Apenas pongo un pie en el boulevard, veo que está hirviendo de chicos, tanto que todos los bancos están ocupados y algunos están sentados en el borde de las jardineras de cemento que hay entre bancos.
El murmullo de las conversaciones y las risas me llega de todas las direcciones. Y la sensación de familiaridad me envuelve. Además, hoy hay mucha brisa y el sonido de los árboles al mecerse con el viento me encanta, es uno de los sonidos más relajantes que existen.
Voy tan distraída y sumergida en mis propios pensamientos y sensación de paz que, cuando siento que una mano me agarra fuerte de la muñeca, mi corazón da un salto, un frío baja por mi columna y mis vellos se erizan. ¿Mi primer instinto? ¡Lanzar un golpe!
Me detengo justo antes de clavar mi codo en las costillas de la persona que me agarró con fuerza, que no es otra más que Ana, quien, al ver mi reacción, se mueve con rapidez tratando de no ser golpeada.
—¡Pero qué salvaje! ¿Ibas a golpearme?
—Bueno, quién te manda a agarrarme así. ¡Me asustaste!
—Es que te estabas alejando de nosotras y ni siquiera te diste cuenta de que estábamos justo allí —dice, señalando hacia donde están las chicas.
—Podías haberme llamado.
—¡Duh! —pone los ojos en blanco—. ¿Qué crees que hicimos? Pero hoy andas en las nubes…
Al decir esto, vuelve a jalarme por la muñeca, esta vez más suave, y me arrastra hasta donde están las demás.
—¡Tienes que contarnos todo! —comenta cuando estamos acercándonos a las chicas.
—¿Por qué llegaste tan tarde? Estamos aquí desde las once esperando que llegaras… —dice una Dayana exasperada al ver que nos acercamos.
—¿Qué?
—Les dije que lo de venir muy temprano no era buena idea —Lili las mira tratando de parecer indiferente, lo que me parece gracioso porque sé que está igual de desesperada que las demás por saberlo todo—. Parece que se olvidaron de que eso de llegar temprano no va con Mady.
—Eso era antes… Desde que anda de novia con Joaquín, llega más temprano que nosotras. Por eso creí que hoy también lo haría.
—¿Pueden dejar de hablar como si yo no estuviera aquí?
—Pero a las once de la mañana era demasiado temprano, hasta para verse con Joaquín —continúan Liliana y Ana como si no me hubiesen escuchado.
—¿Hola?
—¡Ay, ya cállense! Estamos perdiendo tiempo de lo importante —les dice Dayana, impaciente, y luego me mira directamente—. Bueno, comienza a soltar la sopa…
—Pero, ¿qué?
—No vengas a hacerte la idiota, que hoy tengo un déficit de paciencia —me dice, poniendo los ojos en blanco. Quiero reírme, pero no creo que sea buena idea en este preciso momento—. Ya dinos, ¿qué tal fue conocer a tus suegros?
Todavía estoy pensando lo que voy a decir cuando nos interrumpen de nuevo.
—¿Mi primo te llevó a conocer a sus papás? —un Fabricio, visiblemente sorprendido, me mira desde el borde de la jardinera en la que está sentado, con un cuestionario de preguntas y respuestas porque está estudiando, esperando una respuesta de mi parte.
Una rama de uno de los rosales se engancha a su camisa y él tiene que luchar un poco para soltarse de la planta sin que lo pinchen las espinas. Luego su atención vuelve a mí.
—Espera tu turno, vaquero, nosotras llevamos casi 24 horas esperando para hacer las preguntas —le dice Dayana.
—¿Qué? ¿Ahora eres igual de chismoso que ellas? —le digo a Fabricio en broma, alargando el momento de responderles, solo para que pierdan un poco más la paciencia.
—Bueno, sí… Es que estoy sorprendido. Van muy rápido, ¿no crees?
—Eso deberías preguntárselo a tu primo…
—¿Qué tiene que preguntarme? —dice Joaquín, llegando a nuestro grupo.
Yo le sonrío, curiosamente divertida con toda esta situación, y cero nerviosa. Esto es nuevo para mí. Con Joaquín todo empieza a sentirse natural.
Él me da un abrazo y un beso rápido en los labios y voltea a ver al grupo de nuevo para entender de qué hablamos.
—¡Oh, no! No, no, no… No vas a venir tú también a interrumpir —le dice Dayana, torciendo los ojos a Joaquín, y yo esta vez sí me río.
—Bueno, estamos todos aquí esperando pacientemente que tu queridísima novia se digne a contarnos cómo le fue en tu casa ayer, con tu familia… —le dice Ana.
—¡A ver si da tiempo antes de que suene el timbre de inicio de clases! —Hasta Lili parece estar perdiendo la paciencia ya.
—¡Ah! Es sobre eso —dice Joaquín, sonriendo más animado—. Sí, Mady, queremos saber cómo te fue ayer conociendo a mis papás…
Este traidor, poniéndose de parte de los demás para que yo tenga que explicar todo delante de él. Ahora sí siento que se me están calentando las orejas y me arde la cara. Como que de repente está haciendo calor aquí…
—¡Bueno, ya! Me fue bien, ¿ok?
—¡Ah, no! Ni creas que he esperado tanto para que nos salgas solo con que «te fue bien» —dice Dayana, haciendo comillas con los dedos—. A mí me das detalles…
—¿Qué quieres que te diga? En serio me fue bien… O sea, me estaba muriendo de nervios cuando llegamos allá, casi me olvido hasta de respirar. Pero los papás de Joaquín son geniales.
—Pero ¿cómo fue todo? ¿Qué te dijeron, qué les dijiste…? ¿Se sorprendieron mucho cuando Joaquín les dijo que eras su novia? —Ana está tan intrigada que habla casi atropellando las palabras.
—La verdad es que… no parecían sorprendidos, o sea, un poco sí, pero más bien parecía que estaban esperando conocerme desde hace mucho…
—Eso es porque lo estaban esperando —me interrumpe Joaquín—. Les he hablado de ti desde mucho antes de que nos conociéramos oficialmente.
—¿De verdad?
—Sí…
—¡Ajá! Ya está bueno de cursilerías. Sigue contando, ¿qué hablaron? ¿Qué se siente tenerlos de suegros? —Dayana, como siempre, arruinando el momento.
—Sigue hablando, me interesa escuchar esto —me dice Joaquín, riendo. Yo pongo los ojos en blanco.
—¿Te interesaría escuchar cómo les cuento lo de los álbumes de fotos que tu mamá me mostró, y los comentarios sobre algunas fotos en específico?
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basada en hechos reales, romance juvenil., slow burn romance
Editado: 23.09.2026