Lumirion

Capítulo 22: La promesa y la preparación

El primer suspiro que escapó de sus labios no fue de angustia, ni de dolor.

Fue de calma.

Aelina despertó sintiendo que algo cálido la envolvía. Como si un sol suave, paciente, la acariciara después de un invierno interminable. No sabía cuánto tiempo había dormido, pero su cuerpo se sentía ligero, casi etéreo, como si flotara entre dos mundos.

Se giró con pereza. La hierba bajo su piel aún era dorada. El aire tenía aroma a luz.
Y allí estaba Elandor, esperándola con la misma sonrisa serena de siempre.

—Es momento de regresar —dijo con su voz apacible, como si las palabras no pesaran.

Aelina suspiró, sin moverse aún.
No estaba segura de estar lista.

—Elandor… —dijo tras un momento, mirando al cielo sin sol—, ¿es normal que mi vida esté llena de cosas que… duelen?

Él no respondió enseguida. Sus ojos parecían buscar en ella las palabras justas.

—Has vivido mucho en tus dieciséis años —reconoció finalmente. —La pérdida de tus padres. El aislamiento. Las exigencias de una misión que no pediste. Las pruebas en Lumirion… No ha sido un camino fácil.

Aelina se sentó despacio, abrazando sus piernas. Dejó que sus pensamientos flotaran en la brisa, como hojas sueltas en otoño.

—A veces siento que la vida me arrojó a este destino sin preguntarme si quería estar aquí.

Elandor bajó la mirada. Sonrió, pero con tristeza.

—Tu camino… es el del héroe.

Aelina frunció el ceño.

—¿El camino del héroe?

—Sí —asintió él. —El héroe no es quien quiere brillar. Es quien, al cruzar el fuego, descubre que puede alumbrar a otros. No porque lo haya deseado… sino porque la vida lo forjó así.

Ella sintió un nudo en la garganta.

—No quiero ser un héroe.

Elandor la miró con ternura.

—Nadie lo quiere ser. Pero es por eso que tú… eres perfecta para ello.

Aelina bajó la mirada, sintiendo el peso de cada palabra. No era una carga.
Era una verdad.
Y dolía aceptarla.

—Entonces… ¿todo esto es solo preparación?

—En parte —dijo él, con voz suave. —Pero no eres la única que siente que el mundo pesa sobre sus hombros. Cada persona que te rodea también camina su propio abismo. A veces con miedo. A veces con rabia. Todos luchan.

Ella pensó en Vaelkar.

Él también había sido lanzado a un destino sin elección. Lo había entendido.
Sus caminos no se cruzaron por azar.
Eran paralelos.

Cuando él no podía avanzar, ella lo empujaba.
Cuando ella se caía, él la sostenía.

Sin proponérselo, se equilibraban.

Apretó los puños y levantó el rostro con nueva determinación.

—Estoy lista para volver.

Elandor asintió con suavidad.

—Cuando regreses, sentirás el dolor de tu cuerpo físico. No será tan intenso como antes… pero aún quedarán cicatrices.

Aelina respiró hondo y cerró los ojos.
El viento la envolvió una última vez, como un abrazo.

Y entonces, el mundo dorado se disolvió.

Todo se volvió negro.

Y el dolor llegó como una marea.

Una ola de fuego que arrasó su carne.
Un eco brutal que le recordó que seguía viva.
Y que regresar al cuerpo… también era un acto de valentía.

El Despertar y el Encuentro

El calor fue lo primero que sintió. No un calor abrasador, sino uno profundo, casi interno, como si algo en su pecho aún ardiera con vida. Aelina intentó moverse, pero el intento le provocó una punzada aguda de dolor. Las voces a su alrededor eran lejanas, apagadas, pero no del todo desconocidas.

Con esfuerzo, abrió los ojos. Su visión tardó unos segundos en enfocarse, pero pronto distinguió dos figuras inclinadas sobre ella. El príncipe de Luz y Lucian se encontraban a su lado, ambos con las manos extendidas sobre su pecho, canalizando energía curativa. Apenas notaron que despertaba, el príncipe retiró su mano y Aelina sintió un alivio inmediato recorrer su cuerpo.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Lucian con una mezcla de preocupación y alivio.

Aelina esbozó una débil sonrisa, incapaz de contener una pequeña mueca irónica.

—Como la mierda —respondió y su voz rasposa logró arrancar una risa ligera de ambos jóvenes.

La expresión de Lucian, sin embargo, cambió con rapidez. Su rostro se tornó más serio, sus ojos se endurecieron con reproche.

—Estuviste al borde de la muerte, Aelina. Si Elandor no hubiera intervenido… no estarías aquí ahora.

Ella frunció el ceño, algo confundida.

—Pero Elandor me dijo que…

Lucian la interrumpió con un leve gesto.

—Los latigazos no fueron lo más grave. Fue el agotamiento. Estabas completamente debilitada. No comías bien, no descansabas, te vaciaste durante la prueba del Corazón de Lumirion. Tu cuerpo simplemente colapsó.




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