Luego de volver del centro médico, donde Ryan fue atendido en sus heridas y vuelto a suturar, Jake se concentró en recostarse en su habitación a leer un cómic de Batman, mientras que Ryan y Molly charlaban en el living mientras bebían un café, sentados en el sillón que de momento, cumplía la función de cama.
—¿Quieres que te comente algo? —dijo ella, con una sonrisa ladeada.
—Claro, dime.
—Siempre fantaseé con la idea de que le dieran una buena paliza, no te voy a mentir.
Ryan no pudo evitar sonreír a su vez, y entonces asintió con la cabeza.
—He de admitir que no estaba en mis planes, pero no iba a permitir que siguiera con los maltratos.
Ella se apoyó en su hombro un momento, en silenciosa muestra de cariño, y luego se apartó para beber un sorbo de su café, mirándolo de forma picaresca.
—¿Te puedo hacer una pregunta?
—Seguro.
—¿Anteayer entraste a mi habitación mientras dormía? —dijo, con una sonrisa jocosa. Ryan miró a su propia taza, sintiendo que se ponía muy nervioso. Por fin, asintió.
—Lo siento, Molly, juro que no hice nada indebido. Solo pasé por ahí, te vi un poco destapada y estaba fresco, así que te arropé —hizo una pausa y entonces la miró, temeroso—. ¿Cómo lo supiste?
—Un mechón de cabello me hizo cosquillas junto al oído, y entonces me entredesperté. Cuando miré hacia la puerta, vi que te estabas yendo. No dije nada porque pensé que lo había soñado, pero ya veo que no…
—Te pido que me disculpes.
Ella lo miró con diversión, y entonces se encogió de hombros.
—No hay problema.
Ambos permanecieron un momento en silencio, como si estuvieran analizando sus propias palabras, hasta que Ryan habló.
—¿Crees que Jake pueda responderme algunas preguntas, ahora que está hablando? No es mucho, pero al menos puede decir si o no.
—Podríamos intentarlo. Ésta tarde van a venir los psiquiatras infantiles a verlo —Molly volteó al reloj de pared—. No creo que tarden mucho más, pero podemos aprovechar antes de que lleguen.
—Vamos —convino él.
Ambos se pusieron de pie, y caminaron hacia la habitación de Jake portando sus tacitas de café. Una vez allí, el golpeó con los nudillos suavemente.
—¿Puedo? —preguntó, en cuanto el niño lo miró. Este asintió con la cabeza, y Ryan entró, sentándose en el borde de la cama. —Veo que te encuentras bastante mejor, y eso nos alegra, a tu madre y a mí, que al menos puedas hablarnos un poquito. ¿Crees que podrías responderme algo, si te lo pregunto? Solo si puedes, tampoco quiero forzarte a nada.
—Sí —dijo, en voz baja.
—Bien, eso es genial —Ryan dio un suspiro, y le sujetó una manita en la suya—. Sé que recordar esto debe ser difícil, pero cuando estabas allí, en aquel sitio, ¿recuerdas haber visto a tu amigo, Hosea?
El niño negó con la cabeza, pero no dijo nada. Ryan entonces intentó con algo más específico.
—¿No lo recuerdas, o no lo viste?
—No lo ví —respondió.
—De acuerdo. Y dime, ¿viste algo sospechoso relacionado con él? Alguna pertenencia personal, lo que sea, que pueda indicarme si está vivo aún.
Jake permaneció un momento en silencio, con la mirada perdida encima del cómic, en unos segundos que tanto para Ryan como para Molly, fueron eternos. Por fin, asintió con la cabeza.
—Encontré su ropa tirada. Reconocí su camiseta de Hulk, era su favorita.
Ryan cerró los ojos, apenado. Se levantó de la cama y entonces le apoyó una mano en el hombro, en gesto amigable.
—Gracias, Jake.
Salió de la habitación seguido de Molly, terminó de beber su café de un buche, quemándose un poco la garganta, y se dirigió hacia el fregadero para lavar la taza. Ella lo miró con preocupación, parecía enojado.
—¿Estás bien? —Le preguntó.
—Ese niño está muerto, no hay nada que podamos hacer.
—Eso no lo sabes, solo te habló de su ropa, pudo habérsela quitado por algún motivo y…
Él la interrumpió, girándose hacia ella.
—Tú no has visto lo que yo vi, Molly. No sé como carajo hizo Jake para sobrevivir en ese sitio, pero si la ropa de Hosea estaba tirada, entonces no le veo mucha esperanza a que aún esté vivo —dijo.
—¿Y qué vas a hacer, entonces?
—Mañana iré a la reserva Arapahoe. No me creo que estén todos muertos, alguien con vida tiene que haber, que pueda darme una respuesta de algo. Registraré toda la reserva si es necesario, buscando cual fue el ritual que ese cacique usó para cruzarme a ese lugar, y voy a intentar buscar a Hosea.
Se sacudió las manos para quitarse el excedente de agua, y luego se las secó con un paño de cocina. Molly lo miró negando con la cabeza.
—Ni hablar, no vas a hacer tal cosa.
—¿Y entonces qué hago? ¿Cómo le digo al señor Matthews que su hijo está muerto, si ni siquiera tengo una mínima prueba para mostrarle?
Molly suspiró, y entonces miró hacia el suelo.
—No lo sé, no tengo ni idea. Pero no vas a volver a ese lugar, no te lo permito.
—Molly, tengo que hacer algo, mi trabajo es investigar y no puedo quedarme de brazos…
Cuatro golpecitos en la puerta principal lo interrumpieron. Ambos miraron hacia allí, y luego Molly miró a Ryan como queriendo decirle con la expresión de sus ojos “Esta charla no se ha terminado”. Avanzó hacia la puerta, abrió, y vio que ambos psiquiatras pediátricos estaban allí de pie, en su visita de rutina. Se hizo a un lado, les permitió el paso y los guio hacia el cuarto del niño, acompañada por Ryan.
Tras un extenso análisis, los psiquiatras se marcharon casi dos horas después, en donde valoraron los repentinos progresos que el niño había hecho. Ryan entonces les contó que casi había sido víctima de un secuestro, y que él había tenido que rescatarlo. Los doctores explicaron entonces que un choque de trauma con otro trauma por lo general solo cumplía con dos posibles hechos: o la víctima empeoraba, o entonces causaba el efecto contrario que al principio, y se alegraban de que en Jake, al menos, había primado la segunda opción. Prometieron volver en dos días, y luego de despedirse, salieron de la casa para subir a su coche con el logo del centro médico.