La versión de mí que te amó

CAPÍTULO 28

Mi noche de ayer se fue super rápido. Hice algunos deberes pendientes, vi un capítulo de una serie con mi mamá y me fui temprano a dormir. Me sentía un poco rara, la verdad, mi cuerpo se sentía un poco pesado, con más sueño de lo normal.

Hoy amanecí con algo de malestar. Siento la cabeza pesada, como si estuviera en la playa y me hubiese entrado agua por la nariz. Los ojos me arden y los siento arenosos. Además de la molestia y picor en la garganta. Síntomas claros del comienzo de la gripe.

Aún sin muchas ganas, me arreglo para ir al colegio. No puedo perder el examen de hoy, por mucho malestar que tenga. Así que hago lo mejor que puedo con mi cabello y todo lo demás y me voy.

***

La primera hora se me ha hecho eterna. No sé ni cómo terminé mi examen, solo espero haber aprobado porque ando modo zombie. Entre el murmullo de mis compañeros, los lápices arrastrándose sobre las hojas y mi dolor de cabeza, mi cabeza se siente muy embotada. No veo la hora de que terminen las clases del día para poder irme a mi casa a tirarme en mi cama.

***

Apenas llega la hora libre, me voy directa a la terraza. Necesito descansar tranquila y ese es el lugar más cómodo. El aire fresco que entra se siente agradable sobre mi cara caliente.

Hoy no he visto a Joaquín, cuando llegué ya era la hora de entrar a clases y él ya se había ido a su salón. Así que decido enviarle un mensaje para decirle dónde estoy:

Holaaa😘 Me vine a la terraza, no me siento muy bien hoy…

*Mensaje de Joaquín*

Hola bella, ¿y eso? ¿Qué tienes? ¿Necesitas que te lleve algo para que te sientas mejor?

Su preocupación por mí me hace sonreír un poco a pesar del malestar. Por un momento, hasta se me olvida lo mal que me siento. Enseguida vuelvo a responderle:

No te preocupes, es solo gripe que me está comenzando.

*Mensaje de Joaquín*

En unos minutos voy para allá 😘.

Después de responderle, guardo mi teléfono y me recuesto en uno de los puff. Sin darme cuenta me voy quedando dormida. No sé cuánto tiempo ha pasado cuando siento una suave caricia en mi rostro. Abro mis ojos y me encuentro con la mirada preocupada de Joaquín.

—Hola, preciosa, te traje algo.

Me siento un poco adormilada todavía.

—¿Qué trajiste?

—Una pastilla para el malestar —dice entregándome una pequeña bolsita de papel de la farmacia—. Y te traje un jugo de manzana, sé que te gusta.

—¿Saliste del colegio para comprar esto? —pregunto sorprendida, porque en horarios de clase no tenemos permitido salir del colegio, las rejas permanecen cerradas, custodiadas por vigilantes.

—Sí, pedí un pase a la directora. Le expliqué por qué necesitaba salir, y cuando regresé, pasé a mostrarle la pastilla para que viera que era cierto.

Yo lo escucho en silencio, sin poder apartar la mirada de él. No puedo creer que se tomara la molestia de hacer eso por mí, aunque puede que para otro no sea nada, para mí, significa muchísimo su gesto. No sé ni qué decirle, además de darle las gracias, solo sé que no puedo dejar de mirarlo mientras aprieto con más fuerza la pequeña bolsita de papel con la medicina que tengo en mis manos.

Un sentimiento, que no sé cómo definir con palabras, comienza a llenar mi pecho solo de verlo. Y una sonrisa que no puedo evitar se dibuja en mis labios.

Me tomo la pastilla y mi jugo mientras él me observa. Veo que está un poco inquieto, casi podría decirse que está nervioso. Aunque no entiendo por qué. No me siento tan mal como para que esté tan nervioso por mí.

—Mmm, yo… he… te traje algo más.

Yo lo veo con sorpresa. ¿Qué más podría haber traído?

—Es que… bueno, yo… Hoy es nuestro primer mes de novios.

¿Qué? ¿Ya pasó un mes? ¡Dios mío! Yo ni siquiera sé qué fecha es hoy…

—¿De verdad? Yo, lo siento, no lo recordé. ¡Qué vergüenza contigo! Yo no te he traído nada…

—Sí, hoy ya es 4 de diciembre —me dice y sonríe tranquilamente—. No te preocupes. No estaba esperando que me trajeras algo. No es como si estuviéramos cumpliendo un año. Solo que… bueno, yo quería darte algo lindo.

Verlo así, sonrojado y nervioso, me causa mucha ternura. Mi corazón se acelera un poco por la emoción. Y mis manos se ponen un poco frías y temblorosas.

—Tenía pensado comprarte un ramo de flores pero, después de nuestra conversación sobre tu mamá, no me pareció muy discreto. Creo que no habría forma de que le expliques de dónde lo sacaste —dice y ríe, haciéndome imaginar la escena.

—¡No! No sabría cómo… —le digo sintiendo un poco de susto solo de imaginármelo.

—Lo sé. Por eso me lo pensé mejor y me decidí por algo más pequeño —al decir esto, saca de su mochila una bolsita de regalo de unos 15 cm. Se acerca a mí y me la extiende—. ¡Feliz primer mes!

Una sonrisa se forma en mis labios. Tomo la bolsita de regalo que me está entregando y siento el impulso de querer abrazarlo. Luego recuerdo que tengo gripe y me detengo.

—¡Te quiero abrazar! Pero te voy a contagiar mi gripe —le digo, haciendo un pequeño puchero con los labios.

—Eso no me importa, dame mi abrazo —me sonríe y se acerca para abrazarme.

Estoy emocionada y ni siquiera he visto el regalo, mi corazón está latiendo muy rápido. Pero, al abrazarlo, me doy cuenta que no es solo mi corazón el que late tan deprisa.

Llevo solo un par de segundos en ese cálido abrazo, cuando el delicioso olor de su perfume me envuelve. Un perfume que ya se ha vuelto familiar para mí. Pero cuando inhalo profundo, con la intención de extasiarme con su aroma, un estornudó fuerte y acuoso se me escapa justo sobre su hombro.

—¡Perdón! Qué vergüenza… —siento que me arde la cara, él se ríe y se aparta un poco. Solo lo suficiente para verme—. Si el abrazo no te iba a contagiar mi gripe, ahora con esto sí pasará.

—¡Oye, no te sonrojes! —me dice, y acaricia mis mejillas con sus manos—. No fue tu culpa, además, ya te dije que no importa si me contagio. Una gripecita no me va a matar. Pero abre tu regalo, quiero que lo veas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.