Missing 411

3

En cuanto se despidió de él en la reserva de los Arapahoes, fue a su casa en la Cherokee, sin avanzar más de tercera ya que hacía mucho tiempo que no conducía y además la camioneta de Ryan le parecía enorme para ella, de modo que no quería apurar mucho el paso por cualquier precaución. Al llegar a su casa, se aprovisionó con fruta, botellas de agua y algunos sándwiches caseros, además de papel higiénico y algunas mantas. Tendría que dormir en la camioneta, y aunque estuviese cubierta por ella, lo cierto era que el rocío nocturno le calaría hondo, más que nada por la intensa vegetación de un lugar como el bosque.

Luego de buscar suministros para pasar la mayor cantidad del tiempo posible vigilando el regreso de Ryan, volvió a la reserva indía para buscar la ropa de él y guardarla en el maletero del coche, y por último se encaminó hacia el bosque. Decidió esperar en el camino de ingreso, por la senda donde siempre los pobladores bajaban al río, y solo abandonaba su puesto cuando debía ducharse, volviendo enseguida al bosque para perder el menor tiempo posible de vigilia. Le hubiera encantado esperar por su regreso acampando directamente en el centro del bosque, donde estaba aquel bendito árbol con aquellas inscripciones indígenas, pero eso implicaba alejarse mucho de la camioneta y además no resistiría el frío de la intemperie.

Por su parte, Molly contemplaba la noche cerrada casi en una angustia constante. Hacia ya dos noches que no tenía ninguna noticia de Ryan, e iba para la tercera, por desgracia. Estaba asustada por él, no iba a negarlo. No sabía si estaba vivo o muerto, si el ritual había salido bien, o si tan siquiera volvería con ella. Sentada tras el volante, no cesaba de otear hacia la espesura negra de árboles que se extendía frente a sí, intentando buscar el mínimo movimiento en las sombras, esperando por su regreso. La noche se extendía sobre el bosque como un manto oscuro, tejiendo sombras entre los árboles que susurran sus hojas al ritmo del viento. Cada minuto que pasaba se convertía en una eternidad, cada hora una tortura, un eco de incertidumbre que resuena en su mente.

El susurro del viento entre las hojas parece llevar consigo el murmullo de sus propios miedos, alimentando la ansiedad que la consume desde adentro. Acomodándose por quinta vez en el asiento, se aferra al volante con manos temblorosas, sintiendo el revestimiento en cuero del mismo mientras observa fijamente a la oscuridad del bosque, preguntándose que peligros acechan en su interior. ¿Nawathenna estaría ahí, a la espera de que Ryan vuelva para asesinarlo como al resto? Lo cierto es que no lo sabía, y eso era lo peor.

En aquel momento, los recuerdos de los momentos compartidos con él inundaron su mente, trayendo consigo una mezcla de dulzura con amargor. ¿Qué significa su relación actualmente? Si es que había una. ¿Acaso él siente lo mismo que ella, o es solo un lazo nacido de la adversidad compartida? Se preguntó. Las dudas la atormentaban, lógicamente. Era una mujer adulta, con las ideas en claro, y no quería confundir sentimientos. Sin embargo, él había hecho algunos avances con ella, al igual que ella también se había permitido un acercamiento más personal. Por su mente aún e repetía aquel último gesto, cómo le tomó el rostro con las manos, cómo la había mirado a los ojos, el beso en la frente después y lo cerca que había estado de su boca por primera vez en todo aquel tiempo. De solo pensarlo, el cuerpo le cosquilleaba de pies a cabeza, y se le comprimía el corazón ante la incertidumbre de saber lo que pasaría después. Aún así no dejaba de anhelar su regreso, deseando ver su rostro una vez más y sentir el alivio de saber que está a salvo.

Entonces, en medio de la tensión y el miedo, un destello de determinación brilló en sus ojos. Si Ryan está en peligro, ella hará todo lo que esté en su poder para encontrarlo y traerlo de vuelta a salvo, aún sin saber cómo. Pero de lo único que está segura es de que ya no puede permanecer más tiempo allí, sentada tras el volante de la Cherokee en completo silencio, luchando por no dormirse y mirando los mismos árboles de siempre durante tres noches consecutivas. No sabe como funciona, pero por si acaso, toma de la guantera la pistola de Ryan, se abotona su chaqueta y abriendo la puerta del conductor, sale a la intemperie, dispuesta a adentrarse en la espesura. La luna llena se eleva en lo alto, arrojando su luz plateada sobre el bosque en un intento vano de disipar la oscuridad que lo envuelve. Pero para Molly, la luz de aquel astro solo intensifica su sensación de soledad y desamparo, por lo que tomando su celular, enciende la linterna mientras se aparta del camino principal, intentando recordar el rumbo que había tomado con Ryan días atrás, hasta encontrar el árbol.

La incertidumbre la consume, haciéndola cuestionar cada decisión que la llevó hasta ese momento. ¿Debería haber insistido más en acompañarlo en su misión? ¿Podría haber hecho algo para evitar que él se adentrara en este lugar desconocido? Las preguntas la atormentan, pero sabe que no puede quedarse de brazos cruzados, ya ha esperado bastante en la seguridad y quietud de la camioneta., y al pensar en aquello, no pudo evitar sonreír casi con cierta nostalgia. Se estaba contagiando del espíritu intrépido que caracterizaba a Ryan, no iba a negarlo.

Con paso decidido, Molly se aparta del camino para sumergirse en la oscuridad de los árboles, vigilando bien por donde pisar, para no tropezarse con ninguna raíz saliente. Cada paso que da resuena en el suelo cubierto de hojas secas, creando un eco de determinación en medio del silencio nocturno. A su alrededor los árboles se elevan como guardíanes imponentes, sus ramas entrelazadas formando un dosel oscuro, que apenas deja pasar la luz de las estrellas. Y así, dando un suspiro incierto, comienza a meterse en la profundidad del bosque sin mirar atrás y sin saber que podría encontrar adelante, pero cualquier cosa era mejor que esperar lo que sea que fuese a suceder..




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