Latir Contra el Contrato

Elegir a quién salvar

La residencia principal de los Devereux estaba rodeada de patrullas policiales cuando finalmente llegaron, las luces rojas y azules parpadeando contra la fachada clásica del edificio que Amelia había habitado durante décadas. El mayordomo los recibió en la entrada, todavía visiblemente conmocionado, guiándolos hacia el jardín trasero donde los oficiales examinaban la puerta forzada y las señales de forcejeo cerca del invernadero.

—No hay ninguna nota, ningún mensaje —informó el oficial a cargo, tras revisar la escena con su equipo—. Quien se la llevó fue extremadamente cuidadoso en no dejar rastros que pudieran identificarlo con facilidad.

Adrián recorría el jardín con una tensión contenida que Victoria reconocía como el límite exacto de su autocontrol, cada músculo de su cuerpo tenso mientras examinaba cada detalle de la escena, buscando cualquier pista que la policía pudiera haber pasado por alto.

Fue su propio teléfono el que finalmente rompió aquel silencio angustiante, vibrando con una llamada de un número desconocido que, de inmediato, todos supieron que no podía ser coincidencia.

—Adrián Devereux —contestó, con una calma forzada que apenas lograba disimular el terror que sentía por dentro.

—Buenas noches, señor Devereux. —La voz al otro lado de la línea era serena, cultivada, con el tono de alguien completamente acostumbrado a ejercer control absoluto sobre cualquier situación—. Supongo que ya se dio cuenta de que su abuela está conmigo.

—Alcázar. —El nombre salió de la boca de Adrián cargado de una furia que apenas lograba contener—. Si le has hecho daño...

—Su abuela está perfectamente bien, por el momento. —La voz permaneció impasible ante la amenaza implícita—. Y seguirá así, siempre y cuando usted esté dispuesto a cooperar con lo que voy a pedirle a continuación.

Victoria se acercó, activando discretamente la función de altavoz en el teléfono de Adrián para que Nicolás, que ya se dirigía hacia ellos, pudiera escuchar la conversación completa cuando llegara.

—¿Qué quieres? —preguntó Adrián.

—Es muy simple. Quiero que el expediente que presentaron ante la fiscalía desaparezca. Todas las pruebas, cada documento, cada testimonio. Quiero una retractación pública de las acusaciones que hizo durante su conferencia de prensa. Y quiero que Ernesto Beltrán, si sobrevive a las heridas que sufrió, se retracte también de cualquier declaración que pretenda hacer.

—Eso es imposible. El caso ya está en manos de la fiscalía, ya no depende exclusivamente de nosotros.

—Sugiero que encuentre la forma de hacerlo posible, señor Devereux. —La voz de Alcázar se endureció ligeramente, la primera grieta visible en su fachada calmada—. Tiene veinticuatro horas. Si para entonces no he recibido confirmación de que todas las pruebas fueron destruidas y las acusaciones retiradas, su abuela pagará las consecuencias de su negativa.

La llamada terminó abruptamente, dejando un silencio pesado que se extendió por el jardín como una losa invisible.

—No podemos hacer eso —dijo Nicolás, que había llegado justo a tiempo para escuchar la parte final de la conversación—. Destruir el expediente significaría abandonar por completo cualquier posibilidad de que la justicia se haga. Y ni siquiera existe garantía de que, una vez que cumplan sus exigencias, Alcázar libere a Amelia sin consecuencias.

—Lo sé. —La voz de Adrián sonó rota, cargada de una angustia que Victoria rara vez le había visto expresar tan abiertamente—. Pero es mi abuela, Nicolás. La única familia que me queda. No puedo simplemente sacrificarla por una investigación, sin importar cuán importante sea.

—Adrián. —Victoria tomó su mano, obligándolo a mirarla directamente—. Entiendo tu miedo. Lo entiendo profundamente, porque yo también sentí ese mismo terror cuando pensé que podría perder a mi padre para siempre. Pero destruir las pruebas no garantiza la seguridad de Amelia. Solo garantiza que Alcázar salga completamente impune, libre para hacer lo que quiera con ella de todas formas, sin ninguna consecuencia legal que lo detenga después.

—¿Qué otra opción sugieres? —La desesperación en la voz de Adrián era palpable—. ¿Que arriesguemos su vida por seguir adelante con el caso?

—Sugiero que le hagamos creer que estamos cumpliendo sus exigencias, mientras diseñamos un plan para rescatarla sin ceder absolutamente nada. —Victoria sostuvo su mirada con una determinación firme—. Alcázar necesita creer que ganó, al menos temporalmente, para que baje la guardia lo suficiente como para que podamos localizarla y actuar.

Nicolás asintió, procesando rápidamente las implicaciones de aquella estrategia.

—Podemos preparar una copia falsa del expediente, algo que parezca convincente si Alcázar exige pruebas de que fue destruido, mientras el original permanece completamente intacto y seguro. —Sacó su teléfono, ya empezando a coordinar mentalmente los detalles logísticos—. En cuanto a la retractación pública, podríamos preparar un comunicado ambiguo, que satisfaga superficialmente sus exigencias sin comprometer legalmente el caso ya presentado ante la fiscalía.

—¿Y cómo localizamos dónde tiene retenida a Amelia? —preguntó Adrián, la esperanza asomándose cautelosamente entre la angustia que todavía dominaba su expresión.

—Rastreando la llamada —dijo Victoria—. Alcázar es cuidadoso, pero nadie es perfecto. Si mantenemos la conversación abierta el tiempo suficiente, quizás logremos triangular su ubicación aproximada.

El equipo de seguridad de Adrián trabajó durante las siguientes horas con una eficiencia silenciosa, preparando cada elemento del engaño con el cuidado meticuloso que la situación exigía. Nicolás elaboró un comunicado de prensa cuidadosamente redactado, que parecería retractarse de las acusaciones más graves contra Alcázar sin comprometer legalmente el expediente ya presentado ante la fiscalía, aprovechando tecnicismos legales que solo alguien con su formación podría diseñar con tal precisión.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.