Latir Contra el Contrato

El enemigo dentro

El video de Verónica se volvió tendencia durante casi dos días completos, generando una nueva oleada de titulares que Victoria se obligó a dejar de leer por su propia salud mental. Adrián, por su parte, se había encerrado en un silencio distinto al habitual: no la distancia calculada de siempre, sino algo más tenso, más preocupado, que Victoria no lograba asociar del todo con el escándalo mediático.

Lo encontró una tarde en su despacho, rodeado de carpetas abiertas sobre el escritorio, con expresión de quien lleva horas sin levantar la vista de un problema que se niega a resolverse.

—¿Puedo pasar? —preguntó desde la puerta, recordando que aquel seguía siendo, técnicamente, un territorio prohibido.

Adrián levantó la vista, y por un instante pareció dudar antes de hacerle un gesto para que entrara.

—Adelante.

Victoria se acercó, notando la tensión en sus hombros, las ojeras que empezaban a marcarse bajo sus ojos grises.

—¿Qué está pasando?

—Nada de lo que debas preocuparte.

—Adrián.

Él suspiró, cerrando una de las carpetas con más fuerza de la necesaria.

—Hemos detectado movimientos extraños en los sistemas de la empresa. Información confidencial sobre negociaciones en curso apareciendo en manos que no deberían tenerla. Competidores adelantándose a ofertas que solo un puñado de personas conocían.

—¿Alguien está filtrando información?

—Eso parece. —Adrián se pasó una mano por el rostro, un gesto que Victoria ya reconocía como señal de agotamiento genuino—. El problema es que la lista de personas con acceso a esos datos es reducida. Y eso significa que la filtración viene de alguien muy cercano.

—¿Sospechas de alguien en particular?

Adrián guardó silencio un momento, y Victoria pudo ver el conflicto cruzando su expresión, como si sopesara cuánto podía compartir con ella todavía.

—Prefiero no especular sin pruebas.

—Pero tienes una sospecha.

—Tengo varias. Ninguna que pueda demostrar todavía.

Victoria se sentó frente a él, decidida a no dejar que la evasiva quedara ahí.

—Déjame ayudarte.

—¿Ayudarme cómo?

—Soy abogada especializada en fusiones empresariales, Adrián. He pasado años revisando contratos, detectando irregularidades, siguiendo el rastro del dinero en negociaciones mucho más complicadas que la mayoría. Si alguien está filtrando información desde dentro, puedo ayudarte a encontrar el patrón.

Adrián la observó largamente, con una expresión que mezclaba gratitud con una cautela que Victoria no terminaba de entender del todo.

—Es información sensible.

—Soy tu esposa. Legalmente, al menos. —Se sorprendió a sí misma al pronunciar la palabra sin el sarcasmo habitual—. Y aunque este matrimonio empezó como un acuerdo, no significa que no pueda ofrecerte algo útil además de mantener las apariencias en público.

Algo se suavizó en el rostro de Adrián, aunque la duda seguía presente en sus ojos.

—No es que no confíe en tu capacidad, Victoria. Es que confiar en alguien con este tipo de información, después de descubrir que una persona cercana me está traicionando, no es algo que pueda tomar a la ligera.

Las palabras le dolieron más de lo que hubiera esperado, aunque entendía perfectamente la lógica detrás de ellas.

—Entiendo.

—No es nada personal.

—No hace falta que te expliques, Adrián. Apenas llevamos unas semanas conociéndonos de verdad. Es razonable que dudes.

Se levantó para marcharse, pero la voz de Adrián la detuvo antes de que alcanzara la puerta.

—Espera.

Victoria se giró, encontrando una expresión distinta en su rostro, como si algo en su interior hubiera terminado de decidirse.

—¿Sí?

—Tienes razón. Necesito ayuda, y eres la persona más capacitada que conozco para esto. —Le indicó la silla frente al escritorio—. Pero necesito que lo que veas aquí quede exclusivamente entre nosotros. Ni Nicolás, ni Elena, nadie más.

—Por supuesto.

Adrián deslizó hacia ella una de las carpetas, abriéndola para mostrar una serie de correos electrónicos, registros de acceso y documentos financieros marcados con anotaciones en tinta roja.

—Estos son los movimientos que hemos detectado en los últimos dos meses. Cada vez que estamos cerca de cerrar una negociación importante, algún competidor aparece con una oferta casi idéntica, adelantándose por horas o incluso minutos.

Victoria examinó los documentos con atención, su mente legal activándose de inmediato ante el desafío del rompecabezas.

—¿Quién tiene acceso a estos sistemas?

—El equipo directivo. Mi asistente personal. Nicolás, en su rol de asesor legal. —Adrián hizo una pausa, y Victoria notó cómo se le endurecía la voz antes de continuar—. Y Sebastián, como vicepresidente de operaciones.

—¿Sospechas de tu primo?

—Prefiero no adelantarme a ninguna conclusión. Pero Sebastián tiene motivos, si las cosas con el testamento no salen como él esperaba.

Victoria recordó de golpe la conversación que había escuchado semanas atrás en la gala, las palabras exactas de Sebastián sobre "una grieta lo bastante grande" y la respuesta calculada de Verónica ofreciéndose a ayudar a crearla. El impacto la golpeó con tanta fuerza que se quedó momentáneamente sin palabras.

—Adrián, hay algo que debí contarte hace semanas.

Él levantó la vista, alerta ante el cambio en su tono.

—¿Qué?

—En la primera gala familiar, después de que Verónica te besara, escuché una conversación entre ella y Sebastián. Hablaban sobre hacer que nuestro matrimonio fracasara antes de que se cumplieran los doce meses, para invalidar el testamento. Sebastián decía que solo necesitaba "una grieta lo bastante grande", y Verónica respondió que podía encargarse de crearla.

El rostro de Adrián se transformó por completo, la sorpresa dando paso rápidamente a una furia contenida que Victoria pocas veces le había visto.




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