé un segundo para ser sincera conmigo misma.
—Más peligrosa —le respondí.
Y entré en el castillo.
Editado: 20.09.2026