La Estancia Santa Isabel

Una fortuna en huevos

Una fortuna en huevos

Los niños éramos los encargados de recoger los huevos. Ya conocíamos todos los escondites... ¡o eso creíamos!

Un día se nos ocurrió buscar en uno de los galpones que estaba lleno de pedazos de madera, herramientas y todo tipo de bártulos, y encontramos casi 50. ¡Qué fortuna para nuestros parámetros infantiles!

Claro que la mayoría estaban ya en mal estado. Quién sabe cuánto tiempo habrían estado ahí hasta que los descubrimos...

La imagen de nosotros en el galpón, cargando el stock de casi 50 huevos de contrabando y sintiéndose dueños de una fortuna en huevos, sin calcular que la mayoría ya estaban podridos es muy divertida. ¡Pero qué orgullosos nos sentimos de ese hallazgo!

Y ese galpón campestre, rodeados de pedazos de madera, herramientas y bártulos viejos, es una pintura rioplatense entrañable. Entrar a esos galpones era realmente como viajar en el tiempo. ¡Toda la estancia lo era!

Haciendo desastres con los huevos

Un día una de mis hermanas y una de mis primas decidieron, por alguna razón, que sería divertido tirar huevos contra las paredes de uno de los galpones. ¡Los adultos de la familia casi las matan!

No sólo por la pérdida de los huevos, después hubo que limpiar todo ese desastre... Ambas son mujeres tan serias, que es difícil creer lo bandidas que eran de chicas.

Pero ellas no fueron las únicas que hicieron desastres con los huevos. Estaba hablando con mi hermana Mona de la cocina económica y de repente recordé que un día se nos ocurrió tratar de incubar huevos en el horno de la cocina a leña.

¡Quedaron hechos unos pedazos de carbón! Habían quedado ahí por días. Supongo que pensamos que, como las gallinas empollan por 21 días, habría que dejar los huevos en el horno también varios días.

La incubadora de la abuela Brígida

Nivia, una de las primas de mi madre me recordó que había una incubadora en casa de la Abuela Brígida.

Recuerdo haberlo visto y ver a los pollitos allí, y me parece verla, conversando con su hijo, mi abuelo materno, el del libro Tata. Aparentemente tenía un calentador a combustible, pues en esa época no se usaba tanto la electricidad. Luego llevaba los pollitos al fondo de la casa, donde había un galpón.




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