Latir Contra el Contrato

Lo que nunca encajó

La fotografía cambió algo entre ellos, aunque ninguno supo nombrarlo con exactitud durante los días siguientes. Adrián se había mostrado dispuesto, por primera vez, a compartir fragmentos de lo que sabía sobre la relación entre ambas familias, aunque insistía en que necesitaba confirmar ciertos detalles antes de revelarlo todo.

—No quiero darte información incompleta sobre algo tan importante —le había dicho la noche anterior—. Mereces la verdad entera, no fragmentos que solo generen más preguntas.

Victoria, impaciente por naturaleza y todavía más impaciente después de descubrir la firma falsificada, decidió que no podía esperar indefinidamente. Llamó a Elena esa misma mañana, decidida a avanzar por su cuenta mientras Adrián terminaba de reunir el valor para contarle lo que sabía.

—Necesito tu ayuda con algo delicado —le dijo, apenas su amiga cruzó la puerta de la biblioteca—. Y necesito que sea completamente confidencial.

Elena, con su instinto de periodista de investigación siempre alerta, se sentó de inmediato, dejando el bolso a un lado.

—Cuéntame todo.

Victoria le mostró los documentos que había encontrado en la carpeta de Meridian, la firma que no correspondía a la de su padre, la fotografía del abuelo de Adrián junto a Gabriel Salvatierra, sonriendo como socios genuinamente unidos. Elena examinó cada pieza con la misma meticulosidad que aplicaba a cualquier investigación periodística, tomando notas, comparando fechas, señalando inconsistencias que a Victoria se le habían escapado en su primera revisión.

—Esto es mucho más grande de lo que imaginas —dijo Elena finalmente, con expresión seria—. Si la auditoría independiente existió realmente, y si tu padre nunca la firmó, alguien construyó un caso judicial completo sobre pruebas manipuladas. Eso no es un simple error administrativo, Victoria. Es fraude procesal.

—¿Puedes ayudarme a investigar quién estuvo involucrado?

—Puedo intentarlo. Tengo contactos en el archivo judicial, y algunos excompañeros que cubrieron el caso en su momento. —Elena guardó los documentos con cuidado—. Dame unos días.

La investigación de Elena avanzó con una rapidez que sorprendió a ambas. En menos de una semana, había reunido copias de los expedientes judiciales originales, testimonios de la época que jamás habían llegado a hacerse públicos, y una lista de nombres que aparecían mencionados de forma tangencial en los márgenes del caso, sin haber sido nunca investigados a fondo.

—Mira esto —dijo, extendiendo un documento sobre la mesa de la biblioteca durante su siguiente visita—. Es una declaración de un contador que trabajó para Meridian en esa época. Nunca fue citado a testificar en el juicio, a pesar de que su nombre aparece en los registros de nómina como responsable directo de las cuentas que supuestamente tu padre falsificó.

—¿Por qué nunca lo citaron?

—Esa es exactamente la pregunta que me hice yo también. —Elena bajó la voz, aunque estaban completamente solas—. Investigué un poco más, y descubrí que ese contador dejó el país apenas dos semanas después de que estallara el escándalo. Se mudó a Portugal, cambió de profesión, y nunca volvió a trabajar en finanzas.

Victoria sintió que el pulso se le aceleraba.

—Eso suena a alguien que huyó de algo.

—O a alguien a quien le pagaron para desaparecer. —Elena sacó otro documento—. Y hay algo más. Revisé los movimientos de la junta directiva de Meridian en los meses posteriores al escándalo. Alguien compró una participación considerable de la empresa apenas semanas después de que tu padre fuera acusado, aprovechando el desplome del valor de las acciones.

—¿Quién?

Elena dudó un instante antes de responder, como si supiera que el nombre que estaba a punto de pronunciar cambiaría algo fundamental en la investigación.

—Una compañía llamada Alcázar Holdings.

El apellido resonó en la mente de Victoria con una claridad inmediata.

—Verónica.

—O alguien de su familia, al menos. —Elena asintió—. La empresa está registrada a nombre de su padre, pero Verónica figura como una de las principales beneficiarias desde hace años.

Adrián recibió la noticia esa misma tarde con una expresión que oscilaba entre la sorpresa y una furia contenida que Victoria rara vez le había visto exhibir tan abiertamente.

—Alcázar Holdings —repitió, procesando la información—. Eso explicaría por qué Verónica siempre ha tenido tanto interés en mantenerse cerca de esta familia, más allá de cualquier sentimiento romántico genuino.

—¿Crees que ella estuvo involucrada en lo que le pasó a mi padre?

—No lo sé con certeza todavía. Pero si su familia se benefició directamente del colapso de Meridian, no sería descabellado pensar que tuvieron algún tipo de participación en orquestarlo.

La investigación, sin embargo, no pasó desapercibida durante mucho tiempo. Apenas dos días después, Nicolás llegó a la mansión con expresión preocupada, interrumpiendo una reunión de trabajo entre Adrián y Victoria.

—Sebastián estuvo preguntando en el archivo judicial sobre quién había solicitado copias del expediente de Meridian —anunció, sin preámbulos—. El funcionario que las procesó es amigo mío, y me avisó de inmediato.

—¿Sabe que fuimos nosotros? —preguntó Victoria, sintiendo que el estómago se le tensaba.

—Sospecha que sí. Y no se veía nada contento con la idea.

Adrián se levantó, caminando hacia la ventana con la mandíbula tensa.

—Si Sebastián está tan nervioso por que investiguemos el caso de tu padre, eso confirma que está más involucrado de lo que hemos podido probar hasta ahora.

Esa misma noche, mientras Victoria se preparaba para dormir, escuchó voces en el pasillo: Adrián hablando en susurros con alguien, con un tono de autoridad que ella no le había escuchado usar hasta ese momento. Se asomó discretamente y encontró a dos hombres de aspecto serio, vestidos con trajes oscuros, conversando con él junto a la puerta principal.




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