Volver al departamento fue horrible.
Porque todo seguía exactamente igual.
Y al mismo tiempo… todo se sentía distinto.
Vacío.
El ascensor se abrió en nuestro piso y automáticamente miré hacia la puerta de Dominic.
Cerrada.
Silenciosa.
Sin música atravesando paredes. Sin risas de Rhyder. Sin Noah afinando el bajo. Sin Jade diciendo alguna barbaridad mientras grababa todo.
Nada.
El pasillo entero parecía demasiado quieto.
Y Dios.
Nunca pensé que iba a extrañar el ruido de Dominic Hale.
Abrí mi departamento lentamente.
Poe entró primero como si estuviera reconociendo territorio después de una guerra.
Y honestamente… yo me sentía igual.
Entré dejando la valija junto al sofá mientras observaba alrededor.
Mi taza favorita seguía sobre la mesa. Había hojas desordenadas donde las había dejado. Una manta de Dominic seguía tirada en el sillón porque él siempre la robaba cuando venía.
La levanté por costumbre. Pensé en doblarla. En devolverla a su departamento en cuanto regresara.
Después recordé que no iba a volver esa noche. Ni la siguiente. Ni durante mucho tiempo. La dejé exactamente donde estaba.
Eso me destruyó un poquito. Porque había partes de él en todas partes.
Demasiadas.
Me moví automáticamente acomodando cosas solo para no pensar.
Guardé ropa. Ordené papeles. Le hablé a Poe aunque probablemente el gato entendiera menos que yo sobre mi propia crisis emocional.
—No puedes volver a escaparte al otro balcón —murmuré mientras él caminaba por la sala—, tu padrastro ya no está ahí para soportarte.
La palabra salió antes de pensarla.
Y eso me hizo querer llorar otra vez.
Excelente.
Después de un rato… el silencio empezó a aplastarme.
Así que terminé haciendo lo que llevaba evitando desde que entré.
Caminé hacia el balcón.
Mi corazón empezó a latir raro apenas corrí la puerta de vidrio.
Di un paso. Después otro.
Durante un segundo ridículo… esperé verlo apoyado en el balcón de al lado con esa sonrisa insoportable.
Esperé escuchar: —Buenos días, estrella.
Pero solo había silencio. Porque el otro balcón seguía vacío.
Oscuro.
Y aun así… seguía sintiéndose demasiado Dominic.
Di un paso afuera lentamente.
Y entonces lo vi.
Me congelé.
Porque mis macetas rotas habían desaparecido.
En su lugar había nuevas.
Hermosas.
Perfectamente acomodadas alrededor del balcón.
Flores blancas. Lavandas. Pequeñas plantas verdes. Y en el centro… una maceta distinta al resto.
Flores negras y blancas. Específicamente rosas blancas y petunias black velvet, las mismas flores que envió como regalo a la editorial, las mismas que dicho dia olvide en su departamento mientras huía de mis propios sentimientos.
Sentí literalmente cómo algo se rompía dentro mío. Porque no hacía falta preguntar quién las había puesto ahí.
Una nota doblada descansaba justo al lado.
Con mi nombre escrito a mano.
Evie.
Mi respiración se volvió inestable inmediatamente.
Tomé el papel despacio.
Y reconocí su letra al instante.
Desprolija. Rápida. Muy Dominic.
"Como destruí técnicamente tus otras macetas en un intento fallido de romanticismo suicida, pensé que debía reemplazarlas."
Una lágrima cayó directamente sobre el papel.
Me cubrí la boca con una mano.
Porque por supuesto. Por supuesto incluso su nota sonaba así.
Seguí leyendo temblando apenas.
"Las negras y blancas son porque sigues fingiendo que no te gustaron las flores la primera vez."
Solté una risa rota entre lágrimas.
Idiota.
Maldito idiota entrañable.
Y después… la última línea.
"Cuida las plantas mientras no estoy, estrella.
Y trata de no declararles la guerra a demasiada gente mientras vuelvo. Prometo intentar no romper nada más cuando vuelva."
Tuve que sentarme ahí mismo.
Porque mi corazón simplemente no soportó más. Las lágrimas empezaron a caer silenciosas mientras sostenía la nota contra el pecho.
Y esta vez no eran solo culpa o tristeza.
Era algo peor.
Muchísimo peor.
Amor.
La realización llegó brutalmente clara.
Lo quería.
Quería a Dominic Hale con todo su ruido, su arrogancia, sus bromas idiotas y sus canciones peligrosamente honestas.
Lo quería cuando llenaba mi departamento de música. Cuando robaba mi café. Cuando hacía comentarios insoportables solo para verme reaccionar.
Lo quería incluso cuando me desesperaba.
Y había sido una completa idiota con él.
Porque Dominic no merecía ninguna de las cosas que le dije.
Nada.
Él solo había intentado quedarse. Y yo reaccioné rompiéndolo antes de que pudiera romperme a mí. Pero Dominic nunca había querido hacerme daño.
Nunca.
Eso era lo peor.
Apreté la nota más fuerte mientras lloraba silenciosamente en el balcón lleno de flores nuevas.
Nunca imaginé que fuera posible extrañar a alguien que llevaba tan poco tiempo en mi vida. Y aun así… dolía como si hubiera estado en ella desde siempre. Y por primera vez desde que se fue… me permití decirlo en voz alta.
Muy bajito.
Como una confesión que me aterraba demasiado.
—Te extraño muchísimo, Dominic.
El balcón estaba en silencio.
Solo lluvia suave. Flores moviéndose apenas con el viento. Y yo llorando con una nota apretada contra el pecho como una completa tragedia humana.
Poe salió finalmente al balcón y se restregó contra mi pierna.
Editado: 03.10.2026