Latir Contra el Contrato

La promesa

El dolor apareció horas después de que la adrenalina del ataque finalmente cediera.

Victoria estaba en la biblioteca, todavía procesando junto a Adrián y Nicolás el hallazgo del reloj con el escudo de los Alcázar, cuando sintió una punzada aguda en el costado que la hizo llevarse la mano al lugar exacto donde el hombre la había sujetado durante el forcejeo. Al retirar la mano, descubrió una mancha de sangre que había empapado silenciosamente parte de su blusa, sin que ella se hubiera percatado hasta ese momento.

—Victoria. —La voz de Adrián se cargó de una alarma inmediata al notar la sangre—. ¿Por qué no dijiste nada?

—No lo sentí hasta ahora. —Ella misma se sorprendió al descubrir la herida, un corte no muy profundo pero evidentemente causado por algún objeto cortante durante el forcejeo, quizás un anillo o alguna hebilla del atacante—. Con todo lo que pasó, supongo que no me di cuenta.

—Necesitas que te vea un médico.

—Es superficial, Adrián. No es para tanto.

—No voy a discutir esto. —Su tono no dejaba espacio para réplica, aunque la preocupación genuina detrás de la firmeza suavizaba cualquier posible resistencia de Victoria—. Llamaré al médico de la familia ahora mismo.

El médico llegó menos de media hora después, confirmando que la herida, aunque requería algunos puntos de sutura, no representaba ningún peligro real más allá del susto y la incomodidad temporal. Limpió y cerró el corte con profesionalismo eficiente, recetó analgésicos suaves para el dolor, y se marchó recomendando reposo durante los siguientes días.

Adrián no se apartó de su lado durante todo el proceso, sosteniendo su mano con una firmeza silenciosa mientras el médico trabajaba, su expresión tensa reflejando una preocupación que iba mucho más allá de lo que cualquier protocolo de seguridad exigiría.

—Deberías descansar —dijo Victoria, una vez que el médico se hubo marchado, notando el cansancio evidente en el rostro de Adrián—. Ha sido una noche larga para los dos.

—No pienso irme a ningún lado.

—Adrián, estoy bien. La herida es superficial, el médico lo confirmó.

—No se trata de la herida. —Se sentó en el borde de la cama, tomando su mano de nuevo con una delicadeza que contrastaba con la tensión de sus hombros—. Se trata de que hace apenas unas horas estuve a punto de perderte, Victoria. Y no voy a dejarte sola esta noche, aunque tenga que sentarme en esa silla hasta el amanecer.

Victoria sintió que algo en su pecho se ablandaba ante aquella determinación, la vulnerabilidad genuina que Adrián dejaba entrever cada vez con menos reservas desde aquella noche del apagón.

—Puedes acostarte aquí, si quieres. —Las palabras salieron antes de que Victoria terminara de pensarlas del todo, aunque no sintió ningún deseo de retirarlas—. La cama es lo suficientemente grande, y después de todo lo que pasó hoy, no quiero estar sola tampoco.

Adrián la miró un instante, como si necesitara confirmar que había escuchado correctamente, antes de asentir y quitarse los zapatos, acostándose junto a ella con un cuidado extremo para no rozar la herida recién suturada.

Se quedaron así un largo rato, en silencio, la habitación iluminada apenas por una lámpara de mesa que proyectaba sombras suaves sobre las paredes. Victoria sentía el calor de la presencia de Adrián junto a ella, un consuelo que no había esperado necesitar tan profundamente hasta que el terror de aquella tarde había amenazado con arrebatarle todo.

—Adrián —dijo finalmente, rompiendo el silencio—, cuando me encontraste en ese callejón, ¿qué fue lo primero que pensaste?

Él guardó silencio un momento, como si buscara las palabras exactas para describir algo que todavía le costaba procesar del todo.

—Pensé que había fallado. Que todas las precauciones que había tomado, toda la vigilancia, toda la seguridad adicional, no habían sido suficientes para protegerte. —Su voz se quebró ligeramente—. Y pensé que, si te perdía esa noche, no habría forma de recuperarme jamás de esa pérdida.

—No es tu responsabilidad protegerme de todo, Adrián.

—Sí lo es. —Se giró hacia ella, su expresión cargada de una intensidad que Victoria no le había visto antes, ni siquiera durante el beso que habían compartido semanas atrás—. Porque te amo, Victoria. Y cuando amas a alguien de esta forma, protegerlo deja de ser una obligación contractual o incluso una elección consciente. Simplemente se convierte en la única cosa que tiene sentido hacer.

La confesión quedó suspendida entre ambos, la primera vez que cualquiera de los dos pronunciaba aquella palabra en voz alta, sin ambigüedades, sin la protección de metáforas o insinuaciones que permitieran retractarse después.

Victoria sintió que el corazón le daba un vuelco tan profundo que por un instante olvidó completamente el dolor de la herida, cualquier rastro de miedo residual disolviéndose ante la certeza absoluta de aquellas palabras.

—Yo también te amo —dijo, sin ninguna vacilación, sintiendo que aquella confesión llevaba semanas esperando el momento adecuado para salir—. Y me aterra un poco, considerando todo lo que está pasando, pero es la verdad más clara que tengo en este momento.

Adrián levantó una mano, apartando con delicadeza un mechón de cabello del rostro de Victoria, el mismo gesto tierno que había marcado el inicio de todo lo que compartían durante el corte de electricidad en Ginebra, aunque esta vez cargado de una certeza que no dejaba espacio para dudas.

—Te prometo algo, Victoria. —Su voz sonó firme, cargada de una determinación que ella sintió resonar en lo más profundo de su ser—. Jamás voy a volver a dejarte sola frente a un peligro como el de hoy. Sin importar lo que Alcázar intente, sin importar cuánto poder tenga, voy a estar ahí, protegiéndote, hasta que esta amenaza termine por completo.

—No puedes prometer que nada malo volverá a pasar.

—No estoy prometiendo eso. —Una sonrisa pequeña, cargada de honestidad, cruzó su rostro—. Estoy prometiendo que, pase lo que pase, no vas a enfrentarlo sola. Nunca más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.