La Estancia Santa Isabel

La ida al Sauce

Eliomar era muy bromista y solía decirle a mi hermana Mona que otro de los campos de mi madre, al que llamaban El Sauce, quedaba lejísimo.

Mirá que mañana salimos a las 4 porque es muy lejos, le dijo. Era sólo una broma, pero Mona se lo tomó muy en serio.

Esa noche ella se despertó como a las 3 y salió en el medio de la noche. Le ladraban los perros. Los peones solían reunirse en su cocina para tomar mate bien temprano, pero ese día aún no había nadie allí. Mona fue a la pieza de Eliomar y golpeó.

Cuando Eliomar, medio dormido, entendió lo que pasaba, le dijo, probablemente para sacársela de encima y poder seguir durmiendo: Andá prendiendo fuego que yo ahora voy. Ella hizo lo que él le dijo y esperó. Allí la encontró el capataz, dormida, a eso de las 6.

Yo lloraba de risa con los cuentos de la pequeña Mona. Que la encontrara el capataz durmiendo en el banco a las 6 de la mañana, es una pintura humana a la vez desgarradora y bellísima.

Con el tiempo, Eliomar se jubiló, se fue, o tal vez lo echaron, aunque no creo que haya sido el caso porque él era un hombre de buen carácter y dedicado a su trabajo.

Sea como sea, lo importante es que dejamos de saber de él. Pero Mona, que estaba especialmente encariñada con él, nunca lo olvidó y terminó encontrando su rastro muchos años después.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.