Las siguientes semanas fueron extrañamente… normales.
Bueno.
Tan normales como podían ser nuestras vidas.
Los paparazzi seguían apareciendo ocasionalmente. Internet seguía inventando teorías absurdas sobre Dominic y yo. Charlotte y Noah estaban entrando peligrosamente en territorio “coqueteo insoportable”. Y Poe seguía traicionándome emocionalmente a diario.
Pero entre Dominic y yo… algo había cambiado. Y eso era lo peligroso. Porque ya no peleábamos todo el tiempo. Seguíamos molestándonos, sí. Seguíamos discutiendo por ruido, sarcasmos y orgullo.
Pero ahora también existían otras cosas.
Café apareciendo frente a mi puerta cuando trabajaba demasiado. Dominic quedándose dormido en mi sofá después de ensayos eternos. Yo corrigiendo letras de canciones mientras fingía que no me importaban. Él leyendo fragmentos de mi libro como si realmente quisiera entenderme.
Todo se había vuelto demasiado fácil.
Demasiado cercano.
Y honestamente… eso me aterraba más que nuestras peleas.
Por eso quizá el desastre empezó tan rápido.
Porque las cosas buenas nunca me duraban demasiado.
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—No voy a hacerlo.
Mi madre suspiró del otro lado del teléfono.
Ese suspiro elegante y decepcionado que llevaba escuchando desde la infancia.
—Evangeline, estás siendo egoísta.
Me tensé inmediatamente.
—¿Perdón?
—Tu padre y yo hemos intentado ayudarte durante años.
—¿Ayudarme? ¿Llamar “capricho” a mi carrera era ayuda?
—Mírate cómo hablas.
—Porque ustedes nunca escuchan.
Estaba caminando nerviosamente por la sala mientras discutíamos.
Poe observaba desde el sofá como si ya supiera que esto terminaría mal.
—No puedes seguir rechazando todo lo que construimos para ti —continuó mi madre—. Sebastian sigue interesado a pesar de tu humillación pública reciente.
Solté una risa incrédula.
—¿Humillación pública?
—Tu… espectáculo mediático con ese músico.
Algo dentro de mí explotó.
—No hables así de Dominic.
Silencio corto. Y después mi madre respondió con frialdad absoluta:—Entonces ya lograste decepcionarme incluso más de lo esperado.
Sentí el golpe directo al pecho.
Porque sin importar cuánto creciera… esas palabras seguían afectándome igual que cuando tenía quince años.
—No voy a discutir esto otra vez.
—Lo harás. Porque tu comportamiento nos está dejando en ridículo.
—¡Siempre se trata de ustedes!
—Porque somos tu familia.
—No. Ustedes son personas intentando controlar mi vida.
Escuché la puerta del departamento, que había empezado a dejar sin llave, abrirse suavemente detrás de mí.
Dominic.
Perfecto timing.
Levanté apenas la vista y lo vi detenerse apenas al notar mi expresión.
Su sonrisa desapareció inmediatamente.
—¿Evie…?
Le hice un gesto rápido con la mano para que no hablara.
Mala idea.
Porque mi madre escuchó su voz.
—¿Está ahí contigo?
Cerré los ojos un segundo.
—Mamá…
—Increíble.
—No empieces.
—¿Sabes qué es lo peor? Que por primera vez en años la prensa habla de ti y aún así logras convertirte en un desastre.
Eso dolió.
Muchísimo más de lo que quería admitir.
Dominic me observaba desde la entrada claramente entendiendo que algo iba mal.
Y eso solo me puso peor.
Porque odiaba sentirme expuesta.
Débil.
—Tengo que cortar.
—Evangeline, escúchame bien. Si sigues destruyendo tu apellido por una fantasía ridícula con un cantante…
Corté.
Directamente.
Porque si seguía escuchando iba a llorar. Y no iba a hacerlo delante de nadie. Mucho menos delante de Dominic.
El silencio llenó el departamento inmediatamente.
Me quedé quieta mirando el teléfono.
Intentando respirar.
Dominic dejó lentamente las llaves sobre la mesa.
—¿Qué pasó?
—Nada.
—Evie.
—Dije que nada.
Él se acercó apenas.
Con cuidado.
Como si temiera empeorar las cosas.
—¿Fue tu madre?
Y eso… eso me hizo explotar. Porque no quería hablar. No quería sentirme vulnerable. No quería que Dominic me viera así.
—¿Por qué siempre haces preguntas?
Dominic parpadeó sorprendido.
—Solo intento ayudarte.
—No necesito ayuda.
—Okay…
—No, no entiendes. No necesito que vengas a salvarme cada vez que algo sale mal.
Vi claramente cómo algo en su expresión cambió.
Pequeñito.
Pero suficiente.
—Nunca dije eso.
—Pero actúas como si supieras exactamente qué hacer conmigo. No trates de manejar mi vida.
—Evie...
—¿Qué? ¿Ahora también vas a escribir una canción sobre esto?
Eso golpeó.
Lo vi inmediatamente.
La manera en que se tensó apenas. Cómo dejó de acercarse.
Y aun así… seguí. Porque cuando me sentía herida, atacaba primero.
Siempre.
—No todo gira alrededor de ti, Dominic.
No podía respirar.
Silencio absoluto.
Poe incluso levantó la cabeza alarmado.
Y aun así yo seguía demasiado molesta para detenerme.
—No eres el héroe de mi vida solo porque haces comentarios lindos y apareces con flores. No necesito que alguien venga a arreglarme la vida cada vez que me rompo. —agregue.
Dominic me observó largo rato.
Y cuando finalmente habló… su voz estaba mucho más fría.
—No estaba intentando ser un héroe. Nunca intenté arreglarte, Evie.
Eso debería haberme hecho parar.
No lo hizo.
Porque ya estaba lanzando palabras sin pensar.
—Entonces deja de actuar como si fueras indispensable. Porque no lo eres.
El silencio después de eso fue horrible.
Pesado.
Porque esta vez sí crucé una línea.
Editado: 03.10.2026