Los peones
Hubo varios capataces y peones que pasaron por el establecimiento a lo largo de los años, pero algunos dejaron una huella imborrable en nosotros, los niños.
Pascual
Pascual era probablemente un adolescente cuando mi madre era apenas una niña. Empezó a trabajar en nuestras tierras en aquella época y allí seguía cuando me tocó a mí ser chica. Si bien era un hombre todavía muy ágil, los años ya le pesaban. La dura rutina del campo y el hecho de servir a una familia durante toda su vida a cambio de unos pocos pesos, comida y un techo, no parecían molestarle en lo absoluto. Se le veía bastante feliz; solo precisaba su vaso de vino luego de una intensa jornada de labor.
Su afición por la bebida era conocida, tanto que mi padre, preocupado por su salud (y para que no tomara tanto), ideó una trampa magistral: le rebajaba el vino de la damajuana con Jugolín®, aquel famosísimo polvo para refresco que existía en esos años y que era pura tinta dulce. Adulterado y todo, Pascual, fiel a su inocencia campestre, le daba un trago largo, se limpiaba la boca con la manga y exclamaba con total sinceridad: «¡Qué rico vino!». El buen hombre jamás se dio cuenta de la maniobra de contrabando doméstico.
Diluir el vino fue una gran idea de mi padre.
Recuerdo nítidamente a Pascual operando la bomba de agua manual varias veces al día con una rapidez increíble, o matando a una serpiente de un simple y certero golpe con su rebenque. Y siempre, sin excepción, con una sonrisa en la boca.
Pascual es uno de los pocos ejemplares de una especie que, lamentablemente, tiende a desaparecer. Resulta increíble pensar que exista gente así, que nunca salió de su lugar, que no conoce más mundo que sus propios horizontes, que no sabe de otra cosa más que de su oficio y que, aun así, es plenamente feliz. Era, a su manera, un verdadero filósofo. Su frase preferida lo resumía todo: «Todo tiene remedio, menos la muerte». ¡Y qué razón tenía!
Sobre el Jugolín®: Jugolín® era polvo para refresco ultrabarato, dulce y con color que era todo un clásico en los cumpleaños uruguayos de aquellos años. La marca nació en el 68, languideció en los 90, pero hace unos años la rescató la empresa Punta Ballena. Así que sí, ¡todavía ronda por las góndolas uruguayas!