La Estancia Santa Isabel

Los peones: Eliomar

Eliomar

Eliomar llegó mucho después que Pascual. Yo ya tendría tal vez unos 10 o 12 años cuando él apareció en nuestras vidas. La se encariñó con él era la cuarta de mis hermanas, a la que le dicen Mona, que era muy niña cuando eso. A ella le gustaba mucho el campo y a él, los niños, así que se generó un gran cariño entre ambos.

Uno de los dichos de Eliomar era: Hay que hacer toser la mulita. Con eso el pretendía decir que había que soltar el dinero.

Una casa para jugar

Luego de escribir los primeros cuentos, Mona me llamó y me contó varias cosas para que yo las escribiera. ¡Llorábamos de risa recordando viejas épocas! Especialmente me reí con los intentos de ella y la tercera de mis hermanas, Andrea, de tener una casa para jugar.

Eliomar solía decirle: Sí, sí, mañana. ¡Jua, jua, jua!. A él le encantaba leer y ellas le llevaban revistas para sobornarlo, pero el método no parecía funcionar muy bien.

1er intento - Visto lo infructuoso de sus gestiones, Andrea decidió construir la casa por sí misma y el lugar que eligió para eso fue la pared externa del dormitorio principal. Uso 4 palos y una lona que solía cubrir el jeep de mi padre. La clavaron a la futura casa por todos lados. La cabeza de los clavos utilizados medía más o menos 1/2 cm de diámetro.

Era invierno y llovía. Mi papá había comprado unos carneros y pensaba traerlos en su jeep, cubiertos por esa lona para que no se ensoparan. Viendo el desastre que mis hermanas había hecho, intentó sacar todos los clavos pero la lona estaba completamente arruinada.




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