El corazón en el árbol
Mis padres tallaron una vez un corazón en la corteza de un árbol que, en aquellos años, todavía era muy joven. En el centro, entrelazados, grabaron sus nombres. Con el paso del tiempo, aquel corazón fue creciendo a la par de las ramas y el tronco, y durante mi infancia siempre pensé que esa marca viva era la prueba irrefutable del amor de ambos.
Fue un amor profundo, pero que lamentablemente terminó en ruptura luego de veinte años de matrimonio. Sin embargo, el dibujo en la madera sobrevivió a la separación; el corazón permaneció intacto durante décadas, desafiando al olvido incluso mucho después del fallecimiento de mi papá.
La estancia no solo fue testigo de los primeros pasos de aquel romance, sino que también fue escenario del mío. Y supongo, con una sonrisa, que entre sus horizontes también cobijó el amor de algunnos de mis antepasados.