A la mañana siguiente, los primeros rayos de luz se filtraron por el espacio entre las cortinas de la habitación, que en penumbras, comenzaba a clarearse poco a poco. Molly abrió los ojos, cómodamente apoyada encima del pecho de Ryan y aferrada a su tórax en un medio abrazo, mientras podía percibir los latidos calmos de su corazón. Levantó los ojos, un poco adormilada, y lo observó dormir plácidamente boca arriba, con su brazo izquierdo por debajo del cuerpo de ella y la mano apoyada encima de la cadera. Le acarició el pecho con suavidad, mientras que cerraba los ojos recordando la noche anterior. Al principio todo había sido demasiado apresurado, con un hambriento deseo que ninguno de los dos pudo ocultar ni mucho menos refrenar, pero luego de la primera vez, todo se volvió más delicado y romántico, descubriéndose mutuamente con un mimo y ternura absolutas. Molly se había entregado a él varias veces y utilizando su propio cuerpo en formas que nunca había usado con otro hombre, explorando caminos de placer impensados para ella hasta ese momento. Él, por su parte, le había recompensado haciendo buen uso de su boca, envolviéndola en un torrente de lujuria y pasión.
Volvió a mirarlo deseando que el tiempo se congelase allí mismo, para quedarse de forma perpetua en la tibieza de aquel instante, sin pensar en nada más que no fuese la respiración de Ryan y en lo flojo que sentía todo el cuerpo. Hacía mucho tiempo que no dormía con nadie, e incluso podría decirse que hasta casi se había olvidado de cómo se sentía una buena sesión de sexo, pero había sido tan atento con ella que logró reacciones dignas de las mejores épocas de su juventud. Se acomodo un poco mejor, cruzando una pierna por encima de su pelvis, y Ryan se movió, entredespierto. Abrió los ojos, miró al techo como si por un instante recordase que no estaba en el sillón del living, y entonces giro la cabeza al costado. Molly le acarició una mejilla, y él la impulsó con su brazo izquierdo para que subiera encima suyo. Dio una risilla de sorpresa y diversión, y entonces le dio un corto beso, mientras que Ryan la abrazaba por la cintura.
—Buenos días —Lo saludó—. ¿Dormiste bien?
Él la miró con una sonrisa.
—Hacía mucho que no tocaba una cama.
—Y a una mujer.
Ambos rieron, y entonces volvieron a besarse. Ryan cerró los ojos al mismo tiempo que una de sus manos bajaba para sujetarla de una nalga, y justo cuando con su mano libre comenzaba a buscar un pecho, ella se separó un instante.
—Tengo que hacer el desayuno, Jake no va a tardar en despertarse —susurró.
—Quince minutos más —pidió, con la respiración un poco agitada. Ella le puso un índice en los labios, sonriendo.
—Dejemos algo para luego —volvió a darle un par de besos rápidos, y entonces se giró hacia el borde de la cama, irguiéndose para comenzar a vestirse.
Ryan se estiró abriendo los brazos a medida que se desperezaba, y luego se giró de costado, para verla mientras buscaba su ropa. Ese lunar al costado del ombligo, lo largas de sus piernas, el cabello cobrizo cayéndole despeinado tras la espalda contrastando con la blancura de su piel, todo en ella era perfecto para él, y la recorrió con la mirada como si quisiera tatuarse su imagen en lo más profundo de su memoria. Apartando las mantas, se puso de pie y se acercó a ella por detrás, abrazándola por la cintura y dándole un beso en el cuello. Molly sonrió, al mismo tiempo que le acariciaba los antebrazos.
—¿Ha estado bien? ¿Lo de anoche? —preguntó. Ella abrió los ojos, extrañada, y lo miró de reojo, divertida.
—Claro que sí —aseguró—. ¿Crees que no? ¿Tú te has sentido incomodo?
—Por supuesto que no. Solo quería que supieras que yo no hago esto con ninguna civil en medio de una investigación.
Molly se giró hacia él, apartándose de su abrazo, y lo miró directamente a los ojos.
—¿Y te sientes culpable por ello?
—Tal vez, no lo sé. Solo quería asegurarme que no te sintieras incómoda.
Ella le acarició una mejilla, y asintió con la cabeza. Estaba faltando por primera vez a su ética profesional, se notaba en su incertidumbre, y decidió hablarle lo más sincera posible.
—Contigo sería incapaz de sentirme incómoda en algo. Me ha gustado, mucho, y no tienes que darme explicaciones o disculparte conmigo de alguna manera. Sé que eres un buen hombre, que no vas por la vida teniendo sexo con mil personas en cada caso que llevas adelante, como te dijo el imbécil de Charles. Conmigo no necesitas justificaciones, así que olvídate de eso, ¿de acuerdo? —dijo. Él la miró, le sonrió y asintió con la cabeza.
—Gracias.
—Ahora vístete, mientras aún te lo permito —bromeó, mirándolo de arriba abajo evidenciando su desnudez.
Se vistieron, se dirigieron al baño uno a uno, para cepillarse los dientes y encender el termotanque de la ducha, y luego Molly se quedó en la cocina para preparar el desayuno. Ryan, mientras tanto, comenzó a doblar las mantas del sillón —entendiendo que ya no dormiría más allí en los días siguientes—, y luego se sentó con la computadora portátil a buscar algunos datos. De camino a Grelendale había pasado por una gasolinera Shell ubicada unos cincuenta kilómetros antes de la localidad, pero si quería combustible tanto para su camioneta como para incendíar ese maldito árbol entonces tendría que buscar algo más cercano a su ubicación. Fue así como encontró una Texaco a dos kilómetros del acceso a Grelendale. Era lo más cerca que el mapa local mostraba en la ubicación por satélite, así que anotó su dirección y luego comenzó a mirar el reporte del clima para la siguiente semana, al menos. Era necesario saber si habría viento, si habría lluvia, o cuando sería el día más favorable para ir allí y acabar con toda esa historia horrenda.
—Ey, buenos días —La escuchó decir. Ryan levantó la mirada de la pantalla y vio a Molly frente a la mesada abriendo el paquete de pan, mientras saludaba a Jake, quien aún se dirigía somnoliento rumbo al baño. Esbozó una sonrisa, apagó la computadora y dejándola a un lado, se levantó del sillón.