Ellen.
Buscar asesoría legal no es para nada fácil. Ni barato.
Así que he tomado la decisión de hablar personalmente con Joseph para aclara este tema, frente a frente.
Claro que, llamarlo o enviarle un mensaje me está costando bastante. Apenas pide presionar el botón de desbloqueo.
Escribí un mensaje y lo borré, escribí otro y lo borré. No tengo la más mínima idea de como hacer esto, después de todo soy yo quien no quiere volver a verlo, pero vernos en un tribunal es exactamente también lo que quiero evitar.
Después de casi cinco intentos de mensajes fallidos, escribí el mensaje correcto.
No lo envié. Dude.
Pero justo cuando mi dedo iba presionar el botón de enviar, una llamada de Xavier me entró directo.
¿Será una señal?
—Hola, Xavier—respondí
Enrique puso frente a mi batido proteínico favorito. Hace un día y medio a Vicky se le ocurrió que nos pusiéramos a dieta, y ahora Enrique me prepara estos deliciosas bebidas sin que sepan horrible.
—¿Qué tal, Ellen? ¿Cómo vas con la búsqueda de abogados?
—Mal ¿Cómo vas en tu departamento?
—Ahora estoy en el hospital, justo por eso te llamé—se escucho el ruido de una puerta—¿Cómo habías dicho que se llamaba ese chico del karaoke?
—¿Mateo?
—¿Y su apellido?
—No llegamos a esa parte, Xavi.
Suspiro al otro lado del teléfono.
—Vale, te llamé porque vi algo que quizá quieras saber.
—Suéltalo ya.
—Al empezar mi guardia hoy, le pedí a la enfermera de turno que me pasara todos los registros de ingresos de los últimos tres días, y justo la noche del karaoke ingreso un chico de unos Veintiséis años, llamado Mateo, inconsciente y sangrado nasal por golpes.
—Me estas diciendo que...
—Probablemente sea el mismo chico que conociste esa noche.
Mi corazón latió rápido ante la posibilidad de volver a ver a Mateo, no porque quiera continuar lo que dejamos ese día en el karaoke, sino para disculparme por lo que pasó, y honestamente llevo dos días preguntándome que fue de él.
—Su hermana y su cuñado están aquí desde ayer, ahora acaban de irse así que, si quieres venir a disculparte, este es tu momento.
—¡Por supuesto que sí!
Enrique me miró al escuchar mi voz, ya le estaba actualizando de mi vida antes de que Xavier llamara.
—Vale, no tardes, no se si vayan a volver pronto.
—Claro, te aviso cuando llegue.
Tome mis cosas, el batido verde y me despedí de Enrique prometiendo volver a contarle lo que esta pasando.
Al salir del lugar, mi cuerpo choca por el hombro con el de Prisco, quien comenzó a maldecir en voz baja.
Ni siquiera me quede a escucharlo, necesito ir a ver a Mateo y aunque sea disculparme por la horrenda golpiza que Prisco le puso.
Subí a mi jeep y me puse camino al hospital.
Honestamente no se que demonios tenía Prisco en la cabeza para hacer eso, se que estaba ebrio y fuera de sus cinco sentidos, pero ¿porque hacer semejante salvajada? . ¿Mateo qué tenía la culpa de que Prisco sea un imbécil agresivo qué no sabe controlarse?
Y aunque mi memoria intente recordar esa noche, no logro darle un motivo lógico a sus acciones.
Llegue al hospital en tiempo récord. Una vez a dentro, llame a Xavier para informarle que estoy aquí.
—Sube al piso cuarto—me dijo—. Salió de urgencias esta mañana y lo han trasladado a una habitación privada.
Entre al elevador, presione el botón del piso correspondiente.
—¿Qué habitación?
—Aun no se cual es, te veo en la recepción.
—Vale.
Colgué.
Sentí que el elevador tardó una eternidad en llegar al piso cuatro, en cuanto las puertas se abrieron vi a mi mejor amigo de pie, con su uniforme de médico puesto y una tablilla en las manos.
—Xavi—llegue hasta él—¿Dónde está?
—Déjame revisar—tomó un archivo del escritorio de la recepcionista—. En la habitación cuarenta y tres.
—Gracias—lo abrace—. Será rápido.
—Tienes suerte, esta despierto justo ahora y sus familiares aun no llegan.
Corrí hasta la habitación, y entre lo más discreta posible.
El olor a antiséptico inunda mis fosas nasales, y ahí, postrado en la camilla esta el chico. Las marcas de los golpes de Prisco son demasiado evidentes, tanto que hasta creo que tiene parte de la sien tan hinchado que sé le ha deformado un poco el rostro.
Me acerco a pasos lentos a la camilla.
Abre los ojos clavándolos en el techo hasta que escucha mis pasos y fija la vista en mi.
El parpadeo un poco hasta enfocarme del todo con su ojo que no está hinchado.
—Hola—solté con una sonrisa tensa—. Probablemente no recuerdas quien soy, pero...
—Ellen—murmura con la voz ronca.
—Sí, soy yo—me detuve a una distancia prudente
—Es imposible olvidar ese color de cabello—murmura formando una pequeña sonrisa—. Creí que no te volvería a ver nunca más.
—Mi mejor amigo trabaja en este hospital y me dijo que estabas aquí—explique sin saber por qué—. Solo quería saber si estabas bien, y disculparme por lo que pasó.
—¿Disculparte por qué? No conocías a ese chico—soltó un quejido pequeño de dolor.
¿Sería prudente decirle que el chico que lo mandó al hospital es mi vecino?
—Bueno es que, casi te matan por mi culpa.
—No fue tu culpa.
En parte si es mi culpa. Si no hubiera aceptado ir a con Sabrina y Prisco esto jamás le hubiera sucedido.
—Lo siento mucho—musite—. Trate de quitártelo de encima, pero...
—A ti también te golpe—completo por mi.
—Me empujo un par de veces—Asentí.
Aunque técnicamente no me golpeó como a él, mi cuerpo si tiene un par de hematomas en la parte de la espalda baja. El golpe de la meta dejó una marca un poco dolorosa.
Mateo se incorporó, de inmediato me moví para ayudarle a sostenerse, y colocar una almohada detrás de su espalda.
—Gracias—sonríe.
Sostuvo mi mano más tiempo del que debía hacerlo, y tome asiento a un lado de sus piernas.
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Editado: 18.09.2026