Las noches eran diferentes desde que Aurora había regresado por primera vez en mucho tiempo, la academia volvía a sentirse completa. Como si aquella ausencia que durante tanto tiempo había pesado sobre nosotros finalmente hubiera desaparecido me encontraba sentada contemplando el paisaje cuando escuché unos pasos acercándose a lo lejos no tuve tiempo de reaccionar una botella pasó junto a mi cabeza y estuvo a punto de estrellarse contra ella.
Giré el rostro de inmediato.
—¿En serio?
Aurora estaba de pie detrás de mí, sonriendo como si no acabara de intentar matarme con una botella. En una mano llevaba otra botella y, en la otra, dos copas.
—Traje vino— Se sentó a mi lado y me entregó una de las copas —Tu padre dijo que podía quedarme en la academia y comenzar a dar clases.
La miré de reojo.
—¿Y tú crees poder hacerlo?
Aurora levantó una ceja.
—No hay nada que yo no pueda hacer, Kuran.
Las dos sonreímos durante unos segundos simplemente bebimos en silencio, observando las luces de la academia.
—Entonces… tú y Zero se casarán.
Volví la mirada hacia el paisaje.
—Sí. Claro que habrá boda. ¿Por qué no?
Aurora dio un pequeño sorbo a su copa.
—¿Por qué no te escuchas feliz?
Bajé la mirada.
Era complicado.
—Porque…
Me quedé callada durante unos segundos.
—Porque el chico de cabello naranja es demasiado obvio— Aurora soltó una pequeña risa —¿Akatsuki? — Asentí —Se nota que se muere por ti.
El suspiro que escapó de mis labios fue largo. Demasiado largo Era algo que incluso a mí me dolía Ya había lastimado demasiado a Akatsuki.
—Si ya tomaste una decisión, nadie se opondrá —dijo Aurora.
La miré Y tenía razón Nadie podía decir nada en contra de lo que yo había decidido, Pero eso no significaba que mi corazón estuviera de acuerdo.
Después de un rato junto a Aurora, caminé por los jardines de la mansión la noche estaba tranquila hasta que lo vi aquel cabello naranja podía distinguirse incluso entre la oscuridad Akatsuki estaba junto a la fuente.
Esperándome me acerqué lentamente él levantó la mirada y, cuando estuve frente a él, colocó una mano sobre mi cabeza, acariciándome suavemente.
—Ya es tarde. Deberías volver.
Lo miré a los ojos Y en ese instante sentí que mi corazón volvía a ser tomado por él Por un momento le pedí perdón a Zero, Pero no pude evitarlo tomé el rostro de Akatsuki entre mis manos y lo besé Sus labios respondieron al instante Sus manos se posaron sobre mi cintura mientras se inclinaba hacia mí, acercándome todavía más Podía sentir cada latido de su corazón.
Y eso era lo peor.
Porque yo amaba a Akatsuki.
Lo amaba.
Pero no era él con quien había decidido estar cuando me separé de sus labios, nuestras frentes quedaron juntas su respiración chocaba contra la mía.
—Escógeme, Gure —susurró—. Escógeme a mí.
No pude responder.
Solo pude mirarlo.
Aquello fue suficiente para que me soltara y comenzara a alejarse.
—Entonces no me quedaré a ver cómo te pierdo.
—Akatsuki…
Se detuvo.
—No— Su voz tembló —Yo sé que no puedo dejarte… y no lo haré— Volvió a mirarme —Pero no me pidas… no me pidas que me quede para ver cómo te perderé.
Sentí un nudo en la garganta.
—No me perderás.
Sus ojos buscaron los míos.
—¿En serio?
Lo miré fijamente Apreté mis labios Solo una vez más Akatsuki me observó confundido.
—Solo una vez más —susurré.
Él no respondió Solo se acercó y me tomó entre sus brazos Por un instante olvidé todo.
Olvidé la boda.
Olvidé mis decisiones.
Olvidé todo lo que vendría después.
Solo quería sentir que era mío una última vez nos alejamos hacia el bosque cercano a la academia, dejando atrás las luces de la mansión aquella noche me entregué a mis sentimientos sin pensar en el mañana lo amé una vez más y cuando todo terminó, permanecí entre sus brazos, escuchando su respiración y sintiendo el calor de su cuerpo junto al mío no quería que aquella noche terminara porque sabía que, cuando amaneciera, tendría que volver a ser Gure Kuran Y tendría que enfrentar las consecuencias de haberlo amado una última vez.
Dos semanas después.
—¡Lista!
La voz de Lilith llegó hasta mis oídos, haciendo que girara para verla Solo sonreí y asentí antes de regresar la mirada hacia el espejo Por un momento no pude reconocerme Mi cabello largo, de un intenso color rojo, caía sobre mis hombros y encajaba perfectamente con aquel vestido blanco lleno de delicados encajes. La falda amplia le daba ese aspecto de vestido de princesa que jamás imaginé que algún día llevaría.
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Editado: 26.09.2026