Al Ritmo Del Hielo

CAPÍTULO 21

Raelynn

Sábado, 22 de diciembre de 2029

Iniciar una nueva etapa en tu vida, a veces, es muy complicado y da miedo.

La nueva temporada de patinaje no se quedaba atrás. La gente empieza a tener muchas expectativas sobre ti y comienzas a sentir esa presión sobre tus hombros.

Aun así, mi sorpresa fue quedar segunda en el Challenger Series, llevándome esa preciada medalla de plata y mejorando mi mejor posición respecto a la temporada pasada.

También conseguí la medalla de bronce del Skate Canada y la plata en el NHK Trophy en Japón. Logré clasificarme para la final del Grand Prix, pero no conseguí entrar en el top, quedándome a las puertas con un cuarto puesto.

Y aun así... no me bastaba.

La temporada siguiente no iba a fallar o, al menos, eso fue lo que les dije a los periodistas en el aeropuerto.

— Has empezado esta temporada de una manera increíble.

Me encontraba sentada en el sillón del salón de la casa de mis padres, mirando la pantalla de la televisión. Seguían emitiendo las pequeñas entrevistas que me habían hecho.

— ¿Crees que podrás mantener este nivel durante el resto de la temporada? —preguntó el periodista, tendiéndome el micrófono.

— Estoy esforzándome al máximo para dar lo mejor de mí —respondí con una sonrisa—. Y deseo con todo mi corazón traer muchas más medallas a este país.

— ¡Toma ya! —soltó mi padre entre aplausos.

Giré la cabeza para mirarlo. Se recostó en el sofá mientras me observaba.

— Qué bien habla mi hija —añadió, riéndose.

— ¡Papá! —me eché hacia atrás, recostándome en el asiento y tapándome la cara con las manos—. Qué vergüenza...

Separé los dedos lo justo para poder mirar la televisión.

Sonaba tan segura en esa entrevista... pero no lo estaba.

Los Juegos Olímpicos estaban ya a la vuelta de la esquina, aunque aliviaba un poco la presión saber que mi compañera de equipo también iba a competir.

En ese momento, mimóvil vibró sobre el reposabrazos. Dejé de taparme la cara para cogerlo. Erauna notificación de un mensaje de Thijs.

Thijs:

En menos de cinco minutos estamos allí

— ¿Ya vienen a buscarte? —preguntó mi madre.

— Sí... —respondí, sin mirarla.

Entré en laconversación con Kyla y mis ojos se clavaron en sus últimos mensajes.

Kyla:

Crees que les va a ir bien al resto quedar en el pub el 22 de diciembre?

Vendrá la banda, que os quiere conocer

Apreté el móvil entre los dedos.

No sabía si estaba preparada para conocer a su novio cuando, claramente, era mi supuesto... ¿rival?

Un escalofrío recorrió mi espalda.

Sacudí la cabeza.

«¿Rival?»

Joder, Raelynn, Kyla no es como tú.

Tenía que controlar la situación y controlarme a mí misma; no por lo que pudiera hacer, sino por cómo reaccionaba mi cuerpo. Mi peor pesadilla siempre sería ponerme roja como un tomate.

Tragué saliva.

Tenía miedo. Miedo de decírselo a mis amigos.

¿Y si no reaccionaban de la misma manera que mis padres?

¿Me mirarían mal?

Estar rodeada de ellos era un alivio, pero también suponía mucha presión. Giré la cabeza para mirar de reojo a Thijs, que estaba en el asiento de la izquierda. Observaba a Maddie cantar con todas sus fuerzas.

Tenía que estar sonriendo.

Cantando junto a ella.

Clavé la mirada en el asiento de delante, escuchando sus voces mezclarse.

Apreté las manos, sintiendo cómo empezaban a sudar.

Hasta que algo hizo que girara la cabeza de nuevo hacia Thijs. Me había sujetado el moflete con suavidad. Cruzamos miradas y, rápidamente, me sonrió y empezó a gesticular con la boca, como si estuviera cantando.

«Gracias»

Sonreí, negando con la cabeza.

— ¡Lynn, Lynn! —me llamó Maddie con energía—. ¡Te toca!

Mis oídos identificaron la canción al instante. Burn, de Ellie Goulding. La melodía había bajado para, a los segundos, volver a subir; en ese momento, comencé a cantar.

Ellos nunca me dejarían de lado.

Y sé que, en algún momento, me gustaría contarles la verdad.

Mi pulso se aceleró cuando el coche se detuvo.

— Ya estamos —anunció Jeroen, quitándose el cinturón—. ¿Cómo serán sus amigos? —preguntó, mirándome de reojo.

— Pues... ¿cómo nosotros? —respondió Thijs, con una sonrisa.

— Joder, tío —se dio la vuelta para mirarlo—. No lo sabía —se apoyó en el respaldo para intentar golpearle.

— Es que entonces, ¿para qué preguntas? —rio, abriendo la puerta.

Apreté los puños para intentar controlar el temblor.

Abrí la puerta y salí del vehículo.

— Buah, que frío hace —comentó Maddie, encogiéndose de hombros.

— Pues acaba de empezar el invierno —dijo Jeroen, rodeando el coche.

Comenzamos a caminar hacia el pub. Me guardé las manos en los bolsillos, intentando generar calor en los dedos.

— Qué guapa estás... —murmuró Thijs justo al lado mío—. ¿Te has hecho algo? —entrecerró los ojos, intentando identificar qué era diferente—. Tu ropa no es diferente... ¿verdad?

— Me he vestido igual que siempre.

— Mads —llamó a Maddie.

Ella se giró para mirarnos.

— ¿La ves diferente? —me señaló con el pulgar.

Maddie entrecerró los párpados mientras me examinaba de arriba abajo.

— Es verdad —alzó las cejas, sorprendida—. Está diferente.

— ¿Qué decís...? —forcé una risa—. Sois tontos —dije, nerviosa.

Estaba notando cómo el calor me subía a la cara.

Mierda.

Bajé la mirada y empecé a palpar los bolsillos traseros del pantalón, hasta que me detuve en seco.

— Mierda... —susurré.

A los pocos segundos, Thijs se detuvo varios pasos más adelante.

— ¿Qué pasa? —preguntó.

— Me he olvidado el móvil en el coche —apreté los labios—. Tengo que volver... —tendí las manos hacia Jeroen—. Jeroen, las llaves.




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