La Estancia Santa Isabel

¡Víboras!

Recuerdo que, cuando era yo muy niña, mi madre se asustó de una víbora que estaba del otro lado del alambrado que en esos tiempos era el cerco de mi casa. Pascual, el peón, corrió y la mató de un solo rebencazo. Ese hecho quedó grabado en mi mente y tal vez es por eso, (porque pensé en lo simple que le fue matar al animal), que supe cómo actuar en lo que sucedería varios años después.

Cerca del casco de la estancia hay unas rocas a las cuales íbamos seguido a jugar. En una de las ocasiones en que Teresa, una de mis tías nos visitaba con su familia, no fue diferente. Luego de un rato, ella decidió volver con mi hermano, que era bebé, hacia las casas. Nosotros seguimos jugando, ya estábamos bastante grandes y podíamos volver solos.

Repentinamente la sentimos gritar y corrimos a ver qué pasaba. Una víbora, tal vez nomás una culebra, estaba cerca de sus pies. Ella, tal vez por miedo, tal vez porque tenía al bebe en sus brazos y no podía bajarlo al piso para tratar de tirarle una pieda a la víbora, o usar sus brazos de alguna otra forma para defenderse. La única opción disponible era gritar, pidiendo ayuda..

Yo tenía unos 10 años y era la mayor de mis hermanos y mis primos. Por la investidura que da la antigüedad, capitaneé a los demás, corrimos a salvarla, sin pensar en que nosotros éramos los niños y ella la adulta... Agarramos piedras y empezamos a tirarlas hasta que la víbora ya no tuvo ninguna chance.

Nadie pensó que la víbora podría haberse asustado y atacado a mi tía o atacarnos a nosotros, los niños. Teníamos la inconsciencia de la niñez o pre adolescencia.

Seguro que ese heroico día quedó grabado para siempre en la memoria de todos los participantes




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