—Un paso en falso y las cadenas que lo retienen se soltaran si has dañado a su angel.
Draven Sokolov.
—Caius —saludo acomodando las solapas del traje—, ¿Qur tal tu gran activo?, siente hay mucho que ofrecer.
Sus ojos nos escanean, Ethan lo saluda riendo. Bebe agua para mirar a Hendrick, su rostro vuelve a su semblante inescrutable.
—Un gusto muy grande —murmura viendo como toma asiento frente a nosotros—. En sus sueños es un gusto.
Aunque ya me lo esperaba Ethan siempre sera una sorpresa, Caius lo mantiene en su mira. Él no se parece en nada a su padre o hermanos, es más callado, serio, tanto como si quisiera ser una sombra. Dejo que la sonrisa que estaba guardando con el comentario de Ethan tire de las comisuras de mis labios.
—Habla, no tengo todo el día —apresura cruzando sus brazos.
—Entonces lo tendrás, no viaje más de doce horas solo para cinco minutos de tu tiempo —la gracia de su voz ha desaparecido, Ethan se mantiene vigilando cada uno de sus movimientos.
Se levanta acercándose a Caius, con una sonrisa abarcando todo su rostro, pero está no es tranquila tiene algo oculto tras la pequeña risa que se le escapa. Es como si Caius hubiera entrado en su propiedad a punto de robar lo que más le importa, como si quisiera asfixiarlo con solo su mirada.
Cómo si hubiera entrado en el campo de tiro si su permiso.
—Puedes ser muy bueno en lo que haces, polison —inclina su cabeza su cabeza sin parar de caminar a su alrededor—. Pero tú, tu eres excepcional. Eres como el regalo tan esperado de un niño en navidad.
Su risa llena el lugar vacío, lo trabajadores se esconden tras lo que encuentran, Muevo mi mano y Hendrick se acerca rápido a él, siguiendo cada uno de sus pasos tan cerca que parece que lo quiere dejar en el suelo.
Estiró mi mano a la mesa agarrando el jugo, dando un sorbo. Deseando estar en otro lugar.
—Dejame decirte algo, Caius —empujo el vaso lejos de mis labios dejándolo caer al suelo viendo como se fragmenta—. Sabes cómo esconderte, lo admito. Pero no sabes ser discreto, puedes parecer serio, callado. Eh intentar estar fuera del radar.
Sonrio sin dejar de ver el vidrio; el jugo recubre la mayoría de los pedazos, recordándome a la sangre con su color carmín, la imagen de la noche del secuestro llegan a mi haciéndome reír un poco más fuerte.
—Yo encontraré el agujero en el que te escondes, sea de ratón o de conejo. La madriguera siempre va a estar a mi Merced.
Levanto mi vista evaluando su rostro, sonríe moviendo su pie ansioso, la falta de sus palabras insentiva a Ethan, Pero antes de que ponga sus manos en su cuello Hendrick se apresura y lo detiene.
—Basta, Ethan —la sonrisa en su rostro va desapareciendo.
Ethan se suelta de Hendrick acercándose a su lugar de nuevo, en silencio con su mano en la daga detrás de su arma. Se queda a medias cuando Caius se ríe, pero se deja caer al ver que solo se recuesta más en el sillón. Se dejan caer para tener una mejor vista de él.
Yo en cambio, me levanto recogiendo un pequeño pedazo de vidrio que quedó en mi regazo.
—Rechazo todas tus ofertas Draven, Katia sigue siendo algo... Algo valiosa.
—Te lo dije Caius, te lo dije hace tiempo, quien rechaza el infierno una vez no lo hace dos veces.
Agarró su mano acomodando el cristal en la mía, posicionandola sobre la ya cuadrada herida en mi palma, presiono viendo sus pupilas dilatarse, la sonrisa boba no se va. Me alejo rasgando más su palmas.
Siento la sangre goteal de mi mano, pero no me permito bajar la vista al ver cómo se levanta de su asiento, acomodando su traje empapandolo de sangre.
—Sabes —se rie luego de hablar, seco, sin gracia real—. Me parece divertido que creas eso.
Me mantengo en la misma posición cuando se acerca, sus ojos se mueven rápido y en secuencia. Espero que siga hablando pero no dice más solo juega con sus ojos. Su postura rígida mantienen a su cuerpo alerta de cualquier movimiento fuera de la burbuja que el ha creado para su solo.
Me acerco con un solo paso levantando mi mano de nuevo dando suaves palmadas en su mejilla llenado la de sangre.
—Y a mi me divierte que pienses que yo solo amenazó. Ya te ofrecí el infierno muchas veces como para que rechaces el paraíso que te ofresco.
Sus ojos se abre rápido, el color desaparece de su rostro, su boca se abre y deja salir sangre. Su cuerpo se desploma poco después. Ethan está parado, solo ahí.
—No pensé que muriera tan rápido.
Katia Ivanov.
Rebuscó en los papeles, las letras parecen dispesarce, informes médicos, recetas y medicinas para un trastorno mental de que inusualmente aparece a mi nombre. Pero se que no es mío ese informe, las prescripciones medicas contradicen mis pensamientos.
He matado a todos los que cuidan la casa, Caius escondió mi pasaporte para que no escapara.
Vales, vales mucho con tus locuras y sin ellas—pense que lo decía porque me amaba.
Pero que tarde me di cuenta de que solo me quería para ganar dinero de mi padre, dinero que dejo de recibir hace exactamente un año, el mismo año en el que me empezó a medicar para mantenerme al "margen". Al margen para hacer lo que quisiera conmigo.
Y yo, le creía. Tan ciega estaba por los medicamentos que nublaban mi mente, ahora necesitaba salir del complejo. Anahí murió, o eso dijo él, pero también dijo que debía tenerle miedo a los muertos y a los vivos.
El sonido de un golpe lejano resuena en el silencio de la casa, dejo los papeles regados en el escritorio bajando las cortinas tan rápido como mi cuerpo adicto me lo permite, no puede ser Caius, siempre que sale regresa días después.
Me agachó bajo el escritorio arrastrando la silla intentado cubrir mi figura cuando una sombra se marca en la cortina casi transparente, la ubicación era segura.
Editado: 01.10.2026