La Estancia Santa Isabel

Los peones: Los Llaguno

Los hermanos "Llaguno"

En el transcurso del año 1979, nos tocó pasar todo el verano instalados en el establecimiento. Aquella temporada, sin embargo, traía consigo una novedad absoluta para nosotras, las hermanas mayores, que transitábamos por la etapa de la adolescencia: tres hermanos jóvenes se habían incorporado a las tareas rurales del campo. Su apellido real no era Llaguno, pero bajo ese sello ficticio los evocaré en mis carpetas.

Los dos mayores eran muchachos sumamente buenos mozos y configuraban un contraste idéntico al de los libretos de las viejas zarzuelas: «uno morocho y uno rubio». A mí me atraía el primero, Luis, un joven de piel curtida por el sol de campaña, cabello largo y ojos marrones. A mi segunda hermana, Irene, le gustaba el segundo, Cipriano, que era de tez bien blanca y poseía unos ojos de un azul intenso.

Había un tercer hermano, me parece que se llamaba Joaquín, que no podía siquiera empezar a competir en apostura con los mayores, pero tal parece que le llamaba la atención a otra de mis hermanas. Después de todo, la belleza está en el ojo del observador...

Al final del almanaque, todo se redujo estrictamente a un stock de hermosos amores platónicos. Pero, sin duda, ¡era toda una revolución para la rutina de las gurisas tener muchachos jóvenes y guapos rondando el jardín, en vez de los peones cincuentones de toda la vida como Pascual o Eliomar!

Hasta donde sé, nunca ocurrió absolutamente nada entre nosotras y ellos. Aparentemente, donde sí brotó un romance real fue entre Luis y la hija de un productor vecino. Aquello no me extrañó en absoluto; la muchacha era sumamente bonita, el joven era muy apuesto y en la soledad del campo no suele haber un gran catálogo de opciones para elegir. De todas formas, tengo entendido que esa relación vecinal tampoco prosperó.




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